Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
servidumbre voluntaria
Miguel Rodríguez
  
Mercantilismo académico

M. A. Quintanilla, Secretario General de Universidades

El sistema educativo vigente tiene como uno de sus objetivos asegurar la obediencia. Por supuesto que éste no es un motivo nuevo, y sólo la emancipación democrática constituye una alternativa real. Pues a menudo con colores distintos y bajo diversos disfraces las revoluciones han sido ideológicas, es decir, parciales, y por eso mismo animadas hacia la totalización. La revolución democrática, por su parte, aspira sencillamente a dejar que hablen todas las voces y participen todas las personas interesadas. Y es revolucionario porque va en contra de tendencias incrustadas en nuestra comunicación desde muy temprano. Por ello, cuando hablo de la inculcación de la obediencia en lo que hipócritamente se denomina “educación” no me refiero sólo a la universidad, sino a la educación desde aún antes de entrar en edades escolares. La ventaja de este general adoctrinamiento es que, sea cual sea el viento que sople, los que detentan ilegítimamente el poder siempre podrán cambiar las velas como mejor les convenga en el momento. Y siempre sin la participación de los interesados.

 

Las formas específicas que tomarán los programas educativos deberían depender, pues, del concurso de muchos factores (administración, profesorado y alumnado), y no sólo uno. Pero aún en el caso de que participen todos estos elementos, lo decisivo sigue siendo cómo fueron elegidos sus representantes. Si los partidos políticos de nuestra oligocracia aglomeran todas las voces, la composición del Plan no será legítima. En lo que respecta a las protestas, porque los programas de educación deben inteligentes, prácticos y realistas además de idealistas e innovadores, levantar la etiqueta de “mercantilismo” puede ser peligroso, pues los programas educativos han de contemplar, lo quieran o no, el conjunto del “mercado” de las actividades e ideas humanas, es decir, lo dado y lo posible. Ninguna educación sucede en el vacío.

 

De mercantilismo universitario puede hablarse acaso con más propiedad allí donde las universidades son privadas y no públicas, y cuando sus administraciones ofrecen al profesorado contratos basura. Éste sería un modo “mercantilista” no sólo de evitar la disidencia intelectual (si dices algo inconveniente no te renuevo el contrato) sino de perjudicar seriamente el conjunto, pues la continuidad en la investigación o la docencia es imprescindible para obtener resultados meritorios.

Comentarios (7)
marzo 25, 2009     
Esa obediencia llega hasta el punto de que, en los cursos de posgrado (es decir, ya en el doctorado) se nos exigía bajar la vista al papel mientras la grulla profesoral de turno leía en voz alta aquello que teníamos ante los ojos. Y hablo de la tan reputada UCM. Y hablo de la norma. Bueno, es lógico... los que llegan hasta ahí han desarrollado el vicio de copiar apuntes durante años. De eso y de repetir como papagayos las verdades de fe del pedante de turno a la hora de examinarse.

En cuanto a la investigación, no interesa tanto como ir a por un cafecito para el jefe. Es así como se ganan los puntos, al menos en la UCM.
marzo 25, 2009     
Me tocas la fibra débil, Lobo Estepario, y no sé hasta qué punto debo dar rienda suelta a los sentimientos que me embargan al leer lo del café al profesor y tantísimas otras indignidades.

Mi experiencia en la universidad española es atípica. Durante la licenciatura jamás intimé con profesor alguno, pues ninguno me gustó, no hablemos ya de “maestros”. Los alumnos me parecieron, casi sin excepción, borregos a la caza del carné que les dará un puesto de trabajo indigno, y por el cual estaban dispuestos a sacrificar lo que fuese. Sólo tras un lapso de tres años, en la que me dediqué a otras cosas (escribir por mi cuenta sobre todo) volví a la universidad, con descomunal esfuerzo, para sacarme el título de licenciado. Y hace poco pensé (ingenuo de mí) que podría sacarme un doctorado para poder enseñar en la universidad canadiense. La UNED me ha proporcionado la oportunidad de vivir en el limbo durante los dos años de cursos y trabajo de investigación, sin ver ni un sólo profesor y entregando trabajos que siempre fueron calificados de “sobresaliente”. Hasta que, amigo, tuve que presentarme al examen de suficiencia investigadora, en la que viví un auténtico calvario al presentar el corazón de mi tesis (ya terminada, hace años), que incluyeron insultos por parte de un profesor, su salida airada nada más empezar el examen, y después el cierre en banda del círculo corporativo para apoyar a este impresentable. Todo ello porque me atreví a tratarle de igual a igual.

Naturalmente este evento desconcertante cuestiona mi permanencia en el programa. Pero a no ser que encuentre otro modo de ganarme la vida en algo afín a mis inquietudes es posible que haga de tripas corazón y presente otra tesis doctoral diferente en la que he estado meditando ya muchos años, y que quiero escribir de todas maneras. Lo de la universidad española no tiene palabras, ni remedio sin un cambio cualitativo en el Estado.

Un abrazo.
Me parece muy istructivo que cada uno de los intervinientes en el Diaro relate su experiencia personal, en relacion a los temas de los artículos. Así comprenderemos por qué estais en el MCRC. Gracias Miguel y ánimos.
marzo 25, 2009     
Miguel, no creo que te sirva de consuelo porque no hay consuelo posible para la náusea. Pero quizá te sirva de apoyo moral saber que yo tampoco intimé con nadie en los cinco años de la licenciatura. Esto siempre es algo preocupante, sobre todo cuando los demás se acercan a ti y tú pasas de largo, porque acabas considerando que la renuncia a ser tu mismo es el principio de tu caída libre. Quiero decir que la soledad voluntaria es descorazonadora, porque eres consciente de que no han sido los hados los que te han arrinconado, sino tu propio orgullo. Y te preguntas: ¿será siempre así?

Tampoco yo intimé con ningún profesor y juro que jamás copié apuntes. A veces fingí hacerlo, pero sólo garabateaba. Y no porque no considere provechoso aprender de quien puede ofrecerte su sabiduría, sus conocimientos, su lucidez, sino porque no me topé más que con espíritus funcionariales. Luego esos apuntes se los pedía a alguna chica, y nunca me los negaban, he de reconocer. Como si aquello fuera un acercamiento al disidente.

Mis calificaciones se quedaban generalmente en el 8, por razones obvias: llevo un letrero luminoso en la mirada: pone LIBREPENSADOR. Aún así, les birlé alguna que otra matrícula de honor (tengo bastantes, la verdad) a los pelotas de turno, y te confesaré, amigo anónimo, que ese hecho me producía un malévolo placer.

Tras la licenciatura vienen los dos años de posgrado. Mil veces pensé dejarlo, debido a la mediocridad y ruindad moral de la que era testigo (los actos de vasallaje por parte del alumnado a los que aludes) y lo cierto es que, como siempre, me dije: chico, lo que no te mata, te hace más fuerte. Había además una rubia de ensueño por la que merecía la pena seguir adelante.

Y tras el posgrado (tienes entonces unos 25 años, si les has ganado el pulso a estos cabrones, que sólo buscan desmotivarte), llega la tesis. Puesto que en el segundo año del posgrado suele desarrollarse ya el esbozo de la tesis, la hice en un año, así pues, en dos, en realidad: en ellos (o en año y medio: de todas formas es tiempo más que suficiente en mi caso) me dediqué de lleno a investigar sobre Lope de Aguirre, ya no sólo sobre el material literario, cinematográfico, etc., que inspiró, sino que estudié a fondo todos los documentos, crónicas, cartas... buscando hacer realmente una tesis (es decir, una proposición crítica que llegue a conclusiones, y no una mera colección de datos, citas y pedantescos cacareos).

Evidentemente, presento a Lope de Aguirre como lo que fue: un brillante conspirador contra la Corona y un pionero del abolicionismo, todo lo cual puedo demostrar y demostraré en un par de meses, cuando lea la tesis. El problema ha sido (centrémonos en el asunto) que la celeridad con que trabajé no fue bien vista, de modo que, por medio de sucesivas mentiras, aplazamientos, evasivas... se me retrasó todo, y no pude recorrer este camino en el año previsto, encontrándome ahora en ese espacio incierto de la espera. Al final, habrán sido dos años de tesis, a los efectos.

El sentimiento de indefensión con que se encuentra el alumno le impide por lo general dar un paso al frente. Yo he tenido que presionar en el vicedecanato, lo que me ha supuesto un evidente deterioro en la relación con mis directoras, ahora definitivamente esquivas. No tengo relación íntima con nadie del departamento (aunque se me conoce) porque no tengo vocación de felatriz. Y esto me deja ante un futuro nebuloso, como a ti.

Todo esto te lo cuento para que te cerciores (aunque supongo que era innecesario) de que casi todos son simples funcionarios que han sabido trepar. Lo que importa en nuestra sociedad es estar, no ser. Y ellos son maestros de lo primero.

Pero conocer tu experiencia me ha venido bien. Créeme que, aunque luego me cueste mirarme al espejo, me esforzaré por ser humilde el día de la lectura, no vaya a ser que me la jueguen, como a ti. Más cuando me he expresado con tanta contundencia en mi estudio.

Por último, te diré que la tesis, como trabajo de realización personal, es frustrante, ya que, hablando claro, me han castrado el estudio. Pegas, pejillerías... en nada relevante, apenas en asuntos menores, pero que acaban alejándote del proyecto personal que pretendías: a mí me han impedido hacer un "ensayo", como llamaban a mi escrito, quedándome sólo la posibilidad de construir un informe, contundente, pero informe.
Es muy emocionante conocer vuestro azaroso periplo en la Universidad de la Transicion, que apenas se diferencia, salvo que entonces había mejor preparacion en los catedráticos (en modo alguno maestros), del que tuvimos que cursar en la Universidad de la Dictadura. Gracias, lobo estepario, por tu ilustrativo testimonio.
marzo 26, 2009     
No tengo tanta experiencia en la facultad, la piso desde hace cinco años y cada vez menos, está resultando ser un potencial alérgeno acudir al aulario.
Desde mi primer día impuse con el profesorado un diálogo directo de tu a tu, y no me está yendo nada mal. Ellos incluso lo agradecen. Cuando te diriges a alguien como igual, puede que éste lo perciba como una falta de respeto pero también como un voto de confianza y cercanía. Valores de los que están muy faltos los profesores de universidad que se dejan la vida en los laboratorios, y a veces esto es hasta compresible pues se les valora más por sus méritos en investigación que por la calidad de su docencia quedando tan absorbidos por el sistema como lo estamos nosotros, los alumnos. Para mi son realmente unos desgraciados sin ocupación "autosocial" a los que la vida no les sonríe ni ellos hacen por hacerla sonreír. En esta clasificación de seres no "autosociables" encontramos dos subgrupos. Uno es el que está dentro de los ariscos infelices que imparten las clases desganados y los que ven en el aula una salida de frescura y comunicación con la otra vida, la real.
Por supuesto, no estoy de acuerdo con “el trapicheo genealógico” que circula por los pasillos de cada uno de los departamentos pues son los que pertenecen a este estraperlo los primeros en ser calificados como basura de sabiduría.
Nunca me mordí la lengua aunque por ello me jugará repetir la asignatura, pues de la boquita de la profesora llegué a escuchar -no se como lo harás pero conmigo lo vas ha tener muy difícil- y más que difícil me resulto un robo volver a pagar al siguiente año por unos créditos que había impartido y tenia superados pero no reconocidos. Todo por defender mi derecho a tutorías pues a “la tipa” no le apetecía pensar aquella mañana y si yo me quedaba con la duda no pasa nada porque se me olvidaría en cuanto pisara la cafetería. La pobre seguro que pensó que era estudiante de pacotilla, como la gran mayoría, y que si no me lo explicaba rollo que me ahorraba. Pero mira tú por donde se equivocó de alumna y se la armé. Vale qué me costó un suspenso, pero la tranquilidad que habitó en mi interior no tiene nombre…Que por cierto, la duda la resolví con creces, de hecho es la mejor nota que tengo en mi expediente al que se le suma otro robo por el simple hecho tener personalidad.
Saludos.
marzo 26, 2009     
Querido Lobo Estepario, querida Alborada:

La cuestión decisiva es que la corrupción institucional mancha a todo el que participa en sus adelaños, por muy mínimo que sea el contacto. La integridad personal, que todos los que somos conscientes de la corrupción poseemos, jamás podrá limpiar la indignidad en que incurrimos, sin quererlo, para sobrevivir. Por eso desde nuestra libertad de conciencia personal debemos asaltar sin más la libertad colectiva, para que lo que es normal deje de ser indigno para todos, incluídos aquéllos que ni siquiera son conscientes de lo que hablamos.

Saludos a todos y gracias por la compañía. Nos veremos pronto, estoy seguro.

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