Para la libertad
Esto pretende ser sólo un breve apunte sobre un tema tan complejo y polimórfico como es el de la libertad. […]
Esto pretende ser sólo un breve apunte sobre un tema tan complejo y polimórfico como es el de la libertad. […]
Claro, por supuesto no pretendo que me haga caso; está usted rodeado seguramente de excelentes catedráticos de Derecho Constitucional, que le adularán en su impotencia, y le dirán que es un excelente servicio a España. Seguro. Pero yo aprendí también de algunos de ellos, y sobre todo de un egoísta pensador que sólo quería la libertad política colectiva y que, posiblemente, le diría que lo que usted hizo esos días no fue servir a la nación española, sino a los partidos políticos que tienen lobotomizada a la sociedad y secuestrada la representación política, la separación de poderes y la Corona misma.
El escándalo de los tertulianos y la falsa oposición del régimen a los acuerdos entre Bildu, separatistas catalanes y la
Para terminar, en mi humilde opinión, gran parte de estos males se suprimirían con un Estado, al modo de Francia por ejemplo, que respetando la diversa idiosincrasia de las diversas zonas de España, sea el que retribuya económicamente por igual a igual trabajo público, la gestión de todo tipo de asuntos públicos como la sanidad o la enseñanza serían más económicas y coherentes si bien para ello habría de establecerse dos condiciones: una efectiva separación de poderes, de modo que se elige a diputados por distritos uninominales, que respondan únicamente ante sus electores, y sin ningún tipo de obediencia debida a su jefe de partido – como ocurre ahora–; una elección específica y distinta para jefe de Gobierno, organos independientes que supervisen el correcto funcionamiento del aparato estatal y una Justicia independiente sin relación alguna con partidos políticos. Sinceramente, pienso que España iría mucho mejor en todos los sentidos y los españoles serían ciudadanos y no súbditos.
DOS CONCEPTOS CON MALA PRENSA: representación y democracia. El principio de representación, el hacer presente al ausente, al que no
Con la lectura del título se podrá intuir o sospechar, y no sin acierto, que cuando nos preguntamos por qué en Francia «tampoco» hay democracia damos por sentado que en España no la hay. Antonio García-Trevijano lo argumentó y denunció hasta su último aliento. El presente trabajo, sin embargo, pretende aportar, en forma de una serie de tres artículos, los argumentos suficientes para sostener que el país galo también carece de un sistema democrático, a pesar de las evidentes diferencias existentes respecto al régimen político español. Para ello, y con el objeto de evitar confusiones, vamos a dejar claro desde el principio qué entendemos por democracia.
La lucha por el derecho no solo se produce en el interior de las naciones, sino también entre sistemas jurídicos.
Es muy conocida en Derecho Penal la teoría del “árbol envenenado”, metáfora jurídica acuñada por el Tribunal Supremo de Estados
En mi humilde opinión, no existe relación entre suspender derechos inalienables con establecer preventiva y sanitariamente unas pautas concretas y claras, que deberían estar vigentes desde hace muchos meses.
La democracia formal exige, por sí misma, que la potestad judicial sea realmente ejecutiva por parte del Gobierno o de su policía judicial, es decir, que la democracia formal de la que hablara Antonio García-Trevijano necesita la potestad independiente de los jueces y no sólo su autoridad jurisprudencial (auctorĭtas), ya que de lo contrario no habría control del poder.
Al igual que sucede en España, en Perú la mayoría de la sociedad cree vivir en un sistema democrático cuando