Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
servidumbre voluntaria
Miguel Rodríguez
  
Crimen y error (II)

M. Blanchot y E. Levinas

La novela Crimen y Castigo (1866) de Dostoievsky es acaso la primera en la que aparece elaborado el problema de la confusión entre categorías mencionado en un artículo anterior (*), cuando el personaje principal Raskolnikov responde al asco que le produce la figura de su casera con su asesinato, que justifica mentalmente como de necesidad higiénica. Aquí está condensado todo el problema del nihilismo, que tanto preocupó a Nietzsche, y que ha marcado los designios de la historia europea subsiguiente.

 

Nietzsche mismo no salió de sus parámetros. Pues el problema aquí consiste en que el sentimiento visceral y subjetivo de un individuo aspira a imponerse como modelo universal de conducta. Aunque Nietzsche arrojó grandes luces sobre la génesis de ciertos sentimientos morales, lo cierto es que nunca salió de sí mismo, como el Raskolnikov del asesinato, para comprender que no sólo pueden contar éstos en una evaluación que aspire a cierta universalidad. Desde la adolescencia me he preguntado si esta conexión entre Nietzsche y Raskolnikov explica el modo en que, según se cuenta, Nietzsche se volvió loco, pues reproduce con exactitud el sueño que este último tiene en un parque poco después del asesinato.

 

Lo que no deja de ser cierto es que el nihilismo tiene ambos pies metidos en la subjetividad, cuya exclusiva cerrazón conduce al desastre. Aquí entra el sujeto amoral del que habló Gide, como si la altitud intelectual o estética nos eximiese de responsabilidad moral ante el otro. No es extraño, pues, que fuesen pensadores como Emmanuel Levinas o Maurice Blanchot, en la tradición judía –que pone al Otro como lo primordial–, quienes combatiesen el subjetivismo latente en Heidegger, un nietzscheano: lo ético es prioritario sobre la ontología.

 

Por volver a Raskolnikov y la mezcla entre categorías. Su pretendida superioridad le llama a matar a la casera. Pero un crimen tan patente es confundido, gracias a una subjetividad acrecentada que ahora lo domina todo, con una necesidad moral de inspiración universalista. Traspasada al plano social, no es otra la justificación del genocidio perpetrado por los nazis. Y, en la situación política europea contemporánea, empujada además por los viles intereses de la guerra fría, el crimen se sigue tomando como error y viceversa.

Comentarios (5)
Supongo que donde dices "el sueño que este ultimo tiene" se refiere a Dostoievsky y no a Nietzsche, como se deduciría de la intepretacion gramatical (este último). Este tipo de artículos son fascinantes.
enero 14, 2009     
Querido Miguel,
Has visto la pelicula Match Point de Woody Allen? Creo recordar que en esta pelicula se establece un dilema moral parecido al de Raskolnikov pero no recuerdo bien.
enero 14, 2009     
Querido Antonio:
Reparé en el error cuando leí el artículo ya publicado. Efectivamente se refiere a Raskolnikov (no a Dostoievsky).

Querido David:
Creo que sí he visto la película, pero no la recuerdo bien, pues me parece que la ví en un avión o algo parecido. ¿Es ésa en la que un mago le dice a Woody Allen que investigue cierto crimen, haciéndose pasar junto una chica por gente de clase alta para entrar en la casa en que se produjo... o algo así? También "La Soga" de Hitchcock va un poco por ahí, pero no me parece que esté a la altura del dilema moral implicado.
enero 14, 2009     
Creo que esa que dices es Scoop. Recuerdo que cuando vi Match point tuve una conversacion con un amigo que desemboco en el posmodernismo y en el relativismo moral, pero no me acuerdo ya de la trama. Quizas te pueda servir como referente contemporaneo para esta investigacion, la pelicula retrataba muy bien la alta sociedad de la city londinense.
enero 15, 2009     
El momento más brillante de Match Point es cuando al protagonista Johnatan Rhys Meyers se le aparecen en la cocina los fantasmas de las dos asesinadas (su amante y la vecina), y mantiene con ellas una discusión en la que sale a colación nada menos que la necesidad de sacrificar inocentes en el ara de las grandes gestas históricas. Me recordó al Angelus Novus de Klee y la reflexión que sobre el mismo hacía Walter Benjamin. Y me recordó también a un pasaje de Hegel en el cual este recurre a la alegoría del "altar sacrificial" como representación del progreso histórico, o en términos hegelianos, de la marcha triunfante del Espíritu Universal.

Miguel, te agradezco mucho que nos hayas ilustrado con este artículo. A veces la literatura nos enseña mucho más que toda una ingente labor de investigación histórica.

Un abrazo

Escribir comentario
reducir | aumentar

busy