Diario República Constitucional

Diario español de la República Constitucional; sustituye la opinión valorativa por criterio objetivo. Somos la voz de la sociedad civil que grita contra la partidocracia. un diario de analisis de la actualidad politica, el diario del Movimiento de Ciudadanos hacia la Republica Constitucional (MCRC). Nuestro lema es Lealtad, verdad, libertad.
  • Portada
  • Hemeroteca A.G.T.
  • Informativos
  • Política
  • Economía
  • Cultura
  • Radio

A la Izquierda Social: sin Libertad Política colectiva las huelgas son un engaño a los trabajadores

Consenso en el Reino de Jaén

Cum Laude para D. Antonio García Trevijano

  • N O S C R E A M
  • A C U E R D O
  • Valencia 230908. Debate política general

    • Inconformista por tiramillas

      Ante el conformismo

      Nacemos encadenados al pensamiento predominante del momento. Vemos las sombras que proyecta sobre nosotros. Las tomamos por reales hasta que un día comenzamos a hacernos preguntas sobre ellas. Y no es hasta entonces cuando descubrimos, asombrados, las cadenas que forman la prisión en la que ignorábamos vivir. Sombras, prisiones y cadenas son en realidad la misma cosa: la propaganda, una máquina capaz de provocar el suicidio intelectual de un pueblo. El italiano se convirtió en fascista; el alemán, en nazi; y el español, en franquista. Y aún hoy, italianos, alemanes y españoles (y tantas otras naciones del orbe) creen vivir en una democracia. Tan poderosa es la propaganda que así lo hace creer.

      Y aún así, la abducción del pueblo mediante su conversión al ideario de la oligarquía que se reparte el Estado y de todos sus órganos adictos no es el más devastador de los efectos del pensamiento único.  De él participan, y también fomentan desde el Gobierno y la oposición, los partidos y sindicatos estatales, así como los grandes grupos de comunicación. La absoluta hegemonía del discurso de la oligarquía que detenta los tres poderes del Estado ha supuesto la defunción de la discrepancia, de la disensión, de la idea del otro.

      El espíritu crítico es hoy una rara avis social. Éste es el mayor de los peligros que acecha a la conquista de la libertad política. El pensamiento único ha hurtado a los hombres los recursos para cuestionarse el estado de las cosas. La dirección de los centros de saber y conocimiento (léase universidades) incentivan el seguidismo a la propaganda. Donde no hay capacidad crítica, el conformismo adocena las inteligencias.

      El hombre que piensa supone una amenaza parala Monarquíade Partidos. Su propaganda implacable persigue toda idea que se aparte del consenso con la misma saña con la que el lobo ahíto de comida derrama la sangre del ganado aún cuando su hambre ya ha sido saciada.

      Esta coyuntura impone a la dignidad del hombre la inexcusable obligación de rebelarse. ¿Contra quién? Contra la ola de conformismo que baña a España en la apatía. Contra este Estado de partidos que dice representar a los mismos electores a los que ha robado su capacidad de intervención en las decisiones políticas. Ni usted, amable lector, ni yo podemos elegir un representante del que pudiéramos decir “mi diputado” ni un Gobierno al que llamar “mi Gobierno”.

      Si sólo el hombre despierto advierte las cadenas, suya es la tarea de poner en pie a los adormecidos.

      ...
      Continúa...
      Javier Torrox

      21 feb 2012 | Comentarios (10)
    • C O N G R E S O

      De la inmoralidad política a la corrupción económica

      Artículo aparecido originalmente en EL INDEPENDIENTE en febrero de 1990

      En el debate parlamentario sobre la moralidad política del vicepresidente del Gobierno, la autodefensa de un caso de mendacidad personal se convirtió en apología doctrinal de la inmoralidad política, de la falta de ética en la acción de gobierno. Esta ingenuidad vicepresidencial, su espontánea extrañeza de que el cinismo y la mentira puedan ser motivos de dimisión, ha provocado una reacción de sinceridad, fuera y dentro del Parlamento, que ha puesto fin al inmoral consenso. La transición ha terminado porque el consenso sobre la necesidad política de la falsedad y la mentira, como sistema de gobierno, ha terminado.

      La sensibilidad moral de la sociedad española, demasiado tiempo anestesiada por varias circunstancias nacionales e internacionales, está cambiando en la medida que dichas circunstancias comienzan a desaparecer o a modificarse. El escándalo público ante las mentiras del poder es síntoma indefectible de libertad y sanidad moral. Comentando la escasa capacidad de indignación de la opinión ciudadana publiqué un artículo (“El País” 24-4-89) demostrativo de que “la desorganización ética” era consecuencia y fundamento de una transición basada en el consenso. La intervención parlamentaria del vicepresidente ha confirmado este diagnóstico con una lección magistral de anarquía moral y cinismo político. Afortunadamente, esta deconstrucción moral sólo fue compartida por el suarismo y los vasco-catalanes heterodeterminados, es decir, por los autores del pacto constituyente de la transición, por la medula originaria del consenso.

      La mayoría de los ciudadanos, educados en una sociedad convencional, tienden a considerar los casos de corrupción como fenómenos personales y aislados que afectan de repente a personajes habitualmente intachables, pero débiles de carácter ante tentaciones irresistibles o pasiones desbordantes. La realidad es diferente. Cuando un reducido número de dirigentes se acostumbra a pensar y actuar colectivamente, en convivencia casi permanente, la corrupción moral de uno de ellos sólo puede ser personal si choca con la idea de moralidad colectiva de los restantes.

      Normalmente sucede lo contrario. En un partido que tira por la borda las ideas sociales que inspiraron su constitución, la ambición colectiva de poder, la táctica colectiva para adquirirlo o conservarlo, convertidas en desnuda obsesión, van poco a poco minando los escrúpulos morales de sus dirigentes para hacer fechorías que fuera del ámbito de poder del grupo no se atreverían siquiera a imaginar. La ética partidista comienza a separarse de la moral natural. Hasta que la prevalencia, sobre cualquier otra valoración, del interés de jefe y del grupito de incondicionales llega a ser tan absoluta que fuerza la dimisión de los elementos que conservan restos de su primitiva moralidad natural.

      El grupo dirigente no tiene conciencia de estar moralmente corrompido, sino especialmente inspirado para la percepción de la realidad del poder y del modo realista de ganarlo y conservarlo. Para estos hiperrealistas dirigentes, los críticos son moralistas utópicos que no saben de política. Cuanto mayor es la importancia que dan a las cuestiones disciplinarias, a la ausencia de tendencias organizadas en el seno del partido, a la fidelidad al jefe, mayor es también la distancia que se abre entre la moral interna del partido y la moral externa de la sociedad.

      El escándalo público es la chispa final que salta, para descargar la tensión social existente entre dos moralidades objetivas de signo contrario, cuando entran en contacto la opinión absolutoria del partido y la opinión condenatoria de la sociedad sobre la conducta política de un dirigente partidista.

      Antes de llegar a esta descarga emocional, el antagonismo moral y el conflicto social han estado largo tiempo larvados y encubiertos por ideologías engañosas y por propagandas de imagen pública. Así se explica el fenómeno social, tan característico de nuestro tiempo, de que las mismas personas que antes veían cualidades intelectuales y de carácter en determinado gobernante, se pregunten extrañadas, una vez perdida la aureola del cargo o conocida la corrupción, cómo es posible que haya podido ser presidente o vicepresidente del Gobierno, de una nación cargada de historia, alguien tan vulgar, tan inculto, tan insensible. La explicación es simple. Esas personas no han sido seleccionadas con criterios democráticos. Tienen la fortaleza de que las reviste el cargo. Representan el papel artificial de una imagen.

      Los personajes políticos de la transición, salvo algunos líderes regionales, traen la razón de sus cargos en designaciones autoritarias o en audaces saltos a la cúpula del partido. La transición misma tiene su causa original en el compromiso contraído por los servidores del régimen dictatorial con unos jóvenes que habían arrebatado a los dirigentes tradicionales del PSOE los puestos de control del partido. Ese compromiso fundacional del régimen político actual estuvo promovido y patrocinado por el Departamento de Estado americano y por la socialdemocracia alemana. Su finalidad fue homologar el sistema político de España con los de Europa occidental, por medio de una reforma liberal de la dictadura que impidiera la participación política del pueblo en el proceso.

      A este compromiso bilateral, entre la legalidad franquista y la legitimidad democrática de la oposición, se le llamó consenso por dos motivos disimuladores. Ocultar la naturaleza moralmente corrompida del pacto transaccional del PSOE con la dictadura, y crear la imagen de que los demás dirigentes, salidos del franquismo o de la oposición, no eran, como fueron, puros comparsas en el pacto de poder Suárez-González.

      Para llegar a esa oportunidad de privilegio, para estar allí como solos legitimadores de la legalidad reformista del franquismo, para partir con ventaja respecto a los demás grupos democráticos, los jóvenes dirigentes del PSOE tuvieron que cometer demasiadas fechorías, dentro y fuera de su partido. No fue la menor traicionar el compromiso firmado de no aceptar su legalización sin la de los demás partidos, incluido el comunista. Tampoco fue pequeña la de presionar en Bruselas para que no llevara a cabo la suspensión de las negociaciones con España mientras permaneciera en prisión el promotor de la unidad de la oposición, de la que formaba parte el propio PSOE.

      Los jóvenes dirigentes del PSOE aprovecharon bien la oportunidad que tuvieron de legitimar al presidente del Gobierno de la monarquía dictatorial. Antes que nada impusieron a Suárez el sistema proporcional de listas cerradas. Sabían que este simple mecanismo les daría el control férreo de su partido. Con este truco legal podrían transformar a un partido de tradición ideológica en una máquina electoral y prebendaría al servicio del poder personal y del culto a la personalidad de un jefe. Es a partir de ese momento cuando la inmoralidad política del PSOE va a alcanzar una trascendencia histórica.

      Colocados en esa posición de ventaja, financiados por la socialdemocracia alemana, piden elecciones antes de que se instauren las libertades, antes incluso de que estuvieran legalizados los partidos de izquierda y los partidos republicanos. Hacen creer a la opinión pública que los diputados de las primeras elecciones legislativas están legitimados para aprobar una Constitución, sin abrir un proceso constituyente, sin convocar elecciones a Cortes constituyentes. Mediante esta usurpación, el poder constituyente del PSOE y del Gobierno Suárez hace de la Constitución del Estado un simple reglamento, a la medida del juego de la clase política, sin separar los poderes del Estado, sin garantizar a los individuos contra las injerencias del poder en las esferas de la sociedad civil y de los derechos humanos.

      Por eso ha sido posible la aberración jurídica de Rumasa, el escándalo de los GAL, y que ahora, el Parlamento no pueda impedir ni controlar la corrupción del poder ejecutivo por tráfico de influencias.

      La corrupción económica, cuando afecta a un dirigente de partido, es una derivación tardía en la conciencia individual de un largo proceso de degeneración moral en la conciencia política de grupo. El afán personal por el dinero ilícito es sólo síntoma, y no causa, de una previa corrupción política de carácter colectivo.

      Es psicológicamente congruente que, sin estar personalmente interesado en incrementar su fortuna, el vicepresidente no sienta repugnancia, por corrupción colectiva, de que otro miembro de su entorno, su familia, o su propio partido se valgan de su influencia para obtener un lucro ilícito.

      ...
      Continúa...
      Redaccion

      21 feb 2012 | Comentarios (1)
    • U N I V E R S I D A D R E P U B L I C A

      La Universidad república

      ¿Qué universidad queremos los repúblicos españoles? La universidad de la verdad e investigación científica, de la excelencia, del idealismo moral e inteligencia real de la sociedad. Una universidad que culmine la organización ética de la sociedad y que no sirva exclusivamente para difundir la ética del estado de partidos.

      El modelo de universidad republicana que propone la filósofa valenciana Adela Cortina en su breve ensayo de 2003, La universidad desde una perspectiva ética, insiste en una revitalización ética de la institución que debe pasar por un ethos responsable y profesional de los profesores encargados de la instrucción de los profesionales. La ética cívica y docente del profesor es fundamental, obviamente, pero la universidad república no se conforma con dicha ética no burocrática. La universidad república va más allá y la supera. La pregunta que Adela Cortina debe hacerse es la siguiente: ¿de dónde debe venir dicha revitalización ética de la universidad republicana? ¿Del estado de partidos?

      La nueva articulación ética de la universidad debe proceder de la misma sociedad civil que conquiste la libertad política y la democracia representativa. Esa es la respuesta de la universidad república. Y, para ello, los estudiantes y los profesores son los elementos fundamentales, es verdad, pero serán, siempre, elementos de la sociedad y no del estado. La universidad república debe caracterizarse por su instrucción y excelencia en el saber y en el humanismo. El pensamiento crítico debe presidir su función esencial. La interdisciplinariedad se impone por reclamarla la misma excelencia de las profesiones humanas. Recordemos que los mejores profesionales, empezando por los médicos y juristas, siempre han sido también grandes humanistas. El humanismo es fuente del pensamiento crítico y acción creativa y revolucionaria.

      La universidad república debe facilitar que los españoles, que por sus méritos, esfuerzo e interés quieran acceder a ella, puedan hacerlo, y no se vean impedidos a ser universitarios por razones que no sean las de su exclusiva preparación académica en la enseñanza o no. No puede existir una red exclusiva de universidades privadas –religiosas o no- que haga imposible el acceso al saber universal y profesional a un español educado pero de familia humilde o sin recursos y que se ha interesado positivamente en la enseñanza media. Ello no quiere decir que las universidades públicas españolas deban ser de un nivel bajo, al contrario. La instrucción en la universidad república será de la máxima calidad y con los más adelantados recursos y medios. Los representantes monádicos y el presidente de la república constitucional conseguirán, en una de sus primeras acciones, una ley de universidades y una política de fomento de la instrucción universitaria que pondrá a España en las primeras posiciones de Europa. La búsqueda de la verdad en la investigación y la docencia volverán a presidir los principios de la vida universitaria. Principios que no serán obstáculo para una ética cívica república entre profesores, alumnos, y demás miembros de la universidad y la sociedad. La universidad república será – en su vida intelectual- de la sociedad civil y no del gobierno de turno. Su autonomía universitaria la unirá más y mejor a la sociedad civil.

      Hoy en día la denominada “autonomía universitaria” no es nada más que una apariencia pues está sometida a las directrices de la política del partido estatal o regional que la controla y limita mediante la financiación. La autonomía de la universidad república se basará en una autonomía real en sus cuentas financieras. La universidad república debe acabar con los departamentos tradicionales y de paso acabará también con gran parte de los problemas de la universidad burocratizada. Las envidias y la lucha de poder de los departamentos entre sí son el origen de muchos problemas en la universidad, y no sólo por el excesivo gasto no justificado para la instrucción e investigación que suponen. Los departamentos universitarios se han convertido en los partidos estatalizados: no pertenecen a la actividad de investigación ni a los estudiantes que quieren ser profesionales excelentes. Los departamentos tradicionales de las facultades deben ser sustituidos por los “equipos multidisciplinares de investigación” que maximicen la eficacia y eficiencia de la labor de la universidad moderna del siglo XXI. Es algo incomprensible que una persona con ideas nuevas y originales no pueda pertenecer a la universidad por no haber “podido tener el apadrinamiento de un jefe de departamento determinado” o no ser una persona que le guste hacer la pelota a nadie.La universidad república se dedicará a su función: instruir, investigar y crítica social y estatal. No podrá ser burocrática. Instruir e investigar tendrán, como las actividades esenciales universitarias que son, a todos los órganos administrativos del estado a su servicio, y no al revés, como ocurre ahora.

      También las universidades repúblicas competirán entre sí para que una de ellas sea la más excelente. No se nombrarán “comités para el excelencia universitaria” ni “campus de excelencia” para engañar a los futuros profesionales. Y estarán relacionadas, sin sometimiento, a las empresas competitivas del país. En la universidad república podrá darse un auténtico pluralismo de ideas, de ideologías, de formas de entender la vida, de partidos y sindicatos, etc. La razón de esa autenticidad es bien sencilla: esas ideas, partidos, etc., serán ideas de las personas, y partidos de la sociedad civil y no del gobierno o del estado, como ocurre ahora. La universidad actual está politizada por los partidos y religiones estatalizadas. La universidad república, devuelta a la sociedad civil, estará abierta a todo el mundo de la cultura de su ciudad, región, sociedad y nación y del resto de universidades del mundo.

      Fotografía de eolapaz

      ...
      Continúa...
      Antonio Munoz Ballesta

      22 feb 2012 | Comentarios (3)
Licencia de Creative Commons
Diario español República Constitucional
Número de edición: 576

Fundador y editor: Antonio García-Trevijano Forte Director: Jose María Aguilar Ortiz Dirección técnica: Juan Ignacio Martínez Cañizares

Diseño y desarrollo web: Casa del Píxel