El derviche y el invasor
(Mark Twain, 1902)
El derviche: Diré una vez más, y otra más, y aún otra, que una buena acción…
El invasor: Espera, ¡oh, hombre de visión estrecha! No existe tal cosa…
El derviche: Oh blasfemo sinvergüenza…
El invasor: Y no existe el mal acto. Hay buenos impulsos, hay impulsos malos, y eso es todo. La mitad de los resultados de una buena intención son malos, la mitad de los resultados de una mala intención son buenos. Ningún hombre puede dirigir los resultados, ni asignarlos.
El derviche: Y entonces…
El invasor: Entonces debes alabar a los hombres por sus buenas intenciones, y no culparlos por los malos resultados; debes culpar a los hombres por sus malas intenciones, y no alabarlos por el buen resultado.
El derviche: ¡Oh, lunático! Qué dices…
El invasor: Atiende a la ley: De cada impulso, ya sea bueno o malo, manan dos corrientes, la una lleva salud, la otra lleva veneno. Desde el inicio de los tiempos esta ley no ha cambiado, hasta el final de los tiempos no cambiará.
El derviche: Si yo lo fulminara a usted en un arranque de ira…
El invasor: O me asesinara con una droga de la cual esperaba que me diera lozanía y fortaleza…
El derviche: Muy bien. Continúe.
El invasor: En ambos casos el resultado sería el mismo. Un eterno cargo de conciencia para usted -un mal resultado-; paz, reposo, el fin de las penas para mí -un buen resultado-. Tres corazones que me quieren se romperían; tres primos menesterosos del tercero de ellos obtendrían mis riquezas y se regocijarían; usted iría a la cárcel y sus amigos lo lamentarían, pero su humilde novicio se calzaría los zapatos y la oronda y lustrosa vida de usted y sería feliz. ¿Y estos son todos los bienes y todos los males que manarían de la bien intencionada o mal intencionada acción que segó mi vida? ¡Oh irreflexivo, oh obtusa criatura! Los buenos y los malos resultados que manan de cualquier acto, incluso los más pequeños, se reproducen una y otra vez, siglo tras siglo, eternamente y para siempre, arrastrándose centímetro a centímetro por todo el mundo, afectando a todos los pueblos que fueran y vinieran hasta el fin de los tiempos, ¡hasta el cataclismo final!
El derviche: Entonces, no existiendo cosa tal que una buena acción…
El invasor: ¿No le digo que hay buenas intenciones, y malas, y aquí se acaba? Los resultados no son previsibles. Son de dos tipos, en todos los casos. Es la ley. Escuche: esta es la historia del lejano Oeste:
Voces de UTAH
I.
El Jefe blanco (a su pueblo): Esta amplia llanura era un desierto. Mediante nuestra bendita industria hemos canalizado el río y utilizado sus aguas y convertido el desierto en vegas sonrientes cuyos frutos hacen prósperos y felices mil hogares donde la pobreza y el hambre antes habitaron. ¡Cuán noble, cuán benéfica, es la Civilización!
II.
El Jefe indio (a su pueblo): Esta amplia llanura, que los sacerdotes españoles enseñaron a nuestros padres a regar, era una sonriente vega, cuyos frutos hicieron a nuestros hogares prósperos y felices. El hombre blanco americano ha canalizado nuestro río, llevándose el agua hasta su valle y convirtiendo nuestra vega en un desierto; por eso morimos de hambre.
El derviche: Percibo que la buena intención verdaderamente trajo buenos y malos resultados en igual medida. Pero un solo caso no puede demostrar la regla. Inténtelo de nuevo.
El invasor: Discúlpeme, todos los casos la prueban. Colón descubrió un nuevo mundo y dio a los pobres y los campesinos sin tierra de Europa granjas y espacio para respirar y abundancia y felicidad…
El derviche: Un buen resultado…
El invasor: Y estos cazaron y acosaron a los propietarios originales de la tierra, y les robaron, los arruinaron y arrojaron de sus hogares, y los exterminaron de la raíz a las ramas.
El derviche: Un mal resultado, sí.
El invasor: La Revolución Francesa llevó desolación a los corazones y los hogares de cinco millones de familias y empapó el país en sangre y convirtió su riqueza en pobreza.
El derviche: Un mal resultado.
El invasor: Pero todos los grandes y preciosos dones de la libertad que disfrutan las naciones de la Europa Continental hoy, son el regalo de esa Revolución.
El derviche: Un buen resultado, lo reconozco.
El invasor: En nuestro bien intencionado esfuerzo para elevar a los filipinos hasta nuestra propia altura moral con el mosquete, hemos resbalado en el hielo, cayendo a la suya.
El derviche: Un muy mal resultado.
El invasor: Pero como compensación somos una potencia mundial.
El derviche: Deme tiempo. Debo pensar sobre eso. Continúe.
El invasor: Con la ayuda de tres cientos mil soldados y ocho cientos millones de dólares, Inglaterra ha tenido éxito en su buen propósito de elevar a los reticentes boers haciéndolos mejores y más puros y más felices de lo que nunca podrían haber llegado a ser por sus propios medios.
El derviche: Ciertamente ese es un buen resultado.
El invasor: Pero sólo quedan once boers, ahora.
El derviche: Tiene la apariencia de un mal resultado. Pero pensaré sobre ello antes de decidir.
El invasor: Tome todavía un ejemplo más. Con las mejores intenciones el misionero ha estado trabajando en China durante ochenta años.
El derviche: Y el mal resultado es…
El invasor: Que casi cien mil chinos han adoptado nuestra Civilización.
El derviche: Y el buen resultado es…
El invasor: Que por la compasión de Dios cuatrocientos millones han escapado a ella.
El derviche: Adieu, buen señor, estoy convencido, y acepto su ley.