Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
impostura mediática
Rodrigo Carbajo
  
Revolutionary road

Hoy celebramos que hace 150 años una idea revolucionó el mundo. El origen de las especies vía la selección natural fue capaz de explicar de una forma sencilla quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, sin necesitar para ello de la intervención de un ser superior divino. Toda forma de vida que existe o ha existido en la tierra comparte un mismo origen, que a lo largo de millones de años ha evolucionado hacia la diversidad que nos rodea. Esto es una verdad, no revelada, sino científica, que se sustenta en datos objetivos y demostrados. Darwin describió un árbol de la vida con un tronco común, del que salían ramificaciones ocupadas por las especies más próximas entre sí. Su clasificación en el árbol se basó en la anatomía comparativa de las especies que se iban descubriendo. Muchos años después, la genética ha corroborado gran parte del árbol evolutivo, pero también ha encontrado que las ramas no sólo se conectan verticalmente con el tronco, sino que se entrecruzan entre ellas, con numerosas conexiones que permiten el intercambio de genes entre especies que se separaron hace muchos millones de años. Esta interrelación ha sido posible gracias a los virus, por ejemplo, que pueden incorporar ADN de las especies que invaden, lo hacen suyo, y más adelante al evolucionar e invadir otro organismo, le pueden transferir la información genética. Así, nuestra especie tiene genes que han “saltado” procedentes de bacterias, información que seguramente se ampliará en un futuro próximo con el estudio del genoma humano.

 

Sin embargo, a pesar de la belleza y sencillez de la teoría de la evolución, ésta no ha conseguido prender en el mundo. Siglo y medio más tarde, una gran mayoría de la humanidad cree que un Dios nos creó de la nada, rechazando así las evidencias científicas que la avalan. Si alguno piensa que eso sólo ocurre en los países menos desarrollados, no podría estar más equivocado. Más del 50% de la población estadounidense no cree en la evolución, sin diferencias importantes entre votantes demócratas o republicanos. En Europa estamos un poco mejor, pero tampoco para estar entusiasmados. El creacionismo va ganando adeptos, e incluso en algunos países se ha llegado a sugerir como materia a estudiar como una teoría científica. ¿Por qué necesitamos de supersticiones y cuentos de hadas para entender el mundo? Posiblemente esa respuesta también esté escondida entre nuestros genes.

 

Virus infectando una célula (foto: MEC)

Comentarios (6)
febrero 11, 2009     
Perdoneme que discrepe de la teoria de la evolucion.
Hasta que no se demuestre y se convierta en ley, seguira siendo una teoria tan valida como la que mas, pero solo eso.
Lo que quiero denunciar es que el mismo fanatismo que servia para quemar en la hoguera a quienes discrepaban de las teorias oficiales en la edad media, sirve hoy, no para quemar a nadie, sino para desacreditar a toda persona que no comulgue con la teoria del momento.
Yo creo en otro origen de la vida, y me fundamento en mis creencias religiosas, y hasta que no se demuestre cientificamente lo contrario son tan validas cualquiera. Y para ellas pido respeto, solo eso.
Gracias y un saludo.
febrero 11, 2009     
Amigo Rodrigo:

Aparte de constatar —lo cual efectivamente supuso una auténtica revolución intelectual— el hecho —que se sigue de multitud de pruebas (genéticas, embriológicas, serológicas, anatómicas, etc.)— de la unidad de toda la biota terrestre, y un mecanismo, la llamada selección natural —podrá discutirse si es el único o el decisivo—, que combinado con el largo tiempo geológico puede justificar su diversidad; la teoría de Darwin no puede explicar “quiénes somos” y “adónde vamos”, sino bosquejar con limitaciones —hoy infranqueables por tratarse de algo clausurado— “de dónde venimos”.

Un abrazo.
Estimado Sr. Ramón:

Sólo me voy a limitar a señalarle que las ideas o creencias jamás serán susceptibles de respeto. Solamente las personas lo merecen. Las ideas y creencias son para lanzarlas a la palestra de la discusión y aguantar el envite de los que intenten derribarlas. Si se mantienen, es que tienen buenas raíces, si no, la selección natural hará el resto. Esa deformación, fruto de esta partitocracia, de que las ideas son respetables, es una aberración. Su aplicación llevaría a extremos como que hay que respetar las ideas del que quiere matar a todo el que no piensa como él.

Un saludo,
Alex
febrero 11, 2009     
No hay, en el tumultuoso pecho del hombre, una pasión más fuerte que la de imponer su creencia a los otros. Nada puede secar la raíz de su dicha y llenarla de ira como saber que otro desprecia lo que él venera. Todos prefieren la paz de espíritu y la sujeción de los otros al triunfo de la verdad y la apoteosis de la virtud.
febrero 12, 2009     
!Taghin,tachinnnn..!
Y Dios creo el mundo en seis dias , el septimo descansó...creo que sigue descansando.
Los creacionistas no tiene por que preocuparse con el evolucionisomo. Siempre pordran atribuir a Dios el big-ban o la serie eterna de contracciones y expansiones del universo.

Escribir comentario
reducir | aumentar

busy