Revista de prensa de noviembre
Revista de prensa de noviembre
Con la lectura del título se podrá intuir o sospechar, y no sin acierto, que cuando nos preguntamos por qué en Francia «tampoco» hay democracia damos por sentado que en España no la hay. Antonio García-Trevijano lo argumentó y denunció hasta su último aliento. El presente trabajo, sin embargo, pretende aportar, en forma de una serie de tres artículos, los argumentos suficientes para sostener que el país galo también carece de un sistema democrático, a pesar de las evidentes diferencias existentes respecto al régimen político español. Para ello, y con el objeto de evitar confusiones, vamos a dejar claro desde el principio qué entendemos por democracia.
La lucha por el derecho no solo se produce en el interior de las naciones, sino también entre sistemas jurídicos.
Es muy conocida en Derecho Penal la teoría del “árbol envenenado”, metáfora jurídica acuñada por el Tribunal Supremo de Estados
En mi humilde opinión, no existe relación entre suspender derechos inalienables con establecer preventiva y sanitariamente unas pautas concretas y claras, que deberían estar vigentes desde hace muchos meses.
La democracia formal exige, por sí misma, que la potestad judicial sea realmente ejecutiva por parte del Gobierno o de su policía judicial, es decir, que la democracia formal de la que hablara Antonio García-Trevijano necesita la potestad independiente de los jueces y no sólo su autoridad jurisprudencial (auctorĭtas), ya que de lo contrario no habría control del poder.
Al igual que sucede en España, en Perú la mayoría de la sociedad cree vivir en un sistema democrático cuando
Se puede denunciar a un malhechor con una gracia popular y que aparezca cualquier ladronzuelo picacasas de los alrededores en una
Existe la tendencia de apellidar la palabra democracia, adjetivándola, como si ésta, que hoy goza de un prestigio que no
La Monarquía ligó su destino al de la partidocracia en la transición. La traición de Juan Carlos I a su padre y su patronato político a la falsa constitución de 1978 sepultó para siempre la compatibilidad de la Corona con la democracia formal. El régimen de partidos nacido tras la muerte de Franco se coaligó con la dinastía para funcionar simbióticamente. De hecho, el tan injustamente alabado consenso de los que estaban en el poder y no querían abandonarlo con los que ansiándolo entraron plácidamente en sus salones para repartírselo sería imposible sin la Monarquía.
Si nos situamos frente a un espejo y repetimos mecánicamente el propio nombre, observando nuestro rostro, el movimiento de nuestros
¿Qué monarquía vas a salvar? Una monarquía sin honor no dura. La virtud se presume que es la fuerza republicana,