Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
editorial
Antonio García-Trevijano
  
Exvotar a Europa

Votar tiene varios significados. Si no expresa la acción de elegir personas o aprobar mociones, si no exclama amenaza (voto al diablo) o no hace votos por un deseo, votar tiene el sentido de la promesa votiva, la del exvoto depositado en lugar sagrado a causa del favor recibido o esperado de algún benefactor celestial. Aquí, el prefijo “ex” no indica que la acción de votar haya cesado, ni que pertenezca al pasado, sino precisamente que lo recibido o esperado viene del voto, procede de la ofrenda. Los pueblos primitivos ofrendaban toda clase de objetos, llamados amuletos porque lo habitual, dada la cantidad de cojos venidos de la guerra, era colgar de un muro público las propias muletas. La religión eclesiástica heredó esos usos míticos, colgando en muros sagrados (etimología de anatema) toda clase de muñecos, y poniendo velas cada vez más gruesas en los altares. Y el pueblo desamparado encendía, en sus hogares, una a Dios y otra al diablo.

 

Ninguna otra votación política expresa tan bien el sentido religioso, incluso mágico, del voto a partidos o coaliciones de partidos, como la que deposita el devoto creyente en las urnas europeas, ofrendándolo a la nueva diosa de la fortuna española, esa divinizada Europa que nos sacó de la dictadura y nos enriqueció con el euro. Por gratitud a la homologación que nos otorgó, y por esperanza eterna en las subvenciones que al parecer nos regala, los españoles sienten el deber, más que el derecho, de amuletar sus cojos andares con papeletas metidas en las ranuras de la matriz europea. La evidente irracionalidad de esta absurda creencia en el exvoto europeo, que los partidos estatales aprovechan en su beneficio, no quiere decir en modo alguno que también sea absurda para el sentimiento de las masas creyentes en la utilidad de los amuletos. Desde el “credo quia absurdum” atribuido a Tertuliano, hasta lo absurdo como primera verdad de Camus, la fe en la irracionalidad ha llegado a ser la fuente de la última racionalidad política. Cada día de votación es fiesta de acción de gracias a los partidos. Tras la guerra mundial, la absurdidad racionalizó la política con el expediente de no permitir, a la libertad de elección de listas de partidos, la posibilidad de no elegir, por grande que sea la abstención. Siendo elección de partido para sí mismo, esta votación “puede parecer absurda, y lo es, pero no porque carezca de razón, sino porque no ha tenido posibilidad de no elegir” (El Ser y la Nada, 1943). Sartre anticipó lo por venir, al finalizar la guerra, con el sistema proporcional de votar sin elegir. Un contrasentido personal.

 

florilegio
"Lo absurdo para la razón puede no serlo para el sentimiento colectivo, pero lo absurdo del sentimiento personal también lo es de la razón de su vida."
Comentarios (6)
Estimado Antonio:

Maravilloso artículo. Es como si se nos convocara a las urnas del divino secreto, arcano, remoto y salvífico por aquellos "que saben lo que nos conviene" (en palabras de los Del Río).

Un abrazo
mayo 20, 2009     
Querido don Antonio,

Gracias por las lecciones que me está dando desde hace unos meses que les vengo siguiendo a través de este diario, los escritos y vídeos de su blog y un par de libros suyos que acabo de conseguir. Quería hacerle una consulta (y sé que esto no es un consultorio, pero no encuentro alguna dirección suya más personal y tal vez su respuesta les pueda servir a otros). He sido convocado para participar como vocal en una mesa electoral para las elecciones europeas que nos ocupan estos días. Mi instinto me dice que, igual que votar en ellas, participar en su realización sería una impostura. Pero mi negativa supondría algunos días de cárcel y algunos meses de multa (según la amable misiva). Me gustaría saber su opinión sobre lo que debería hacer.

De nuevo le pido disculpas por utilizar este medio para algo tan personal.

Muchas gracias y un abrazo.
Yo estoy deseoso de que me nombren para una mesa, pero no tengo esa suerte. Me gustaría ver que hacen cuando objete en conciencia a participar en esa farsa electoral. ¡Ójala me intenten meter unos días en la cárcel¡, eso sería una ventana del MCRC a los medios de comunicación, que podría beneficiarnos más que perjudicarnos. Crearía polémica, y se conocería nuestra causa, que es la de muchos, sin que aún lo sepan.
Querido Javi, en modo alguno puedes participar en la farsa de modo voluntario. Eso ya se planteó aquí por alguno de los republicos que tambien fue convocado a la Mesa. Si no admiten la objeccion de conciencia, puedes encontrar una causa justificada que te impida asistir el dia 7 (enfermedad, cuidado de algun enfermo, viaje, etc.) Y si tuvieras que asistir, declaras a los integrantes las razones por las que tu no votas, ni te consideras moralmente apto para controlar el voto de nadie. Todo de forma muy educada.
Creo necesario aclarar que Sartre en esa frase no se referia a los partidos politicos.
Estimado javi:
Y si tu coherente actitud tuviera alguna consecuencia o te asaltara alguna duda, estaré encantado en ofrecerte mi modesto asesoramiento ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )-
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