Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
impostura mediática
Miguel Rodríguez
  
Verdad = Libertad

Desde antiguo se ha reconocido que alcanzar la verdad es una tarea que requiere largo estudio y muchas decepciones. Y la historia del conocimiento demuestra que aquéllos que la acariciaron a menudo ni siquiera se dieron cuenta de ello, pretendiendo en cambio haberla hallado en lugares que, tras nuevas observaciones, han quedado desmentidos. En las viejas civilizaciones fueron los mundos cortesano y sacerdotal los que, por disponer de tiempo para la libre contemplación, sin preocupaciones materiales, desarrollaron las primeras teorías científicas. La disposición de tiempo libre para la investigación fue explícitamente remarcada por los primeros filósofos independientes, los jónicos. Tomás de Aquino indica que la verdad sólo es alcanzada por pocas personas, después de mucho tiempo, y servida “con mezcla de muchos errores” (Suma Teológica).

 

Aunque el camino para alcanzarla es siempre tortuoso, la verdad, una vez descubierta, adquiere una formulación sencilla. Ésta es la razón por la que permite abusos demagógicos de todas clases por parte de quienes no se preocupan por su origen y sentido. Por eso, teniendo en cuenta la extrema dificultad de cada paso en la consecución de la verdad (pertenezca al dominio que sea), extraña la actitud de quien cree haberla determinado con tan sólo un par brochazos, o de quien se permite, sin más razón que un deseo egoico de prevalecer, desmentirla o cuestionarla sin molestarse en contrastar su postura con los hilos históricos de su problemática. La facilidad con que las opiniones trocan en supuestas verdades debe mantenernos en guardia. Haber rozado la simplicidad de la fórmula acabada está todavía lejos de haber calado hondo en ella.

 

Mas, así como esta perversión rodea siempre al proyecto científico, no tardará en construirse un edificio sólido sobre el fundamento político de la Verdad=Libertad. Pues nada puede explicarse cabalmente sin esta fórmula, y en cambio todo adquiere sentido con ella. Y, a pesar de los escépticos, sus ramificaciones crecen con la seguridad de esa activa lentitud que posibilita la claridad. Tanto en la ciencia como en el arte, el poder de la intuición por oposición al trabajo asiduo se ha exagerado y mitificado, o ha sido aprovechado por quienes, no queriendo o no pudiendo dedicar su vida entera a un proyecto científico o artístico, quieren sobresalir sin merecer.

 

 

(foto: Pablo Fuhrmann)

Comentarios (6)
junio 02, 2009     
Hace 5 minutos le remití un comentario a su artículo pero como la política de los codirectores es borrar a discreción según lo que interesa se queda usted sin conocerlo. Dicha política es legítima pero priva de lo fundamental en cualquier medio de información.
Lo siento por los que pensaban discrepar de mis opiniones pues les han quitado una buena oportunidad.
Resumiendo: soy de los que piensan que la verdad es poliédrica y el que habla de una Verdad está en el terreno de las creencias.
junio 03, 2009     
Yo lo siento por usted que parece empeñado en interpretar a su gusto lo que aquí se dice y se piensa.

Aquí no va a encontrar a usted a nadie que crea en una verdad absoluta, universal y eterna que de respuesta de una vez por todas a todo.

Aquí se habla de la verdad como tendencia del espíritu humano, como necesidad ética, aplicada a la vida y la experiencia. A la verdad como objetivo y fundamento de la razón. A la verdad como el contrario de la mentira y de la ocultación de la realidad que caracteriza al poder y al dominio y que hace indignos a los hombres.

En definitiva, a la verdad siempre en construcción dialéctica frente a la mentira.

Salud
junio 03, 2009     
Señor trinitario:

Sigue usted apegado al vicio de los juicios de intenciones.

En cada nueva edición (aunque se repitan algunos artículos) se borran todos los comentarios de la anterior: puede seguir buscándole a la verdad todos los ángulos que quiera.
junio 03, 2009     
Trinitario, yo lei su comentario y estaba en la edicion anterior. Mire la portada, el articulo del Sr. Trevijano es distinto al que habia en la edicion que usted comento, al igual que los otros dos articulos de la portada y otros mucho en otras secciones. Un saludo
junio 03, 2009     
Estimado Trinitario: nadie ha censurado.
Situese en la página "Criterio democrático",
Pinche en "impostura mediática" y verá todos los artículos publicados en esta Sección en orden inverso a su aparición.
Verá que los nº 1 y 2 tienen el mismo título, porque se repiten.
Pinche el artículo "Verdad=Libertad" del dia 31/05/2009 y ¡voila! está su comentario.
NADIE LE HABÍA CENSURADO.
Un saludo.
junio 03, 2009     
Trinitario:

Disculpa que no contestase a tu comentario en la edición anterior. He estado ocupado con otras cosas. Espero que sí que llegues a leer éste.

Siempre me gusta hallar primero las cosas que tenemos en común antes de discrepar. En primer lugar, yo tampoco soy ningún experto en ciencia política. Cualquier estudiante universitario de primer curso puede darme buenas lecciones. En segundo lugar, el escepticismo (me refiero al griego, al de Sexto Empírico) es para mí fuente inagotable de meditaciones. Yo también creo que la verdad científica no es definitiva ni “otorgada” (otra cosa es, efectivamente, la fe). Nada hay en el artículo que indique lo contrario. El escepticismo de Sexto, que quiere remontarse a Pirrón, habla con toda claridad en este sentido: la verdad de determinado asunto ni está fijada por siempre (contra los dogmáticos) ni es tampoco imposible de hallar (contra los nihilistas). Todo es una eterna búsqueda. Pero la búsqueda eterna de la verdad, abierta, no legitima un cuestionamiento que desconoce las causas de la problemática concreta, y muchos menos desdice sin más los descubrimientos efectuados hasta ahora. Eso ya pertenece al extremo del nihilismo antes mencionado, que no es escepticismo genuino. “Skepticos” en griego significa “investigador”.

A lo que me refería, pues, con “los hilos históricos de la problemática” es que tendemos a opinar demasiado deprisa, sin conocer bien cuál es la esencia del problema, que tiene una historia. Aunque esta tendencia tenga cierto gradiente de subjetividad (qué es exactamente “conocer bien” el problema) tiene mayormente un criterio objetivo, demostrable racionalmente en una conversación con expertos en la materia. Pero lo cierto es que muchas veces nuestro afán de vencer en una discusión nos ensordece. Todo ello, confío en que esté de acuerdo conmigo, no está precisamente en consonancia con el verdadero espíritu científico.

Un saludo.

P:D. No sé si podré volver a visitar el Diario en los próximos días, lamento la inconveniencia. Habrá otras ocasiones.



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