Año II, n° 204, viernes 12 de marzo de 2010
impostura mediática
El medio es el fin

Advierte Hannah Arendt en su discurso “Sobre la violencia” del peligro de que “el fin se vea superado por los medios a los que justifica y que son necesarios para alcanzarlo”. Aunque su reflexión apunta a la relación entre medios y fines en el campo específico de la violencia bélica, el aserto puede hacerse extensivo a multitud de terrenos menos traumáticos y más cotidianos.

 

Con su reflexión, Hannah Arendt llega al umbral del lado verdaderamente escabroso del asunto: el fenómeno por el cual los medios se emancipan de una conexión racional con los fines que aparentemente persiguen, imponiendo su ley y no dejando a los objetivos proclamados más opción que sujetarse a los verdaderos dueños y señores de la siniestra función. Huelga señalar que sólo el más empecinado ‘wishful thinking’ puede mantener el dogma de la racionalidad instrumental de las armas y negarse a ver el poder de persuasión que las armas ejercen sobre quien las porta: las armas confieren poder, y el más terrible de todos los poderes, el poder de vida o muerte; y el poder no es sólo un medio para designios ulteriores; es también un fin en sí mismo. Cualquier polemología que rechace de plano siquiera el planteamiento de esta posibilidad estará abocada al fracaso.

 

Con su inteligente reflexión Hannah Arendt responde, siquiera sin pretenderlo, a la arrogancia intelectual del Friedrich Engels del ‘Antidühring’, donde la racionalización instrumental de la guerra se expresaba en términos contundentes: “El ejemplo pueril expresamente inventado por el señor Dühring para probar que la violencia es el factor históricamente fundamental demuestra en realidad que la violencia es sólo el medio y el fin es en cambio el provecho económico. Y de la misma forma que los fines son más importantes que los medios para lograrlos, en la historia es más importante el aspecto económico de las relaciones que el político”. Hannah Arendt no acertó a ver un mundo tan racional como el que Engels, por exigencias ideológicas, se impuso. Las ideologías hijas de la Ilustración, ya sea el liberalismo o el marxismo, no pueden aceptar fenómenos para los cuales la teoría carezca de explicación: o bien los expulsan a la categoría de contingencias carentes de significado, al modo en que Hegel condenaba a “corrupta existencia” todo aquello que no se sujetase al plan divino de la “Historia Universal”, o bien los someten a la constrictiva ortopedia de un armazón teórico que malamente puede dejar de distorsionar los hechos mismos. La racionalización de Engels responde a esta limitación.

 

Pero el apunte de Hannah Arendt es fecundo no sólo para los trágicos asuntos de la guerra, sino también para los más prosaicos asuntos de la burocracia. La emancipación de la burocracia como casta permanente, que somete a su propia existencia los fines a cuyo servicio, presuntamente, está, es un fenómeno generalizado en los llamados modernos Estados de masas.

Comentarios (9)
marzo 11, 2009     
Querido Juan,
Creo que cuando dices que las armas confieren poder, Arendt hubiera preferido decir que confieren ilusion de poder, ya que para ella la violencia es un signo de falta del mismo. El temor que provoca en un desarmado el encuentro con un armado poco tiene que ver con el consentimiento libre y voluntario de aquel para aceptar su muerte a manos de este, a no ser que en un estado de postracion y tortura sea lo deseado para acabar con la esclavitud cuando esta se hace insoportable para el alma y el cuerpo, y la esperanza ha desaparecido. En todo caso, se comprende que las armas dotan de capacidad destructiva al que las posee.
marzo 11, 2009     
Y siguiendo con lo que nos puede interesar buscando la libertad politica en Espana, mi tesis es que el terrorismo de ETA busca a traves de su capacidad detructiva, no la negociacion sobre la independencia directamente con el Estado, sino la desligitmacion del regimen de poder, lo cual consigue a la perfeccion cuando este cae en la ilegalizacion de los partidos politicos que recogen sus reivindicaciones aumentando el caracter represivo del Estado contra el que luchan. Tampoco me creo el eslogan de que ETA es unicamente una banda de asesinos (aunque lo sean tambien), donde los medios armados se han convertido en un fin, aunque hayan terroristas que hayan reducido su horizonte vital al mundo armado debido a la efectividad policial.
marzo 11, 2009     
Querido David

De acuerdo en lo sustancial de tu comentario, aunque tiendo a pensar que ningún poder puede abandonar toda referencia al último respaldo constrictivo de que dispone, que es el crudo y desnudo ejercicio de la fuerza. El matiz que haces sobre el pensamiento de Arendt es muy oportuno, yo también creo que, para ser precisos, ella hubiera preferido decir lo que apuntas. Por mi parte, tiendo a pensar que el ejercicio de la violencia es tanto menos necesario cuanto más legítimo es el poder, y me refiero aquí a una noción de legitimidad tan básica como la de la aceptación colectiva de un orden dado. La fuerza de constricción física directa es síntoma evidente de una falta de legitimidad, si por legitimidad entendemos lo que he apuntado. En cambio, si por legitimidad entendemos lisa y llanamente los títulos que confieren poder, no hay más legitimidad que la de carácter histórico; y la legitimación histórica está abocada a remitirse a la ley del más fuerte, pues el aborígen prehistórico del concepto de legitimidad no es otro que el derecho de guerra del vencedor sobre el vencido. La victoria de las armas propias es la primera fuente de legitimidad. Pero bien es cierto que un poder cuya legitimidad solo consista en eso está condenado a perecer tarde o temprano
Sobre ETA, en efecto es muy ingenuo el punto de vista que equipara la violencia política al puro sadismo, como si ETA defendiese la lucha armada solo porque sus miembros disfrutan matando. Eso es renunciar a un análisis político del terrorismo, un punto de vista absurdo. Pero también tiendo a pensar que la lucha armada se ha convertido, para algunas organizaciones, ETA entre ellas, no en un medio optable entre otros para la consecución de un fin, sino el único medio posible para el fin que persiguen. Fanon, uno de los artífices de la independencia de Argelia, sostenía que solo la violencia era "remuneradora": la patria tenía que ser un trofeo arrancado con la violencia de las armas, no un edén alcanzado como resultado de una negociación. Quiero decir que la propia violencia de las armas otorga al fin perseguido -la independencia de la patria- un valor y un significado del que carecería si el "medio" fuese otro. Por eso creo que la violencia, cuando no es un camino optable entre otros sino necesariamente el único camino deseable para el fin perseguido, deja exactamente de ser un "medio" e incorpora un valor propio al "fin" perseguido

No se si he conseguido explicarme.

Un abrazo fuerte

Juan Sánchez
marzo 11, 2009     
Ejemplo de lo anterior fue, pro cierto, la salida de Sir Cecil Parkinson relativa a la guerra de las Malvinas: "Ahora las Falkland son nuestras porque las hemos pagado con víctimas de jóvenes británicos. Todo intento de cuestionar ese derecho es una ofensa a nuestros muertos". Sabía, en efecto, que la victoria de las armas era un título de legitimidad inapelable para la posesión de las islas; por eso, creo también que para el Reino Unido, la agresión militar de Argentina se presentó como ocasión de oro para dirimir definitivamente a su favor el conflicto de las islas. No es que optasen por la vía de las armas como medio más seguro para el logro del fin perseguido; es que, aun en el caso de que ese medio acarrease más coste y más dificultades que otros, sabían bien que la victoria en la guerra, que sin duda podían dar por segura, era parte de la legitimidad que los avalaría, y por lo tanto la guerra no era solo el medio: formaba parte del fin perseguido, que no era el de "conservar las Falkland", sino "conservar las Falkland mediante la victoria de las armas propias".

Insisto, tal vez le esté dando demasiadas vueltas a un asunto bastante más sencillo, solo trato de explicar -y también de explicarme a mi mismo- por qué percibo que las armas no son únicamente un medio, sino que se incorporan al fin

(Y por otro lado, que los niños encuentren placer en los "juegos de guerra" es algo que la reflexión polemológica no debe desdeñar; que la propia simulación de guerra pueda erigirse en juego, arroja una grave sombra de sospecha contra lo que señalo como "racionalización instrumental de la guerra")

Un abrazo fuerte
Juan Sánchez
Estupendo dialogo, amigos. Es lo que este Diario espera de todos sus comentaristas, debatir sobre el tema.
marzo 12, 2009     
Querido juan,
Entiendo bien lo que dices. El incidente de las Falklands fue un medio utilizado por el gobierno de Thatcher sumido en aquel tiempo en un pozo de impopularidad y que marco un antes y un despues en la aceptacion de la dama de hierro por su pueblo. Al igual que para la dictadura argentina, el enemigo externo y las bajas de sangre cohesionan los sentimientos populares de una forma tan ferrea que las criticas a la decision politica son sentidas como traiciones. En la base esta el altruismo que cohesiona a los pueblos y alimenta los ejercitos. El gobierno de Thatcher habia desmantelado practicamente la marina imperial en aquel momento por los recortes presupuestarios de la politica ultraliberal. No hubo premeditacion en la guerra, pero sirvio de medio para alcanzar el fin del poder sobre el pueblo con un sello de sangre. Creo que existen sociedades o tribus en las que la guerra forma parte misma de los ritos de iniciacion siendo un fin en si misma como afirmacion de la esencia organica de la tribu. No hay nada mas humano e impresionante que los ejercitos, como manifestacion colectiva de unidad y fuerza, por lo que su uso es un fin en si mismo en sociedades carentes de esta unidad-fortaleza conseguida por la accion colectiva de ciudadanos libres a traves de la libertad politica como nos ensena la oracion funebre de Pericles. El tema de la guerra me interesa profundamente, por lo que agradezco mucho tus articulos sobre este tema.
marzo 12, 2009     
Gracias, David. Pero no soy desde luego un experto en el tema y como mucho puedo citar unas cuantas referencias que me han influido y en algunos casos impactado. No se si tienes el "Tratado de Polemología" de Gaston Bothoul pero creo que podría hacerte llegar uno, pásame tu dirección postal por correo electrónico. También me interesaron mucho los "Apuntes de Polemología" de Rafael Sánchez Ferlosio, que han aparecido hace poco, y la "Historia de la guerra" de John Keegan. Recuerdo también las reflexiones de Pierre Vidal-Naquet sobre la influencia del mito de Masada en el patriotismo del moderno Estado de Israel, y como describe como algunos conscriptos del ejército israelí suben a la fortaleza de Masada a jurar bandera, con una fórmula que utiliza la primera persona del plural para referirse a los caidos en el asedio romano: difícil ocultar, por tanto, que para los israelíes su patriotismo tiene grabado a fuego la guerra de los judíos narrada por Flavio Josefo, en funciones de legitimación originaria.
Recuerdo también a Jacques Harmand en su libro "La guerra antigua, de Sumer a Roma" refiriéndose a las guerras entre las ciudades-estado griegas, y como lamentaba el torpe empleo de la infantería, como un paliativo contra la incompetencia militar del miliciano cívico, para el cual el puro espíritu agónico importaba mucho más que la explotación táctica de la guerra. Harmand no se recata en sugerir que para las ciudades-estado griegas la guerra tenía una componente deportiva que necesariamente hace redundar la guerra sobre si misma, dejando fuera toda concepción finalista de la misma.
Sobre el poder catártico de la violencia y de la sangre -que al fin viene al encuentro con lo que estamos debatiendo aquí- no puedo resistirme a transcribir un párrafo de Carl Gustav Jung sobre el nazismo, que me produjo enorme impresión:

"Si podemos olvidar por un momento que estamos en el año del señor de 1936 y que, en correspondencia con esa fecha, creemos poder explicar racionalmente el mundo basando nuestra explicación en los factores económico, político y psicológico, y si podemos echar a un lado esa bienintencionada racionalidad humana, demasiado humana, y cargar a Dios o a los dioses, en vez de al hombre, la responsabilidad por los acontecimientos de hoy, no sería nada inadecuado recurrir a Wotan como hipótesis causal. Me atrevo incluso a hacer la herética afirmación de que el viejo Wotan, con su carácter abismático, nunca exhausto, explica mejor el nacionalsocialismo que los mencionados tres factores racionales juntos".

(Hasta aquí Carl Gustav Jung). Solo hay algo en este texto que no entiendo del todo, y es la diferencia entre el factor psicológico y Wotan: es evidente que Jung habla de Dios metafóricamente, entiendo que para referirse a la soberbia patriótico-guerrera, a los mitos fundadores que legitiman el belicoso patriotismo de ciertas comunidades -a semejanza del mito fundador de Masada para Israel-; no veo, por tanto, que pueda establecerse una discontinuidad conceptual entre el Wotan culpable y el factor psicológico citado. Sin embargo, la sospecha que Jung arroja sobre la pertinencia de los factores económico y político como explicación de aquella tragedia creo que sí viene al encuentro con la sospecha que yo he querido proyectar sobre la "racionalización instrumental de la guerra", que Engels asumió sin discusión en su 'Antidühring'. Creo que la intransigencia y la seguridad con que lo hizo ocultaba el temor de Engels a que la sospecha de la existencia de factores no reducibles a categorías económicas como explicación de la guerra y por lo tanto de todo el devenir histórico, podía poner seriamente en entredicho el armazón teórico e ideológico en el que se sustentaba su teoría.

Y creo, por último, que el espectáculo de las cámaras estadounidenses aclamando eufóricamente el Patriot Act que concedía plenos poderes de guerra al presidente Bush tiene mucho de catarsis, de colectiva demostración de fuerza, y, en cierta medida, nos remite al carácter parcialmente lúdico de la guerra misma. Sin perjuicio, por supuesto, de considerar otros factores, pues ello equivaldría a castrar innecesariamente el análisis.

Un abrazo fuerte
Juan Sánchez
marzo 12, 2009     
Querido Juan:

Santiago Carrillo contó a Antonio -podrá corregir estas palabras si falla mi memoria- que lo más difícil de todo el tiempo que duró el Maquis fue dejar de combatir. Creo que esta anécdota ilustra no sólo el poder sugestivo de la guerra, sino la tendencia a perpetuarse de los medios que han adquirido cierto desarrollo material.

Además me gustaría criticar algunos de los contenidos del texto, pero lo haré en artículo aparte para no ser pesado ni desflecar el debate que mantienes con David.

Un abrazo. Dejo la evocación del poema que ahora me asalta: León Felipe, disfrazado de blasfemo, dirige hacia la Responsabilidad la carroza que transporta a los salmistas, poetas, guerreros, reyes y presidentes que cubrieron de falsedad La Tierra. Durante el trayecto se escuchan gritos y llantos. Él responde: “El Infierno no es un fin, el Infierno es un medio”.
Si, amigo Oscar. Es exacto. En el sentido de que ya no podían concebír otro modo de vida. Me lo dijo en una conversacion sobre ETA.

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