Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
discriminación
Mauricio Valdés
  
Identidades fetichistas

Arrumbado el marxismo, neutralizada la lucha de clases y apagado el fervor por la “justicia social”, el descontento general se ha disuelto en reivindicaciones de carácter identitario. Al abrigo de la confusa posmodernidad y el difuso multiculturalismo, por doquier se entablan luchas por el reconocimiento de alguna clase de identidad, sea feminista o gay, nacionalista o vegetariana, madridista o antimadridista. El mesianismo de un “mundo mejor”, la utopía de una emancipación humana universal, se han reducido a la vindicación de causas secundarias relacionadas con la minoría concernida.

 

¿Qué tenemos? Una esfera pública contaminada de intereses bastardos y de complicidades con las grandes corporaciones y las finanzas globales, sin Libertad política colectiva y con simples espejismos igualitarios provocados por la demagogia de los gobernantes. Ante esta situación, no sorprende el atrincheramiento en las identidades culturales, y la integración excluyente que enarbola el nacionalismo.

 

A comienzos del siglo XIX el romanticismo alemán rechaza la idea objetiva de nación como una comunidad territorial (dotada de su propio Estado) a la que se pertenece involuntariamente, para identificar la esencia nacional con una comunidad cultural de gentes de una misma etnia y con un idioma característico, a la que el racismo y el fascismo concederán personalidad moral para sentir, ver y perseguir su destino.

 

Este “tema de nuestro tiempo” fue agigantado en España precisamente por el autor de la “España invertebrada”, con la propagación del concepto subjetivo y personalista de nación como proyecto, que primero fue adoptado por los falangistas y después por los que adobaron la Constitución de 1978 con ingredientes tan inapropiados como las “nacionalidades”.

 

A pesar de la aberrante y reaccionaria concepción en la que se apoyan todos los nacionalismos, siguen siendo vistos con simpatía en Galicia y el País Vasco, como si fuese progresista reclamar el “sagrado autogobierno” –ése que Ibarretxe temía perder antes de las elecciones- que les conducirá a decidir que quieren disponer de “su” Estado, para preservar la homogeneidad cultural, lingüística y étnica de sus naciones.

 

J.A. Ibarreche (foto: equipo del lehendakari)

Comentarios (2)
Es util y sano ir desesmascarando el prefacismo de todo el nefasto y superficial pensamiento politico de Ortega.
marzo 02, 2009     
Al igual que mi cuerpo físico, mis sentimientos son resultado del mestizaje contínuo de la evolución.
Oir el término NACION me ocasiona pavor.

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