En todo caso, la política neoconservadora no ha conseguido realizar sus sueños libertadores llevando la democracia a Europa ni mucho menos a ningún país del resto del mundo. Existen problemas fundamentales en sus postulados, que lo impiden. En primer lugar, no es capaz de separar el régimen de poder del régimen económico creyendo que tanto la democracia como el capitalismo han conducido al final de la historia, sin entender que la democracia formal resuelve únicamente el problema político del poder (quién manda) pero no resuelve el problema de la justicia social y la igualdad, que siempre estarán presentes en mayor o menor medida. Y en segundo lugar, su aberrante y criminal discordancia entre los medios y sus más nobles fines, convierte su pretendida fortaleza moral en un mero juego de la retórica de los impulsos, como escribió el genial Mark Twain.
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