Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
impostura mediática
Rafael Serrano
  
Función de la mentira

La calamitosa situación económica del oligopolio editorial pone de obsceno relieve la conchabanza en la que se fundamenta este régimen de la corrupción, al que algunos siguen llamando, con piadosa estupidez, Monarquía parlamentaria. Los potentados de la prensa orgánica reclaman un trato de favor similar al concedido a los banqueros en apuros, puesto que en mayor medida que éstos, aquéllos han contribuido al sostenimiento de la real oligarquía de partidos, contaminando el ambiente social de mentiras constituyentes.

 

Serán rescatados con subvenciones encubiertas o a través de potentes canales financieros que inyecten tinta nueva a estos gigantescos calamares. La ingeniería mediática de almas serviles ha de seguir poniendo a salvo los privilegios de los oligarcas. Eso es lo que importa, y no la acentuada pérdida de credibilidad que para la prensa escrita supone la exhibición de parcialidad y la desaparición de profesionales independientes. Lo que merezca ser verdad noticiosa, aunque no sea objetiva, se decide en los despachos de los rasputines (Cebríán y Roures, Jota y Losantos) que se disputan el mayor grado de influencia posible sobre Zapatero y Rajoy.

 

Los periodistas del poder que ocupan las columnas de la prensa y menudean en las tertulias radiofónicas y televisivas, sumidos en la prostitución intelectual, ni siquiera alcanzan la mediocridad: como los diputados cebrados, están muy por debajo de ella. Pero su incapacidad para defender con algún asomo de brillantez la mentira, no ha minado el prestigio de ésta. La oleada de relativismo, cinismo y oportunismo que la posmodernidad trajo consigo sigue encharcando los pulmones de una verdad asfixiada.

 

No importa si es verdad lo que decimos, sino que “funcione” como tal, aunque sea una colosal mentira. El “tontiastuto” (hay que agradecer a Sánchez Ferlosio tal adjetivo) González acertó a condensar la fórmula de la sinvergonzonería partidocrática: da igual el color del gato mientras cace ratones. El fraude de las armas de destrucción masiva con el que se justificó la guerra de Irak es una de las razones que explican la necesidad de cambio en una sociedad estadounidense harta de Bush. Aquí, su cuate Aznar, sigue dando lecciones de geopolítica.

 

Felipe González (foto: aeu1961)

Comentarios (2)
marzo 25, 2009     
METAMORFOSIS
Rafael Sánchez Ferlosio
23 de mayo de 1998

Ya no se parece a aquel gato melifluo que había aprendido a fingir voz de león para dar autoridad a puro golpe de volumen decibélico a las más logomáquicas marrullerías gatunas. Con la caída y el avance de los carrillos, en los últimos años se ha venido desfelinizando y perrificando en la línea bulldog: si pegara la cara sobre un tampón de tomar huellas dactilares y después la presionara contra un papel, dejaría una marca en la que podría apreciarse hasta qué punto casi todas las facciones, cejas, nariz, pómulos, mejillas, labio inferior y mentón se le han venido adelante hasta un mismo plano frontal. Pero, además de adoptar esa faz de bulldog, el simultáneo empeño de parecerse cada vez más a Rubén Darío debe de esconder alguna otra intención misteriosa, si es cierto lo que dicen de que hasta los cuarenta años nadie es culpable de la cara que tiene, pero de los cuarenta en adelante, sí. Comoquiera que sea, habría que averiguar si responde al azar o guarda alguna relación de congruencia el que esta metamorfosis fisonómica coincida con un giro de 180 grados en cuanto al haber remitido tantas veces, si no recuerdo mal -y si me falla la memoria, que lo demuestren en la hemeroteca-, la responsabilidad política al dictamen de las instancias judiciales, para venirnos ahora, cuando las cosas están donde él quería o decía querer, con que la vista del caso es «colocar al Tribunal Supremo en la situación de tener que lidiar con una cuestión política camuflada de procedimiento penal». Pero en lo que ya sí que se diría que cambiar de cara trae consigo perder la vergüenza es en la ocurrencia de resucitar ad hoc aquella artera y deshonesta fórmula acusatoria de los comunistas de «hacerle el juego al enemigo», sobre todo aplicada en tan rotunda y evidente falacia como la de decir que la vista en el Tribunal Supremo ¡beneficia únicamente a la ETA, porque la legitima! Nada podría ser más palmariamente falso, pero, además, ¡aunque fuese cierto!- .
marzo 25, 2009     
"Prostitución intelectual", nunca mejor dicho. En cuanto a los balidos de la concurrencia, no sé si se debe a la posmodernidad o al sol, que en España pega demasiado en la mollera del personal.

Carlos G.Q.

Escribir comentario
reducir | aumentar

busy