Año II, n° 204, viernes 12 de marzo de 2010
irrepresentación
Rafael Serrano
  
Triunfo de la vulgaridad

Sumergido en una ola de parabienes, al rey del kitsch cinematográfico le molesta la insolencia que despliega Carlos Boyero en las páginas del periódico que más ha ensalzado el arte postizo de un Almodóvar, que ha llamado al director de “El País” para reclamar la cabeza del crítico. Aunque en general la ramplonería y la cursilería están asociadas a ese término que se gesta en Alemania, el artífice de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” ejemplifica lo que entendemos por “kitsch”: manifestación pseudoartística, artificiosa, melodramática, carente de toda autenticidad.

 

(fuente: MyCine)

Hermann Broch analizó con gran tino un fenómeno que no es minoritario, sino cuya aparición histórica va unida a un declive espiritual que se enseñorea de la vida: hábitos sociales, música (estridente), preferencias gastronómicas, prendas de moda (el mal vestir como emblema de originalidad), relaciones familiares y de trabajo.

 

En este ambiente donde el infantilismo (si en el pasado el niño era vestido como un adulto, hoy sucede justo lo contrario) la afectación, el mimetismo y el mal gusto dictan las normas estéticas y emocionales, se produce un desleimiento de todo poso cultural, una merma de conocimientos generales acerca de lo que es el mundo y lo que es uno mismo, por lo que resulta cada vez más difícil considerar con una mínima coherencia crítica la realidad circundante.

 

Los que manejan los hilos de la publicidad y de los medios de desinformación y deformación cultural son los agentes de la pandemia que convierte lo verdadero en falso, la belleza en fealdad y la búsqueda de la felicidad en aturdimiento consumista y automatismo vital. Marginando la calidad y el buen gusto, a esta industria de la impostura le interesa que la demanda sea amplia y homogénea: prevalece lo más extendido, es decir, lo más vulgar.

 

En el ámbito de la política, no sólo el grotesco Berlusconi personifica el “kitsch”. Con la verbena de tres al cuarto que montan los tramoyistas electorales, un torrente de histrionismo, garrulería, chabacanería e idiotismo inunda los espacios públicos. Es una indignidad comprar una entrada (o votar) para asistir al espectáculo de esta sociedad política de embaucadores.

Comentarios (15)
mayo 30, 2009     
Suscribo y coincido con todo el artículo excepto con la última frase del último párrafo.
Parece que deduce que son indignos todos los que no piensan igual que usted en materia de cine o de gustos. Yo todavía no he llegado al nivel de otorgar certificados de dignidad por razón de pensamiento, ideas o gustos.
El que no coincida con otras personas no significa que las desprecie. Esta actitud es muy común en este territorio y convendría que las gentes de bien que se acercan a estos escritos empiecen a discernir los mensajes en sus justos términos.
mayo 30, 2009     
Señor trinitario:

Su amonestación está fuera de lugar: me ha sometido a un juicio de intenciones basándose en una frase que ha malinterpretado. En ella me refiero exclusivamente al infame espectáculo(campañas electorales)que montan los jefes de los partidos y sus enlistados lacayos("sociedad política de embaucadores")y a la indignidad que supone participar en este tinglado oligárquico o sostenerlo con el voto.

Saludos.
mayo 30, 2009     
Como siempre, cuando alguien discrepa, aunque solo sea en el 2%, se ven en la necesidad de rectificar con argumentos como "fuera de contexto" "malinterpretar" . . No es la primera vez y no será la última.
Yo no he construido una analogía entre Almodovar, Berlusconi y el fenómeno kitsch, ni tampoco he declarado indigno a nadie que entre, compre o vote. Usted sí, y además, lo reitera sin pudor.
Me basta con saber que al ofrecer una opinión diferente contribuyo a clarificar las ideas de algunos, aunque les pese a otros.
mayo 30, 2009     
No te molestes, Rafael. Lo ha entendido perfectamente cualquiera que haya leído tu artículo más de una vez.
mayo 30, 2009     
Contumaz trinitario:

No me he visto en la necesidad de rectificar nada: sólo he querido, por pura cortesía, aclararle el sentido de la última frase. ¿Dónde he declarado indigno al que "entre, compre o vote"? Lo que sigo sosteniendo es que votar es una indignidad. ¿Aprecia usted la diferencia entre ser tonto irredimible y cometer una estupidez de vez en cuando?

Es imposible sostener un diálogo con aquel que adolece de impudicia y mala fe intelectuales.



mayo 30, 2009     
Por supuesto que aprecio la diferencia.
Yo cometo estupideces continuamente, no me precio de ello, pero forma parte de la imperfección humana. Otros son tontos irredimibles y no se reconocen ni aun diciendoselo directamente.

mayo 31, 2009     
No consigo comprender que es lo que le ha disgustado a Trinitario. Si está de acuerdo en que "la verbena de tres al cuarto que montan los tramoyistas electorales, un torrente de histrionismo, garrulería, chabacanería e idiotismo inunda los espacios públicos" estará de acuerdo también en que eso es ataque en toda regla a la dignidad humana. Y evidentemente, colaborar, aunque sea con la mera asistencia, a tan bochornosos e infame espectáculo tiene que ser una indignidad ¿No?



mayo 31, 2009     
Pues, no.
Lo cierto es que a mi no me ha disgustado nada. Solo defiendo, con más o menos vehemencia, mis criterios y mis opiniones, como cada cual. No busco enfrentamientos sino respuestas, y si son convincentes mejor, cosa que no suele ocurrir a menudo, aunque hay excepciones.
Simplificando, dignidad para mi es ser mercedor de respeto. Concozco a muchas personas (algunas siguen este foro) que no coinciden con sus planteamientos, y que no quieren perder el tiempo con ustedes participando (a pesar de que les insto a ello). Son personas con una bonhomía excepcional, respetadas y reconocidas en su profesión, con unas cualidades ciudadanas admirables, pero con una ideologia concreta que defienden con la misma convicción que las de los participantes en este foro.
A ese tipo de personas no puedo considerarlas indignas en lo político.
Creo que la dignidad no se otorga(como expresa el artículo), sino se merece, y para mi hay muchas personas que lo merecen aunque no coincida con ellas. Para ustedes sólo son las que coinciden con sus plantamientos. Esa es la diferencia fundamental.
Convendría reconocer que el mero hecho de ser consecuente con las propias convicciones no demuestra la bondad de esas convicciones, vengan de quien vengan.
mayo 31, 2009     
Sin duda, el Diario está de suerte. Por fin hemos encontrado a alguien capaz de describir los hechos objetivamente y de buena fe (dando de lado todo subjetivismo feroz basado en opiniones, vagas impresiones producidas por lecturas rápidas, etc.). Alguien que afirma buscar respuestas, y al mismo tiempo, se permite el lujo de definir conceptos (no hay duda: su definición de dignidad es tan relevante, que con el tiempo se considerará capital en la Historia de las Ideas), y escupir obviedades (la última frase de su último comentario).
Qué maravilla, de verdad. Lo digo con toda sinceridad... aunque ya sé que no le tenemos acostumbrado a ello; perdónenos, por favor.
junio 01, 2009     
No hay nada como una buena ironía, pero sería mas certera si usted supiera lo que significa el gerundio del verbo simplificar que se antepone a una definición absolutamiente subjetiva (vaya, esto si lo ha pillado).
Por supuesto que es una obviedad, lo que pasa es que en este territorio se ignora. Si la entendieran y la asumuieran no pontificarían con sus teorías incontrastadas y respetarian otras opiniones.
junio 01, 2009     
Como para no pillarlo... Es usted un relativista de manual: "absolutamente subjetiva", definiciones propias de conceptos, actitud falsamente humilde ("contribuyo a clarificar las ideas de algunos"), etc.
¡Más leña!
junio 01, 2009     
Y no, no sé lo que significa ese gerundio. Son tantas las cosas que se ignoran en este territorio, ¿verdad? A ver si me lo explica usted, gran visionario ("No es la primera vez y no será la última"). Lo estudiaría por mi cuenta, pero estoy muy ocupado pontifica que te pontifica.
junio 01, 2009     
No será usted el carbonero de este tren . . . . igual le he subsestimado . . .
junio 01, 2009     
Sr. Trinitario:

Diga usted que el circo electoral que han montado la partitocracia, haciendo violencia no ya a la inteligencia sino al mero sentido común, no es una falta de respeto a los ciudadanos (desprecio de su dignidad, según su propia definición) y aunque crea que es equivocada, respetaré su opinión.

Pero sigo sin entender como puede considerar respetable el colaborar con hechos indignos.

Creo que no hace falta que le diga que un hecho indigno no tiene porqué ser índice de la indignidad de la persona que lo protagoniza si ésta no es consciente del verdadero sentido de lo que hace. Y el articulista se refería precisamente al hecho de colaborar en la vil farsa electoral, no a las personas que ingenuamente creen que están participando en un proceso políticamente honesto.

Salud
junio 01, 2009     
Usted subestima a todo lo que no sea su ombligo. Y ya paro, porque le dije a Rafael que no se molestara, y al final he entrado yo al trapo, pero es que su subjetivismo, su falsa humildad, y su relativismo cultural me dan ganas de vomitar, trinitario (el nombrecito lo dice todo...).

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