Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
impostura mediática
Rafael Serrano
  
Judeofobia castiza

En una Conferencia contra el Racismo organizada por la ONU, el presidente de la República Islámica de Irán ha señalado que gran parte de los problemas del planeta se deben al “sionismo mundial”. Mahmud Ahmadineyad, que sostiene que el Holocausto es un mito (o como diría Le Pen: los campos de exterminio nazis no son más que un mero “detalle” en el curso de la II Guerra Mundial), tiene una “solución final” para el “racista” Estado de Israel o el “cáncer de Oriente Medio”: borrarlo del mapa, extirparlo.

 

España es uno de los países europeos en el que se concentra uno de los más obsesivos, intemporales y degradantes odios. Hay que distinguir el tradicional antijudaísmo hispano (de carácter religioso) del antisemitismo racista, de origen germánico, que se difundió por Europa en la segunda mitad de siglo XIX, y que fue inoculado en la Península por la derecha francesa.

 

El odio castizo contra los hebreos se mantiene en el lenguaje (judiada), leyendas (en las zonas rurales muchos creían que los judíos tenían rabo), ritos y fiestas populares, y hasta que son abolidos por José Bonaparte, los estatutos de limpieza de sangre cierran el acceso a colegios universitarios de aquellos que no prueben su condición de cristianos viejos: una segregación que sigue vigente en academias militares, cabildos y órdenes religiosas a lo largo del siglo XIX. La desamortización de Mendizábal fue atribuida por el conservadurismo nacional-católico y el carlismo a la codicia de los especuladores hebreos en connivencia con un jefe del Gobierno que tenía orígenes judíos: la denuncia de la conspiración judeo-masónica ya asoma el hocico hasta hacerse notoriamente visible con la revolución de 1868 y el reconocimiento oficial de la libertad religiosa.

 

Hoy en día, sobre todo en el ámbito de la llamada “izquierda”, se habla abiertamente de las “maquinaciones del lobby judío” o de cómo los judíos, pese a constituir una pequeñísima minoría, traman su hegemonía mundial gestionando los grandes negocios, dominando la banca internacional y dirigiendo la industria del entretenimiento. Quizá no tarden en descubrir un documento donde se detalle el plan secreto para hacerse con el mundo, en unos nuevos “Protocolos de los Sabios de Sión”.

 

 

“Judiada” (foto: Rutab)

Comentarios (3)
abril 23, 2009     
Rafael: Es curioso, pero en España me sigo encontrado con gente que no duda de la autenticidad de los Protocolos de los Sabios de Sión. Sería interesante que abordases la influencia de la cuestión judía en el campo de los nacionalismos, el central y los periféricos. Saludos.
abril 23, 2009     
Querido Emilio:

A pesar de haberse demostrado que era un completo fraude, ese libro se convirtió en la Biblia del movimiento antisemita de los años veinte del pasado siglo en toda Europa, y el propio partido nazi lo publicó y defendió. La invencible aversión a los judíos puede revestir las formas más delirantes, que van desde creer en una reunión celebrada por un junta internacional secreta de judíos que conspiraban para conquistar el mundo, hasta negar la existencia del Holocausto.

En cuanto a los nacionalismos hay que tener en cuenta el problema de la limpieza de sangre, y el horror instintivo del "cristiano viejo" a la "raza deicida". El españolazo retrocastellanista siempre ha temido la conjura de "las razas turbias" contra la nobleza gótica. Y el horrísono cantor de la pureza racial de los vascos, el integrista y ultranacionalista Sabino Arana, sostenía que "las razas árabe y hebrea se habían entrelazado con la española, inoculándole el virus anticristiano". Por cierto, que el judío suele ser descrito como un elemento foráneo e infeccioso: de la lepra y las sanguijuelas, según van avanzando los conocimientos médicos, se pasa a "cáncer", "virus ponzoñoso" o "bacilo", reflejando siempre una amenaza invisible para el organismo sano de la nación.

Abrazos.

abril 23, 2009     
Estimado Rafael, que se puede decir de este artículo, he aprendido más del tema con un simple artículo que quizás leyendo muchos libros relacionados con el. Felicitarte por la gran cantidad de información pero sobre todo formación que emana. Hacéis, y ahora hablo por el diario en sí, una forma de comunicación de pensamientos, sean compartidos o no, con una autenticidad realmente desbordante.

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