Año II, n° 204, viernes 12 de marzo de 2010

(Foto: Berain et. al.)

La era Bush, la guerra

David Serquera

 

En junio de 1997, cuatro años antes de la elección de George Bush como presidente de los EE.UU. y del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, notables de la política conservadora norteamericana fundan el Think Tank llamado “El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”. Se reúnen en él figuras más tarde conocidas internacionalmente por ocupar puestos relevantes en el gobierno Bush. El documento fundacional lo firman, entre otros: Donald Rumsfeld, después Secretario de Defensa; Paul Wolfowitch, quien estaría junto a Rumsfeld y posteriormente sería Presidente del Banco Mundial; Jeb Bush, gobernador de Florida y hermano de George Bush; el futuro vicepresidente, Dick Cheney; y quien lo fue de George Bush padre, Dan Quayle.

 

En el documento fundacional el objetivo más importante es el de conseguir el “liderazgo global de EE.UU.” a través de la “redefinición de la política internacional” hasta entonces llevada a cabo por la administración Clinton. Se conseguiría mediante “fortaleza militar y claridad moral” para “moldear las circunstancias antes de que la crisis emerja y afrontar las amenazas antes de que lleguen a ser calamitosas”.

 

En 1998 el grupo manda una carta al presidente Bill Clinton en la que se le pide que “elimine al régimen de Saddam Hussein en el poder” debido a que “en un futuro no distante seremos incapaces de determinar con un nivel de confianza razonable, si Iraq posee o no armas de destrucción masiva”. En 1997 William Kristol, presidente del “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”, había escrito por qué la expansión de la OTAN interesa a los EE.UU.: “Lo que importa es que el Senado y el público entiendan que el voto favorable a la ampliación de la OTAN es para prolongar el liderazgo de los EE.UU. sobre los asuntos europeos y para una política que se construya sobre las oportunidades presentadas por nuestra victoria en la guerra fría”. En 2003, ya con Bush sobre Iraq, Lewis E. Lehrman escribe sobre la política energética: “Dado que la connivencia no es tolerada en ninguna industria doméstica, por qué debemos tolerar la confabulación extranjera contra intereses vitales de EE.UU., especialmente de los países productores de petróleo cuya existencia política depende en gran medida del poder militar de los EE.UU.”.

 

Estos tres textos reflejan y anticipan a la perfección, independientemente de los acontecimientos históricos ligados al terrorismo, la política de EE.UU. en la era Bush. Así pues, la llamada guerra contra el terror, solo contiene el desarrollo de las ideas estructuradas antes del ataque del 11 de septiembre: En primer lugar, una política exterior caracterizada por el concepto de guerra preventiva, ilegal en el derecho internacional. Un concepto que fundado sobre una amenaza futura y no inminente, ocluye cualquier análisis objetivo de la realidad quedando las respuestas ejecutivas a merced de la percepción subjetiva de la amenaza. Y que llevado al límite conduce a la guerra permanente, es decir, al endeudamiento estatal y a los beneficios privados de los contratistas del Estado vencedor en la reconstrucción de lo destruido. Algo insostenible para una República.

 

Desde el nacimiento de los EE.UU., la guerra y la deuda pública estuvieron presentes en los enfrentamientos entre Thomas Jefferson y Alexander Hamilton. Para el primero, fundador de la academia militar de West Point como una academia de ciudadanos preparados para dirigir la milicia que protegería la libertad y la democracia del país, la presencia de un ejército permanente era el germen de la tiranía, y la guerra, el último recurso.

Para Hamilton, sin embargo, América sería como “Palas, que aun amando la paz, si estuviera guiado por la sabiduría o por un sentido ilustrado de sus propios derechos o intereses, estaría dispuesto a ejercer victoriosamente su valor para romper el cetro del tirano”. Este sentido moral de compromiso ante la tiranía sería el epicentro del debate político americano un siglo después, tras la derrota del tirano español en Cuba y Filipinas. Theodor Roosevelt dio su propia interpretación de la doctrina Monroe: “la adhesión de los EE.UU a la doctrina Monroe podría llevarnos, en casos flagrantes de mala conducta, a ejercer como una potencia policial internacional” a lo que Mark Twain habría contestado con el diálogo entre el monje y el invasor (*).

 

Sin duda, la imagen de libertador trayendo la democracia y el capitalismo mediante la intervención armada contiene una mística que percute sobre los actores políticos más acomplejados, con esperanzas de poder imperial, y sobre los más ignorantes, con delirios idealistas de modernidad. Es impensable que una guerra en la que se bombardea a la población civil, se asaltan las casas durante la noche en busca de supuestos terroristas, y se tortura a los detenidos, pueda generar con la presencia del invasor, que ya no puede ser libertador en virtud de los medios empleados, un clima de libertad constituyente del que surjan las elites políticas capaces de ofrecer uno o varios proyectos constitucionales para que puedan ser elegidos por la población. Es impensable que la democracia formal sea considerada como un devenir histórico de la modernidad tecnológica como Fukuyama creyó. Si fuera éste el caso, Europa o Rusia serían democracias por la gracia de la técnica y no lo son. Sin embargo, Fukuyama pronto comprendería esto, y escribiría en contra del belicismo de Bush, para renegar del neoconservadurismo y presentarse como un nuevo wilsoniano: “Lo que se necesita ahora son nuevas ideas acerca de cómo América se va a relacionar con el resto del mundo, ideas que retengan la creencia neoconservadora en la universalidad de derechos humanos pero sin sus alucinaciones sobre la eficacia del poder Americano y la hegemonía para llevarlas a cabo”.

 

Pero no todos los neocon han seguido la misma trayectoria de Fukuyama. Bill Kristol, tan sólo hace un par de semanas declaraba en la Fox: “Espero que la administración esté dispuesta a hacer lo necesario para retirar el apoyo a Irán. Podría ser necesario llevar a cabo algún trabajo en su frontera”. A lo que Mara Liasson, analista de la Fox, contestó: “La administración Bush podría resistir políticamente un ataque contra Irán y un bombardeo no sería considerado como una guerra abierta”. Bill Kristol, apodado “el cerebro de Dan Quayle” es, también, editor de The Weekly Satandard, el periódico neoconservador por excelencia, e hijo del padrino de esta ideología, Irvin Kristol. Su periódico esta subvencionado por el magnate Rupert Murdoch de quien es consejero don José María Aznar. La fundación FAES, que éste preside, es miembro de la red Think Tanks en la que figura “El Proyecto para un Nuevo siglo Americano”, entre otros.

 

(*) Recomendamos la lectura de esta hermosa sátira del genial Mark Twain que no pudo ser publicada en vida del autor por motivos obvios. El texto ha sido traducido por  Óscar.

Comentarios (7)
Querido David

Enhorabuena por tu excelente ensayo, que inaugura esta seccion del Diario. Yo mismo, que como sabes sigo siempre atento a lo que sucede en EEUU, he sido mejor ilustrado sobre la evolucion intelectual de Fujiyama. Ha sido muy oportuno el recuerdo de la distintas posiciones de Jefferson y Hamilton. Por otra parte, tal vez sea necesario recordar tambien que la doctrina Monroe (America para los Americanos) fue en lo esencial modificada por Teodoro Roosevelt con su idea de policia internacional, pues aunque en su mente no cabía la intevencion militar o política en Europa, si la consideraba legítima en colonias europeas de cualquier otra parte del mundo (Filipinas. Abrazos.
octubre 31, 2008     
Asi es Antonio. Fukuyama escribio un articulo en The New York Times en 2006 en el que renunciaba a la doctrina neoconservadora y se autodenominaba un neowilsoniano. En este articulo carga duramente contra Bush por la guerra de Iraq y establece la diferencia enre los neocon y el diciendo que su argumento era de tipo marxista, pero que los neocon son leninistas. Fukuyama acaba de publicar un articulo en "The american conservative" que comienza asi: "Voy a votar por Barack Obama este Noviembre por una razon muy simple. No se puede imaginar una presidencia mas desastrosa que la de Bush." Y sigue llamando al castigo en las urnas del partido republicano. Se puede leer todo el articulo aqui:
http://www.amconmag.com/articl...03/00020/
Con respecto a Obama, The economist tambien se ha decantado por el, pero como dice un amigo mio, la victoria estara muy ajustada porque a la hora de votar los prejuicios afloraran como no han hecho en las encuestas. Ya paso anteriormente con un senador negro quien llevaba una ventaja muy amplia en los sondeos y finalmente solo gano por un punto. Lamentablemente un imprevisto de ultima hora va a retrasar mi viaje pero estare para la convencion internacional sobre las finanzas.
Muy interesante el articulo, solo le encuentro algunas pegas. Dar por hecho que los americanos "Es impensable que una guerra en la que se bombardea a la población civil, se asaltan las casas durante la noche en busca de supuestos terroristas, y se tortura a los detenidos", eso es una opinión cuestionable. Casos de tortura y bombardeos a la población civil, los ha habido y habrá mientras se produzcan las guerras. No me parece justo decir que los piases que están allí actúan todos con ese código de deshonor. También decirte que "El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” ha existido siempre, USA ha utilizado todos los medios a su alcance para mantener su hegemonía mundial, no digo que sea aceptable pero es lógico pensar que si mandan es por su larga tradición interviniendo en el escenario mundial.
Pelirrotxo:

Quizá no lo consideres una opinión cuestionable despues de ver cómo un piloto americano bombardea a una multitud

http://es.youtube.com/watch?v=ac6jFHI8cZs

o el documental http://video.google.com/videop...7392146155
noviembre 04, 2008     
Creo que en este caso es oportuno recordar el discurso de despedida de Eisenhower, en 1961, pues explica muchas cosas. Solo lo he encontrado en ingles, sorry.

http://coursesa.matrix.msu.edu/~hst306/documents/indust.html

Básicamente viene a decir que el desarrollo de un mega-industria militar, durante la II guerra mundial, pone a la democracia americana en peligro de sucumbir a los intereses de esa industria.
noviembre 06, 2008     
Estimado David:
Tu artículo me ha traído a la memoria muchas “think tank” (sociedades de estudios) con grandes poderes:
Los Vulcanos (de la que fue gran Maestre Condolezza Rice);
el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, con Henry Kissinger y sucesores);
los sabios de Freedom House;
la Fundación Nacional para la Democracia (NED);
la Fundación Heritage;
el Instituto de Empresa Americano (AEI, con nombres como Lynne Cheney),
el Proyecto Nuevo Siglo Americano (PNAC) del que hablas (dicen que está situado en el mismo edificio, tres plantas más abajo que el AEI, en el que merodean nombres como los que mencionas),
la Institución Brookings (dicen que está cercana al partido demócrata, pero por alguno de sus informes no lo parece);
el Club Bilderberg (son muy interesantes las listas de los que acuden a sus reuniones);
y muchas otras que utilizan las “puertas giratorias” de la calle K de Washington.

Muchas gracias, David.
Espero las siguientes entregas.

Nota: otro día hablaremos de lo que ha hecho la Institución Brookings en la campaña de Obama.
octubre 14, 2009     
Plagio

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