Las disculpas de una monarquía sin honor

Cuando Felipe VI pide disculpas por abusos en la conquista de América, lo verdaderamente importante no es el hecho en sí, sino lo que ese gesto delata: la quiebra simbólica de la propia institución monárquica.

Un rey que pide perdón está, en términos políticos, acabado. La monarquía no se sostiene sobre el arrepentimiento, sino sobre el honor. El monarca no es un representante revocable ni un gestor de opiniones cambiantes: es, en su propia lógica, la encarnación histórica de una continuidad. En el momento en que pide perdón por esa historia, niega el fundamento mismo de su existencia. Lo mismo da que sea por ser pillado in fraganti cazando elefantes, bajo una lluvia de barro por el deficiente funcionamiento del Estado en una riada, o por acciones militares del pasado.

El honor no admite disculpas retrospectivas dictadas por la coyuntura ideológica del presente. Cuando el rey se somete a ese lenguaje moral, deja de ser rey para convertirse en un actor político más, y además uno especialmente débil, porque carece de legitimidad electiva. Es decir, pierde el honor sin ganar legitimidad.

Y sin honor, la monarquía no es nada.

Frente a ello, la república no necesita sostenerse en ficciones hereditarias ni en símbolos vacíos. Su fundamento no es el honor dinástico, sino la virtud cívica. No se trata de una cualidad moral abstracta, sino de algo muy concreto: la responsabilidad de los ciudadanos en el ejercicio del poder y el control de sus gobernantes.

Mientras la monarquía vive de una dignidad que no puede permitirse perder, la república vive de una virtud que debe ejercerse constantemente. Por eso, un rey que pide perdón evidencia la decadencia de su institución; pero en una república, el reconocimiento de errores, de existir, forma parte de su propia fortaleza.

El problema, en definitiva, no es histórico, sino político: una monarquía que no puede sostener el honor que la justifica, y del que, además, careció en origen tras su papel a la muerte del dictador. A esto se suma que fue catalizadora y arco de bóveda de un régimen que niega a los ciudadanos la posibilidad de fundar una república basada en la virtud, nacida de la libertad constituyente.

1 comentario en “Las disculpas de una monarquía sin honor”

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