Año II, n° 204, viernes 12 de marzo de 2010
editorial
Antonio García-Trevijano
  
14 de abril

No todas las celebraciones de aniversarios de los grandes acontecimientos históricos en cada país tienen la misma motivación ni la misma finalidad. Unas son festivamente orgullosas, como las del 4 de julio en los EE.UU. y 14 de julio en Francia, porque son fechas simbólicas de la conquista de la libertad colectiva, contra el absolutismo monárquico. Otras son tristemente nostálgicas, como la del 14 de Abril de 1931 en España, porque recuerdan la promesa de lo que pudo ser y no fue, sin haber dejado rastro institucional de aquella esperanza de liberación. Es normal que tantos años de dictadura y de Monarquía de Partidos, tanta propaganda oficial contra la verdad de lo que significó el día de aurora de la libertad para los españoles, y en medio de una pobre cultura que solo admira el éxito de lo actual, hayan terminado por unir el recuerdo de la República con el de la guerra civil.

 

La historia de los historiadores no ha hecho justicia al prometedor alumbramiento, casi espontáneo, de la II República, ni a la debilidad congénita que la condujo, por sus deméritos institucionales, al cementerio de las ideas. La novela tampoco ha explicado bien las causas de aquella exaltación y de aquella caída. Con los feos espectros republicanos creados por la ideología franquista y monárquica, entre las brumas de tan impía propaganda, la gran mayoría de los españoles sigue confundiendo la causa de la República con los motivos de la Guerra civil. Y los rescoldos republicanos que aún perviven, por narcisismo de los mayores y rechazo monárquico de los jóvenes, avivan esa suicida confusión. La República Parlamentaria llamó a gobernantes inteligentes y honestos, pero sin talento de estadistas capaces de domeñar, por medios institucionales, las ensoñaciones ideológicas de las masas. La República no fue responsable de la guerra civil. Carecía de un poder ejecutivo independiente del legislativo que, con el absoluto control del poder militar, pudiera evitarla.

 

Pero ni siquiera esta débil concepción de la República puede ser achacada a los dirigentes políticos que inspiraron su Constitución. Su preparación era parecida a la de sus colegas europeos. Incluso Ortega y los intelectuales que se agruparon en defensa de la República no percibieron la causa de la impotencia constitucional. Desde el final de la guerra del 14, ni un solo pensador, intelectual o político europeo comprendió la incapacidad del sistema parlamentario, monárquico o republicano, para impedir el triunfo del fascismo. Sólo encontramos los presentimientos de André Tardieu, tres veces Presidente del Gobierno francés, que en 1936 llamó al sistema parlamentario “servidumbre de la unanimidad y tiranía oligárquica”, o las lamentaciones de Léon Blum, desde un campo alemán de concentración, añorando la superioridad democrática de los sistemas americano y suizo.

Comentarios (8)
abril 15, 2009     
Querido D. Antonio

Recuerdo un texto de Josep Pla en el cual aludía con cierto desdén a la condición de "ateneístas" de la mayor parte de los políticos que se incorporaron a la República, los cuales creían que simplemente diagnosticando en una tertulia los problemas seculares de España y votando una solución entre todos el asunto ya estaba resuelto. Así es como al parecer el Ateneo llegó incluso a someter a votación la existencia de Dios. Creo que a la Segunda República le sobraron ilusiones y le faltaron republicanos. Y desde luego le sobraron enemigos a izquierda y derecha dispuestos a asaltarla con las armas

Sobre el sistema institucional que aquel régimen arbitró, es muy llamativo el modo por el cual habría de elegirse al presidente de la República: mediante un colegio mixto formado por el parlamento y un número de compromisarios igual al número de parlamentarios y promovidos por elección directa del pueblo. Pero además, este presidente elegido de esta forma "mixta" habría de compartir el Poder Ejecutivo con el primer ministro elegido por el parlamento. Yo no se si hay antecedentes en la historia constitucional europea; desconozco los pormenores del debate constitucional pero me pregunto en que posición quedaba el presidente frente al parlamento ante la heterogeneidad de su procedimiento de elección. Si la elección provenía de los parlamentarios parece obvio que estos podrían removerlo; si la elección provenía del pueblo solo el pueblo estaba facultado para destituirlo. Al mezclar ambos procedimientos de legitimación tan opuestos el resultado no puede más que derivar en el caos y en la propia indefinición de la posición institucional del presidente; supongo que en esta tesitura su autoridad tuvo que verse muy mermada y acabó siendo víctima de las letales maniobras partidistas entre las facciones enfrentadas en el Legislativo.
Por lo demás, opino igual que usted. La Segunda República, en su constitución, tuvo una honestidad de la que este régimen carece por completo. Pero con la honestidad no es suficiente

Un abrazo fuerte
Juan Sánchez
Estimado Antonio:

Tú lúcido y oportuno artículo merece máxima difusión en esta fecha. Los errores de la II República fueron fatales a la vez que pueriles. Sin embargo, algo tendrían esos republicanos de primera hora para ser como fueron luego perseguidos hasta la aniquilación física por los enemigos de la libertad (de los dos lados) y más tarde borrados del recuerdo de la historia oficial, bien presentándolos como anécdota y símbolo de fracaso, bien siendo objeto de apropiación ideológica y simbólica de aquellos que estaban en las antípodas de la moderación e intelectualidad republicanas arrogándose el papel de defensores de algo que trataban de destruir desde dentro.

Un saludo afectuoso.
abril 15, 2009     
CONSULTA

Querido D. Antonio

Un miembro de la junta directiva del Ateneo Republicano de Galicia, al cual le ha satisfecho en extremo el contenido de esta columna, me pregunta si usted tiene algún inconveniente en que publiquen este texto en la página web de la organización, por supuesto citando la fuente (Diario Español de la República Constitucional)

Muchas Gracias,
Juan Sánchez
Me complacerá mucho que el Ateneo R de Galicia publique nuestro editorial de hoy. Abrazos y gracias.
abril 15, 2009     
A mí me gusta la gente que habla claro. Y es reconfortante que, admitiendo los errores de base de la II República, afirme que aquel intento de democratización del país NO fue el causante de la guerra. La guerra la buscaron los de siempre, en el fondo, los mismos que hoy permiten que la Banca española suba un 4% los intereses que se marcan en Europa. Gracias por su claridad, sinceridad y contundencia.
abril 16, 2009     
Supongo que está claro que al 4% le falta un 0, en realidad un 3 (error al teclear). Un 43% más alto.
abril 16, 2009     
Sr. García-Trevijano he leído algo sobre lo que Vd. ha escrito sobre el Arte, lato sensu, pero no me convence la tesis (y quizá no sea la suya, y me esté, en esos momentos, equivocando) de que el arte moderno sea puramente 'meterialista'; o puede que sí lo sea, pero el caso es que, para mí, el concepto de 'Belleza', tiene que ver con la propia materialiad y formalidad de la obra; luego, no debe, en mi opinión, mover sentimientos no puramente estéticos, originados en la materia y forma, y es que creo que, de hecho, deben dejarse aun lado; el espectador debe dejar a un lado para gozar o participar de la belleza, de otros propósitos a los que quisiera, incluso, llegar el artista; no busquemos pues, actitudes ancilares en arte. Esto es, que la obra se basta así misma material y formalmente como portadora de belleza. De hecho, yo no soy politeista y me gusta, me parece bello, un bronce del griego Neptuno, aunque su primigenia función fuera fundamentalmente cultual. No he tenido todavía el placer de leer su libro 'Ateísmo estético', entre otras cosas por, ya sabe, la precaria condición del estudiante. Quizá con algo de suerte, y euros, me haga con un ejemplar, y complete el conocimiento que me falta de sus tesis.

Saludos cordiales
abril 16, 2009     
Doin Antonio como siempre está Vd. sembrado.
Aquí en mi estepa sigo luchando sin descanso. Las vitaminas que necesito las tomo con la lectura de sus libros y de sus artícjulos. La II República Española se constituyó mal. Una república parlamentaria tiene que elegir a un presidente, esta monarquía bananera, también parlamentaria, no precisa tal elección. El caso es que a los españoles jamás nos han permitido elegir directamente y por el sistema mayoritario a nuestros gobernantes, siempre con trucos para negar la libertad y aparentar la democracia.

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