Año II, n° 204, viernes 12 de marzo de 2010
impostura mediática
José A. Sanchidrián
  
Una nación en decadencia

Sería cosa tan ardua como ficticia el establecer unas bases sobre las que calcular algo así como el coste de oportunidad de las decisiones de economía política adoptadas desde el comienzo de la partitocracia. Es más sencillo fijarse en un dato demoledor: el crecimiento neto de la población española se redujo a más de la mitad durante el período 1981-2005, un 16,87%; frente al 34,23% que había jalonado el largo lapso 1950-1981. Es un hecho que la actual Monarquía ha traído consigo una preocupante caída de la natalidad. Y no olvidemos que el primigenio significado de nación es un mismo lugar de nacimiento.

 

Existe una relación inexcusable entre los recursos disponibles y las formas de vida, resultando éstas últimas las que han de adaptarse a los primeros. En el caso español no hay ninguna duda, pues la tasa de natalidad por cada mil habitantes cayó más de cuatro puntos en los primeros cinco años de la Monarquía —de 18,76‰ en 1976 a 14,12‰ en 1981, descendiendo en una serie continuada al 11,39‰ (1986), 10,17‰ (1991) y 9,19‰ (1996)—, un tiempo tan breve que excluye cualquier cambio cultural, y registra, únicamente, las dificultades de las economías domésticas para fundar un hogar y criar hijos en la recién estrenada oligarquía de los banqueros constructores, inicialmente concentrados en hacer abrirse el Mar Rojo y lograr alcanzar la tierra prometida de la CEE donde fundar su idílico país de turismo y servicios. Desde entonces, los españolitos que compraban una vivienda estaban endeudándose pagando, además de su piso o chalé, las corruptelas políticas con terrenos, adjudicaciones y licencias, y las especulaciones urbanísticas de un mercado cerrado y falseado por tener que financiar los negocios en una serie de actividades aledañas a la construcción, que vinieron a sustituir el desvencijado sector industrial. Eliminando los intereses hipotecarios, si calculamos el tiempo que se necesitaría emplear íntegramente el salario mínimo interprofesional para abonar el precio medio de la vivienda en España, pasaríamos de los 12 años y 2 meses, en 1985, a los 21 años y 9 meses en 1995, llegando hasta la terrorífica marca de 42 años y 5 meses en el año 2006 (todos los datos extraídos del INE y del Banco de España).

 

La siguiente generación no ha hecho sino interiorizar las dificultades de sus padres y/o hermanos mayores respecto de la fórmula familiar de vida. Y los jóvenes han decidido finalmente elegir no hacer lo que ya no pueden, en vez de amotinarse con inteligencia buscando una verdad que, aunque se les oculte, deberían intuir y revelar; mas han terminado por sucumbir a la nueva moda cultural, síntesis de la hegemónica propaganda estatal y la comunicación social, que han asimilado desde la mismísima educación primaria bajo la superestructura de la posmodernidad, imposibilitadora de cualquier conocimiento científico de las relaciones humanas y en cambio liberadora de la pasión sexual, hedonista y consumista que tanto conviene a los poderosos.

Comentarios (4)
Enhorabuna por tan formidable artículo, cuyos datos no solo contradicen toda la propaganda de la Monarquía de Partidos, sino que desvelan la falta de confianza de las familias en el futuro de la Transicion, pese a la doración del mismo con la esperanza de llegar a la tierra prometida del mercado comun y la comunidad europea.
Gracias por traer los datos que confirman lo que ya se hace evidente: los que hoy están en edad de ser padres necesitan 2 sueldos en casa para poder dedicar 30 años de uno de ellos a la vivienda, cuando sus padres tuvieron la oportunidad de criar a la prole con uno solo. Habría que estudiar cual es la evolución de la distribución de rentas, entre salarios y capital, para buscar una explicación material.

Abrazos, Carlos
marzo 16, 2009     
Gran artículo, José. Siguiendo el hilo de tu última frase, pareciera que las nuevas generaciones quieren ser jóvenes durante muchísimo más tiempo que nunca antes. Muchos, de hecho, aspiran a ser jóvenes toda la vida y viven como si lo fueran. Por supuesto esto afecta directamente a la natalidad. Como bien señalas hacia el final, es el resultado de la composición típica de la cultura de la Transición. Agotar hasta el último cartucho, dispara mientras puedas: ésa es la actitud.
Un abrazo.
marzo 17, 2009     
Nación derrotada, sin padre ni madre: sin patria y sin estado. Nuestra patria que tiene 400 millones de mentes que hablan la misma lengua y tienen el mismo culto está en manos del poder mediático. El estado no nos defiende como una buena madre: hay españoles que no tienen tierra ni agua: si repartiesen el uno por ciento del territorio del estado español entre los cuarenta mmillones de españoles tocaría a 200 metros cuadrados a cada uno. Se está contaminando la tierra, el agua, el aire y el campo electromagnético. Esta son armas sutiles de efecto lento pero que nos desvastan.

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