Año II, n° 288, lunes 30 de agosto de 2010
Rafael Serrano
  

 

Celebro que el irreverente propósito de situar a Rohmer en el panteón de los enemigos de lo natural haya dado lugar a la certera reflexión de Óscar (los poetas son legisladores no reconocidos del mundo, decía Shelley) acerca del conservadurismo; respecto al suyo, el director de La inglesa y el duque (su visión de la Revolución Francesa) no deja lugar a dudas.

 

Óscar ve la conexión entre el cine de Rohmer y la fenomenología pero considera que aquél se refugia en “los aspectos superficialmente estéticos” de esta corriente filosófica. Husserl quería hacer de ella una “ciencia rigurosa” para obtener una visión justa del mundo, yendo a las cosas mismas; algo que había sido ignorado tanto por el psicologismo relativista como por el materialismo de cualquier clase. Este enfoque profundo supone lo que los antiguos llamaban una metanoia, es decir, un cambio esencial o revolución interior. La enseñanza husserliana consistía en aprehender el fenómeno, su autenticidad, uniéndose a él –no existe el amor en sí sin un objeto al que dedicarlo, ni un objeto separado de nuestra intención de conocerlo- en un gesto eidético (esencial) mediante la epojé o reducción fenomenológica, poniendo entre paréntesis todo lo que sabemos, toda la experiencia que hemos atesorado, con el fin de encontrar la intensidad originaria del mundo de la vida.

 

Aprecio la mirada cinematográfica (sin artificios técnicos) de Rohmer porque me permite acercarme o no estar tan lejos de la comprensión del fenómeno humano, y me muestra cómo la palabra, que sólo señala de los objetos su función más común o sus aspectos más triviales, se sitúa entre la cosa y nosotros, enmascarando su forma; y quien consigue que nos desprendamos de los prejuicios que se interponen entre nuestra vista y la realidad, realiza uno de los empeños más ambiciosos del arte, que es el de revelarnos la naturaleza.

 

Adorno señalaba que las obras de arte constituyen síntomas éticos y estéticos de la miseria  social  y   el  espanto  de  la  barbarie, mientras Benjamin sostenía que deben ser afirmaciones alegóricas de un mundo carente de significado. Nietzsche sentenciaba que era el único medio de aceptar dignamente nuestro sinsentido: “el arte y nada más que el arte, tenemos el arte para no morir de la verdad”. Aristóteles definió lo libre como lo espontáneo (que se da cuando el principio de acción está en el agente) con posibilidad de elección. Pues bien, si “las ganas de actuar, la necesidad de hacerlo y la posibilidad de elegir, es decir, de crear” son eminentemente naturales, la verdadera creación es, a su manera, revolucionaria.

Comentarios (5)
enero 28, 2010     
Querido Rafael:

Rohmer me parece superficial precisamente porque se acerca a la realidad apáticamente o -sospecho- con la voluntad callada de que, mientras se busca el numen del verbo, todo siga siendo como es.

Según lo veo, tú mismo haces una dura crítica del cine de Rohmer reconociendo que lo abordas como él se acerca a la naturaleza, instrumentalmente. Si he comprendido bien, tú estarías siendo revolucionariamente creador al relatarle a cualquier interlocutor el argumento de una película. Y, quizá al igual que el director francés, consideras que la creación artística surge de la comunicación de lo meramente instrumental sin tener en cuenta que todo medio (herramienta) no conectado con la idealidad, con la voluntad de mejorar, está destinado sencillamente a convertirse en un automatismo que facilite el trámite para el que fue desarrollado. Y no creo que esa sea la razón de ser de la cinematografía.

Por último sabe que no me importa que hayas decidido arrastrarme sobre mi propia ignorancia tan cruelmente. Comprendo que se trata de un homenaje a Sergio Leone y aun en tan penosas circunstancias reconozco con agrado tu risa sólo apta para barbas de dos semanas y moreno de Mini-Hollywood.

Un abrazo.
enero 28, 2010     
Querido Vilamallén:

Aprovecho la ocasión para contestar tu pregunta del ¿martes?

Los ejemplos de Hitler y Aznar son literariamente hiperbólicos, pero sirven para comprender que si el conservadurismo, para retener lo presente, lo material, ha renunciado a utilizar el arte para crear cosas referidas al futuro, es decir, a seguir la luz del ideal, entonces, cuando falla el presente, sólo dispone de la evasión mística. Y todos sabemos que la mística (guerrera en el caso de estos caudillos), como la utopía, resultan nefastas aplicadas a la Política.

Un abrazo.
enero 28, 2010     
Querido Juan:

Como propuso Rafael, si te parece bien, dejamos en suspenso el debate sobre el cine de Chabrol.

Abrazos.
enero 28, 2010     
Querido amigo:

Rohmer no estimula nuestra voluntad de acción ni tampoco "marca una dirección racional donde no la hay"; su cine no es conmovedor, y por eso no está entre mis preferencias; si nos atenemos a este criterio, como digo en el último párrafo, no puede ser considerado un verdadero creador; pero su cine sí es "desvelador", nos enseña a estar más atentos, a orientar la conciencia, a hacer de cada imagen, a la manera de Proust, un lugar privilegiado. Aquí el medio tiene más importancia que el fin: es una actitud para conocer.

En fin, ten la seguridad, en este homenaje a Sergio Leone, de que nadie podrá tomarte por el malo, ni, mucho menos, por el feo.

Un abrazo.
enero 28, 2010     
Querido Rafael, el buen cine está aun por hacer, pero a mí siempre me gustó Marlon Brandon y como director Buñuel, este reflejó en una de sus películas mejicanas el barrio donde me crié en Sevilla en los años cincuenta a la perfección. Y estaba ambientada en Méjico. Quiero decir que la realidad de Méjico en aquella época y la española era la misma.

Un saludo repúblico

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