Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
editorial
Antonio García-Trevijano
  
¿Servicio judicial?

La señora Vicepresidente del Gobierno, profesional de la dación de fe en el proceso judicial, ha degradado la función jurisdiccional a mero servicio público. En su habitual puesta en escena coqueta de los viernes, se reiteró en la afirmación de que la carrera judicial es un servicio público. Esta grave alteración de la naturaleza de la profesión judicial, dedicada por vocación a la noble misión de diccionar el derecho (juris-dicción), para realizar la justicia positiva, no ha sido debida a una supuesta ignorancia de la diferencia categorial entre función pública y servicio público. Obedece al deseo inconsciente, traicionado por sus palabras, de nivelar por abajo a sus antiguos jefes, reduciendo la magistratura a servicio público, como los transportes urbanos, con el baremo de la productividad. Coherencia de los gobiernos oligárquicos que ponen la judicatura a su servicio doméstico.

 

Sin caer en la cuenta de que su opinión legitima y remotiva la huelga de los jueces, vuelve a vejarlos al recordarles que su sueldo ha subido más que los índices de inflación, y que la legalidad del paro es una cuestión doctrinal sobre la que no quiere pronunciarse. La portavoz del gobierno no se cree obligada a comunicar, a la opinión, cuál es la postura del ejecutivo ante el original paro colectivo de la judicatura, hecho insólito en España, que ha sido provocado precisamente por él, y dirigido exclusivamente contra él, a causa de su permanente ignorancia, incomprensión y desprecio de las tradicionales reivindicaciones materiales de los juzgados y tribunales, repetidas, sin resultado positivo, ante todos los gobiernos de la Transición.

 

Mientras que el servicio crediticio de la banca, alabado hasta hace unos días como el mejor del mundo, es salvado del abismo financiero con cuantiosos fondos estatales, el Gobierno del PSOE deja que se hunda en la miseria de la escasez, hasta la quiebra de su funcionamiento mediocre, a la administración de justicia. Después de 30 años de implantación estatal de la escala de disvalores sociales, creada con la perversa igualación intelectual y cultural de las profesiones, por temor al desarrollo de la inteligencia y de la integridad en las más exigentes, no hay ya vocación de nobleza, en la dedicación a la justicia, la docencia, la investigación o la información, que sea distinguida y dignificada con el signo de la excelencia, reservado en exclusiva a los inestigmatizables capitostes de la Monarquía de Partidos y a los oligarcas de la desinformación o del dinero. La sabiduría, al ostracismo.

 

florilegio

 

"Con poder político, los pobres de espíritu son magnánimos con los muy ricos, generosos con sus semejantes y ruines envidiosos del talento notorio."
Comentarios (9)
enero 19, 2009     
No es de extrañar esa calificación de la Judicatura viniendo de quien hace verdad aquello de que "aunque la mona se vista de seda,...".
Ultimamente el tema de "los servicios" está de moda para los sociatas. Hay que recordar que en La Moncloa se han instalado servicios (urinarios) inteligentes. Es motivo, pues, de esperanza.
enero 19, 2009     
Vaya, por fin hay algo inteligente en La Moncloa.

Estimado Antonio:

Desde el gobierno se trata a los jueces como lo que son, como simples empleados, y éstos responden protestando sobre las condiciones del apesebramiento y no contra éste.

Llego a plantearme si la aceptación de tal condición por los propios jueces se debe a que no se sienten capaces de disponer de su presupuesto o establecer de su propia organización funcional y organizativa, o que sencillamente no quieren aceptar esa responsabilidad porque es más cómodo y desean vivir en una jaula de oro.

En cualquier caso, no les corresponde a ellos decidirlo, porque es nuestro derecho el tener una Justicia independiente.

Un abrazo.
Querido Pedro

Nuca esperé de los jueces ninguna aportación al combate por la libertad poitica. Ý es ésta,no la ambicion, la vocación o dignidad de profesion alguna, ni siquiera las liberales, la que exige la division y separaracion de los poderes. Si apoyamos el movimiento judicial, a conciencia de que no busca su independencia, lo hacemos para que los gobernados vayan comprendiendo a donde conduce la duración de la Monarquía de Partidos.
Estimado Antonio:

No se puede ser más preciso que tu para definir esta corrupción institucional.

Un abrazo.
enero 19, 2009     
Esta señora vicepresidenta es lógico que diga eso, de otra manera no habría tenido la posibilidad de librar al Sr Botín de la cárcel, cuando el Fiscal del Estado fue a por él con todas las pruebas en la mano sobre el escandaloso caso de las cesiones ilegales de crédito al Banesto, el banco de su hija. Esto más que una partitocracia parece una Monarquía feudal.
enero 19, 2009     
La degradadación de la Justicia a un mero servicio público denota el desprecio hacia la Ley de nuestros gobernantes y representantes. Desde luego, no es un "servicio" que hayan pensado para "ellos" porque saben que las altas instancias judiciales están repartidas según las cuotas sus partidos. Ello supone cuanto menos una garantía de inmunidad o exculpación y si fuera necesario un arma de uso politico.
En el actual panorama, la mera pertenencia a un partido con representación política permite disfrutar de un status personal de privilegio que atropella a toda norma jurídica, ética y moral. Las siglas de los partidos se imponen por la fuerza al pensamiento, a las ideas, a la inteligencia, a la razón, a la cultura o a la ciencia...y el ciudadano así lo asume, convencido de que así lo ha querido el Pueblo.
enero 20, 2009     
Observador

Creo que este diario debería diseccionar, con los buenos expertos en Derecho que tiene, casos como los de Emilio Botín. Ahí se ejemplifica de una manera brutal y clara, como incluso, sobre la marcha, los jueces reinterpretan ley, yendo en contra de la constitución y el abc de la jurisprudencia, para liberar a un criminal de cuello blanco amigo del gobierno, con la ayuda del abogado del Estado y el Fiscal, todos a las ordenes del Jefe de Partido de turno. Protagonizando un sainete de juicio que causaría sonrojo incluso en una dictadura bananera.

Recordemos aquel caso del humilde molinero que denuncia al mismo rey Prusia, Federico II, y le gana el juicio, exclamando: "aún quedan jueces en Berlin". La España de hoy tiene menos garantías judiciales que la de la monarquía de Federico II. A lo mejor con eso se refiere la inefable vicepresidente por servicio público.
Estimado Uno Más:

Seguramente esta semana se publique una columna mía diseccionando la "doctrina Botín".

Saludos

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