¿Andalucía decide…?

¿O lo hacen los partidos?

Ante la inminencia de las próximas votaciones en Andalucía, en las que se conformará en nuevo Parlamento de la Comunidad… todos los medios de propaganda del régimen hacen suyo el recurrente eslogan que da título a este artículo: «Andalucía decide». ¡Mentira…! A los andaluces se les hace creer que deciden. La cosa es muy distinta. A los andaluces, al igual que al resto de los españoles, se les hace creer que votando eligen, que deciden…

Ya habrá observado el atento lector que, al inicio, he resaltado la palabra votaciones. La intención es hacer notar que donde la propaganda dice elecciones, nos están colando una mentira. ¿Por qué? Lo explico: se vota, sí; luego son votaciones. Pero la trampa está —y por eso no deberían llamarlas elecciones— en que se hace con un método (sistema proporcional de listas de partidos) donde TODOS los candidatos están previamente elegidos: han sido elegidos por las élites de los partidos… por quienes hacen las listas. Luego, por pura lógica, es imposible elegir a alguien que ya está elegido.

Entonces, si la premisa es que todos los candidatos ya están elegidos —salvo el baile de los puestos de cola, que se determinan con el conteo y los ajustes de la proporción final—, ya se sabe de antemano quiénes ocuparán los escaños.

Aclarado este concepto, al lector interesado en la verdad le surge la pregunta: «entonces, si votando no se elige, porque ya están todos los candidatos elegidos, ¿para qué sirve nuestro voto?».

La primera consideración es que cuando se deposita la papeleta en la urna, lo que se está haciendo es ratificar: dar conformidad y legitimidad a lo que otros han elegido por parte del votante. Es decir, los votantes son considerados —por quienes hacen las diferentes listas— individuos inmaduros; y que, por ende, deben ser tutelados (por los partidos).

La segunda consideración es que el plantel que arrojan las votaciones —bajo este sistema proporcional de listas, y recurriendo al principio de representación política que reza: «los diputados representan a quienes los eligen»— los supuestos representantes no representan a los ciudadanos sino a los partidos…

Porque para que el diputado represente realmente a los ciudadanos, éste ha de ser elegido por los ciudadanos: ¡que los ciudadanos le voten a él, no a una lista!

Comprendido esto, más de uno se preguntará: «¿Y cómo se hace para que el diputado sí nos represente?». Muy sencillo: como sucede en Francia o Reino Unido, la elección ha de hacerse mediante el sistema mayoritario: se elige a una persona por cada distrito electoral (de unos 100000 habitantes); una persona que es elegida de forma uninominal —de entre los candidatos que se postulan a tal fin; con su propio programa electoral (su pertenencia o no a un partido carece de importancia porque no existe la disciplina de voto)—. En el caso de que ningún candidato alcanzase la mayoría absoluta en la primera votación, se realizaría una segunda vuelta electoral (balotaje). De esta manera, el diputado de distrito sí representa al distrito en su conjunto, y, por ende, a los intereses de los ciudadanos que lo han elegido. En el caso que toca ahora, en el Parlamento de Andalucía, si las elecciones fuesen democráticas y existiera la representación política, se conjugarían los intereses de todo el conjunto del electorado andaluz.

Dicho esto, es pertinente preguntarse:

¿Por qué la inmensa mayoría de gobernados acude a las urnas cuando se convocan votaciones?

¿Acudiría tanta gente a votar, si supiesen que —al introducir la papeleta en la urna— no eligen sino ratifican lo que otros eligieron por ellos?

Las respuestas a estas preguntas son obvias:

En primer lugar, la inmensa mayoría de quienes van a depositar el voto, lo hacen porque creen que de ese modo (optando por la lista de uno u otro partido) están eligiendo a sus representantes.

La segunda pregunta se responde sola: nadie desea ser tutelado. Lo que explica que cuando se comprende que el método de votaciones en España es un engaño, mucha gente rechaza participar…

Las de Andalucía (17M) son las terceras votaciones que se realizan en el espacio de pocos meses en una Comunidad Autónoma en España. Anteriormente, hemos visto las celebradas en Extremadura (21D), y en Aragón (8F). Siempre la misma canción… Súbditos, a los que han hecho creer que son ciudadanos, yendo a las urnas… creyendo que votando, eligen… Cuando la realidad es que no eligen: sólo ratifican lo que otros (los listos que hacen las listas) eligen por ellos.

Lo que la mayoría ignora todavía es que, mientras no consigamos salir de este bucle, mientras la mayoría siga yendo a las urnas (de manera cuasireligiosa), la evolución de la situación de España no va ser sino a peor. Porque, debido al desarrollo del sistema… cada vez llegan peores políticos a los puestos de decisión. Y la corrupción, de sistemática, se tornó sistémica. Es decir, es el propio sistema lo que está putrefacto; hasta tal punto lo está, que nada funcionaría de no ser por la corrupción. Y la gente ya no vota un programa electoral (nadie los lee ni escucha). La mayoría vota contra los hunos… —creyendo que nos roban menos que los hotros (como los denominaba don Miguel de Unamuno)—. La gente no ha comprendido aún que no existen los nuestros. La gente se identifica con una determinada ideología, y apoya, o vota, a un partido político (y lo considera de los nuestros), con la misma ceguera (sentimiento), con la misma mentalidad que se identifica con su equipo de futbol. Por eso es tan sencillo manipularlos. Porque, a base de demagogia, a las masas (en esta falsa democracia) las han convertido en rebaños.

Ojo, pues, con los rebaños… Porque, una vez convertida en rebaño la masa, esta mugre de casta política que tenemos en España, sabe suministrar las dosis precisas de odio para tornar al rebaño en jauría. Y hemos sido testigos de ello. Y no en pocas ocasiones.

Es por esto que los españoles necesitamos llevar a cabo la ruptura… con el régimen del 78. Es urgente romper con esta mal llamada democracia, que no es sino una partidocracia, coronada por una monarquía apestosa: corrupta hasta los tuétanos… y puesta por Franco: «atado, bien atado» [sic].

Y para llevar a cabo esa —tan necesaria— ruptura democrática, el primer paso es darles la espalda: ¡Abstención! Cuando la mayoría de gobernados sea consciente de que participar en esta farsa es convertirse en cómplices de los desmanes y corruptelas de los gobernantes, esa mayoría dejará de votarlos: se consumará la abstención electoral activa. En ese momento, la partidocracia tendrá los días contados, y habremos iniciado el camino por el que llegaremos a la verdadera democracia. Y la república constitucional estará en el horizonte.

Recordad, andaluces: La primera derrota sufrida por aquel arrogante ejército de Napoleón, sucedió en la célebre Batalla de Bailén. Aquellos hombres valerosos que mandaba el general Castaños les hizo morder el polvo.

Sería un gran orgullo que fuese también en Andalucía donde este régimen del 78 sufriera su primera gran derrota: ¡¡ABSTENCIÓN MASIVA el 17M!!

Salud, y República Constitucional.

1 comentario en “¿Andalucía decide…?”

  1. Bueno creo que 68 años algo e vivido y como no mi padre 1914 aún más con lo que me contaba .
    Ahora estamos en un tiempo donde los sillones y el sueldecito , más dieta y arrastra lo que se puedan duren más de 4 años y la monarquía desde que nacen a pagarle por venir a este paraíso y de acuerdo en cosas que ponéis en fin como decía Cecilia Mi querida España …..

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