Los juristas irenistas o el nuevo falso irenismo

Sin ellos hubiese sido imposible la arquitectura de la llamada Transición a lo que hoy se ha convertido España. Un muladar de corrupción moral que ha visto pudrirse varias generaciones culturales. Imposibles ya de ser salvadas de su propia estupidez.

Fueron ellos los sacerdotes de una nueva liturgia, una nueva alianza entre burocracia y política, entre mérito demeritado y políticos de profesión, que dio a luz al Estado degenerado en que España se ha convertido. En las sombras, en las costuras del régimen, en las bambalinas y tramoya de lo establecido, eran los titiriteros que siempre han movido los hilos. El Derecho al servicio de lo establecido. Del falso dogma. De la primera mentira.

Los nuevos sacerdotes del consenso, los juristas orgánicos, porque de ellos hablamos, se presentaron desde el pacto de reparto como los únicos que conocían los rituales del falso irenismo que predicaban, sus únicos intérpretes. Los sumos sacerdotes del consenso.

Apóstatas de la democracia formal, hablaban en nombre de ella para robársela a las generaciones presentes y futuras. La invocaban para negarla. Una suerte de luciferismo que cegó las fuentes del verdadero saber constitucional. Solo ellos dieron estructura ideológica a la primera mentira orgánica, que ha necesitado mentira tras mentira para arraigar en la mentalidad del español como dique de contención que impide la verdadera libertad de pensamiento.

Cinismo jurídico desde los altos cuerpos del Estado. Corrupción intelectual consecuencia de su corrupción moral. Para obtener, a cambio de renunciar a la verdad, puestos, carreras, medallas y honores. En el altar de la libertad política, ellos, los sacerdotes del nuevo ritual, la ofrecieron en sacrificio para impetrarse a cambio la paz de la autocensura, la tolerancia y el buenismo.

La corrupción de los mejores devino la peor de todas. Toda la nación quedó ciega y sin posibilidad de conocer la verdad cuando quienes debían defenderla renunciaron a ella. Pastores ciegos mandando al rebaño al abismo. Y ahí estamos.

Sus mantras los repiten desde sus púlpitos cada día. Vivimos la mejor sociedad posible, la más avanzada, la más justa. Saben que mienten pero siguen mintiendo. Una sociedad que se ha educado en la mentira intergeneracional no es digna de sí misma. No puede llegar al conocimiento de la verdad. Vive postrada y sierva.

Todo es mentira. España se desintegra en sus cimientos. Y sin dignidad, España hoy está envilecida, en su fase terminal. Nos vendieron al precio de la libertad y hoy no tenemos ni verdad ni libertad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra
Traducir
Scroll al inicio