Año II, n° 289, lunes 6 de septiembre de 2010
servidumbre voluntaria
Miguel Rodríguez
  
¿Izquierda?

Alberto Camus (foto: Mitmensch0812)

La así llamada izquierda en Europa subsiste hoy más bien patéticamente del recuerdo de tiempos mejores, y a menudo de un modo más inconsecuente que las iglesias establecidas con respecto a la doctrina original de sus fundadores. La izquierda establecida, supuesta izquierda, en realidad una derecha, encontrándose en mayoría, aspira no sin hacer el ridículo a sentirse marginada, minoritaria. Pero se trata de una pretensión absurda a partir del momento en que se instala en el Estado y se vende a los intereses del gran capital.

 

La verdadera izquierda puede acabar encontrando eco en grandes sectores de la población, pero encaramada a un posición sólida dentro del Estado, ya sea mediante los partidos o sindicatos de trabajadores, se asesina su espíritu revolucionario. No fueron pocos (Camus, por ejemplo) los que detectaron, cuando los movimientos izquierdistas todavía tenían un peso cultural relevante, que el simple hecho de reducir sus aspiraciones a una mera subida salarial, como ya ocurría entonces, era un suicidio, una traición. Entretanto no sólo se ha perdido la substancia –reconozcámoslo, algo sin forma, de ahí quizá su belleza prístina y su original apertura a un mundo repleto de posibilidades– que guiaba la revolución, sino que se ha tornado en un acomodamiento tan zafio y contraproducente que puede considerarse tan reaccionario como su supuesto opuesto.

 

De ser algo la izquierda ha de ser auténtico progreso; al principio novedad, minoría. Si con el desarrollo de la sociedad industrial clamaba al cielo la injusticia social, hoy los asuntos son otros. La izquierda establecida está ciega, no los ve. Pero es que ya ni siquiera ve el pasado correctamente. Su perdición roza lo irrisorio.

 

El MCRC sería un ejemplo de movimiento revolucionario en este sentido, si bien su naturaleza a-ideológica, más allá de las izquierdas y derechas clásicas, apunta precisamente a que nos encontramos en otro lugar, con distintos objetivos y puntos de partida. Su aspiración fundamental, la libertad política, no es la única posible lucha. Hay infinitas más en los ámbitos social, económico o legislativo. Pero mientras la izquierda establecida acapare sus motivaciones de puro verbo mientras crecen sus barrigas, parece más conveniente simplemente abandonar la dicotomía. Y tratar de mejorar las condiciones vitales de todos, se nombren como se nombren.

Comentarios (3)
Estimado y admirado amigo:

El error intelectual del socialismo tiene la culpa del desprestigio de la izquierda- Centrar, además equivocadamente la ideología en presupuestos económicos incompatibles con la reaidad traen ese desprestigio. Y no solo eso, ponen a la izquierda al nivel del corporaitivismo de estado, del peronismo, del falangismo o de la social-democracia-

Ay amigo, recuerdo cuando el liberalismo era la izquierda política. Ese "whigismo" contra los conservadores "tories", defendiendo la separación de poderes, las libertades personales y la representación democrática. Lord Acton, rebolucionario con peluca empolvada-

Un abrazo
Lo de revolucionario con"b" era una metedura de dedo imperdonable-
enero 24, 2009     
Querido Pedro:
Lo que dices me da mucho que pensar. Pues aunque no he leído a Lord Acton y su Historia de la Libertad percibo el aspecto revolucionario de lo que en el mundo anglosajón se ha denominado libertarianismo, y que Hayek prefirió conservar con el nombre tradicional de liberalismo. Pero también me parece obvio que el liberalismo no es el único paradigma de progreso. La tradición socialista y marxista tiene muchos elementos que aportar, y no sólo ella. Y los problemas cambian y se expanden a una velocidad vertiginosa. Son muchas cosas las que entrarían en consideración para averiguar qué es progreso en general. Pero creo que andamos por el buen camino.
Un abrazo.

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