Año II, n° 204, viernes 12 de marzo de 2010
José A. Sanchidrián
  

Torre de radio (foto: Lukasz Strachanovski)

Con capacidad de difusión masiva, en España solamente existe prensa oficial. Ésta, a su vez, es puramente orgánica o se viste con ropajes de cierta independencia. La primera es tan burda que carece de interés. El peligro se encuentra en el segundo tipo, que denuncia la corrupción y demás efectos nefastos del Régimen, pero jamás atribuyéndolos a su causa congénita: la Monarquía de Partidos. Peor aún, pretenden disolver en ella misma tales desgracias —apelando a la alternancia en el poder— a la par que hacerlas asumir al público como disfunciones universales inevitables de la democracia. O, en el mejor de los casos, “regenerar” —esto es volver a crear— el sistema desde dentro, o sea, sin proceso constituyente.

 

Su incapacidad para poder hacer pública la realidad política, lleva a los medios de la referida cuerda a razonamientos que, basados en las falsas cantinelas infantiloides a las que son tan proclives, arrojan conclusiones absurdas. Así, habiendo democracia, los últimos responsables de la actual situación —y anteriormente de otras— no pueden ser otros que los españoles. Rara es la tertulia en la que algún sesudo analista, después de recrearse en describir el horripilante panorama, al no poder referirlo a la inanidad institucional, lo endosa con desprecio a la gente, cuya misión, a diferencia del trabajo de él, no consiste precisamente en “dar forma”, “deformar” en el caso de los profesionales en España, la existencia colectiva.

 

Calificativos como “ignorante” y “lanar”, o sentencias como “se lo merecen” y “es lo que han votado”, aparecen regularmente en las bocas de los potentados de la comunicación social. Olvidan que toda iniciativa que ha surgido de la sociedad civil española, o de alguna región aledaña —habida cuenta del obligatorio clientelismo, aquí es casi imposible encontrar organizaciones absolutamente independientes de alguna administración—, pero que, en todo caso, han necesitado el apoyo resuelto de buena parte de la ciudadanía; desde recogida y presentación de firmas en el Congreso, hasta concentraciones, manifestaciones y, ¡no va más!, huelgas generales; han resultado palmariamente desoídas por la clase política de los partidos estatales. Si estos señores del micrófono y de la pluma tuvieran un mínimo poso de decencia, deberían explicar la verdad: que, como claramente se puede demostrar en cientos de casos que lo atestiguan, las leyes y la acción de gobierno de los dirigentes estatales del posfranquismo son absolutamente ajenos a los españoles. Las instituciones políticas y sociales de la transición se diseñaron precisamente para ello.

Comentarios (7)
Formidable, Sanchidrian. La verdad nunca depende del numero de sus sostenedores. Permanecer en ella es un fin en sí mismo, no solo para conservacion de la personalidad individual, sino tambien para dar dignidad al pueblo a que pertenece. Mañana termino la correción de errores gramaticales -solo queda por hacer el Indice de nombres- de la Teoria Pura de la Republica, dividida en tres libros de lectura autónoma:

I. Revision de la Revolucion Francesa
II. Factores Republicanos
III. Teoria Pura de la República.

Estoy seguro de que esta obra supera, en muchos sentidos, todo lo que he publicado antes. Me emociona dedicarla a vosotros, pues en realidad es la dedicacion de mi vida.
febrero 03, 2010     
El diario está hoy genial, no solo por su contenido sino por los comentarios y las novedades que contienen. Gracias a todos.
febrero 03, 2010     
Cuando ves que el rebaño se empecina por irse al barranco y no es capaz de tomarse la molestia de reconsiderarlo, incluso para no despeñarse, es comprensible que coincidamos en que es lanar.
febrero 03, 2010     
Don Antonio, estoy deseando poder leer su libro. La dedicatoria que anuncia -por la parte que me toca- es un honor que me llena de emoción.


A Luis Vigil:

La metáfora del rebaño es engañosa, pues son los pastores, con sus perros, los que deben conducirlo a buen lugar, evitando que se despeñe. Así, los españoles coincidimos con las ovejas en que no podemos elegir a quienes nos lleven, y en que su interés por nosotros es puramente instrumental. Lo absurdo es utilizar la alegoría para criticar a las pobres ovejas. Esto es lo que quiero señalar en el texto. Claro, que -se pretextará- las personas no son ovejas, y no deben comportarse como tales. Pero es la Constitución de 1978, y la Monarquía de partidos que consagra, lo que nos convierte en rebaño. ¿Has oído alguna vez a los que nos califican públicamente a los españoles como "lanares" intentar destruir el encantamiento que nos transforma en ovinos, o más bien se dedican a limpiar el redil para acomodar a las ovejas a su gusto?
febrero 03, 2010     
¡Viva D. Antonio!
febrero 03, 2010     
D. Antonio: Me emociona su comentario y me llena de impaciencia por conocer su obra.
Gracias Sanchidrián por el magnífico artículo.
Un fuerte abrazo.
febrero 03, 2010     
Un HIP HIP HURRA!!!!!!! por D. Antonio...

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