Año II, n° 283, lunes 26 de julio de 2010
discriminación
José A. Sanchidrián
  
Neoautarquía

Revolución también significa dar un giro completo hasta llegar a la posición inicial. En este sentido, la palabra es propia del movimiento de los astros, pero no pocas veces tal cosa sucede en la historia que, añadiendo la línea temporal como eje, toma la apariencia de unas desiguales hélices cónicas; aunque el caso que voy a referir bien pudiera resultar más pendular que circular.

 

El Gobierno del PSOE-Zapatero ha insistido en el origen exterior de la crisis financiero-económica que padecemos, sin admitir su trágica virulencia aquí, insinuando a los españoles que la solución pasa por el consumo preferente de los productos nacionales. Sin desviarme del asunto, no me resisto a comentar que jamás ha existido una recomendación semejante a los empresarios para contratar oriundos, mitigando así el problema del paro; sino más bien todo lo contrario, estimulando la simple reducción de costes laborales en los trabajos manuales, aumentando así el beneficio patronal (por no hablar de la merma de calidad), al facilitar la afluencia de inmigrantes hasta extremos inusuales.

 

Retomando la señalada recomendación gubernamental, ésta solamente tiene sentido si se sabe que el principal mercado para las empresas españolas continúa siendo el interno y que, además, ni siquiera son lo suficientemente competitivas. Enlazando con lo anterior, la citada reducción de costes laborales no ha servido para mucho más. Sorprende, también, comprobar que España es uno de los países de la UE donde más horas se trabaja y las vacaciones son más modestas. La receta de la reforma laboral con el aumento de la jornada es aquí disparatada.

 

Se trata de un problema de productividad que, cuando está tan extendido, no es un agregado individual sino algo estructural, lo que atañe a la preparación de los trabajadores, a los criterios de selección-jerarquización y a las infraestructuras, responsabilidades del Estado y de la propia dirección de las empresas; o sea, causas de índole sociopolítico.

 

Olvidándonos de la lucha partidista, que contagia la miopía congénita que sólo permite fijarnos en los diversos gobiernos, en vez de contemplar la única trayectoria estatal del posfranquismo; ya homologado el tejido productivo nacional a los intereses externos para ser admitidos en el club, cuando el futuro pasa por algo similar a la autarquía, se constata el rotundo fracaso de una Monarquía cuyo programa siempre ha girado en torno a las Comunidades Europeas y a la división autonómica, aspiraciones del capital financiero por el negocio internacional y de la clase política juancarlera por la multiplicación de los puestos de poder, pero jamás de la gran mayoría de los españoles; así como su mayor mérito, apuntándose el tanto del Estado providencia, lograr que éstos sean incapaces de percibirlo.

Comentarios (16)
enero 27, 2009     
oriundo?de donde?tanto costaba incluir nacional?Gracias por el articulo.saludos.
enero 27, 2009     
Amigo Julio: "oriundo" de España, como creo que se infiere del sentido del texto; problema en poner "nacional" (o "español"), ninguno, de hecho no lo hice por no repetirlo, al colocarlo (ambos) en la frase anterior. Un saludo.
Hola de nuevo. He leído más detenidamente el artículo y ya veo que no es una desfensa de la autarquía. Menos mal.

Lo que veo, como profano, son pinceladas gruesas de los males a solucionar: la monarquía y UE ¿Me equivoco? Personalmente entiendo que hay cosas que mejorar (tal vez esas) y otras que cambiar radicalmente. No ya para
salir de la crisis, sino para hacer de España un país de una prosperidad sólida, referente ético en el mundo y con la dignidad nacional que se merece.

He apuntado en el blog del Mundo las dos más cruciales. Primero: solucionar el problema de la extranjería de una vez por todas, ya sea a la suiza, a la japonesa o reinventando una a la española; podría entrar en detalles pero lo dejaré para más adente, si sigue esta conversación. La segunda es reivindicar la Familia con papeles diferenciados (padre, madre, hijos) como motor económico, moral y de prosperidad para el futuro.

Sinceramente, me importa poco si el PIB baja 10 o 20 puntos pero se endereza el rumbo. De lo contario, serán 10 puntos, igualmente, pero estaremos sentados en un polvorín social con todos los males nacionales: separatismo, corrupción, injusticia social, etc., con un cuchillo puesto en el cuello de los españoles.

Tal y como lo veo la crisis puede ser una bendición si se barre a la clase política actual, y se retoman los valores exitosos de occidente: familia, trabajo, nación y libertad individual.

Un saludo
Fernando,
Madrid
enero 27, 2009     
Amigo Fernando Pastor:

Sería largo y complejo desvelar mis criterios acerca de la enorme cantidad de frentes que has abierto en tu comentario. Para posibilitar aquello que deseas (“hacer de España un país de una prosperidad sólida, referente ético en el mundo y con la dignidad nacional que se merece”) es imprescindible un cambio institucional, la receta del MCRC la puedes consultar en el Blog de Trevijano o leyendo el Diario.

Solamente te replicaré una cosa, si hablas de valores éticos, desde una perspectiva axiológica, éstos son por definición universales, por lo que el calificativo de “occidentales” no es apropiado. Respecto a las libertades individuales en las que terminas, son cuestión de derecho constitucional y justicia (carecemos de una constitución real-racional y de tribunales independientes); y no es lo esencial que se ventila aquí, sino que nos referimos a la libertad política, esto es libertad colectiva. En estas líneas estamos intercambiando ideas que, aunque puedan ser personales, afectan a un colectivo (España) y están pensadas para él; podríamos estar de acuerdo, nosotros y muchos más, y fundar una organización para llevar tales hasta el Estado, existiendo posibilidad institucional real y prevista de que éstas, nuestras aspiraciones (igual da que fueran por interés de nuestra conveniencia, de nuestras creencia, o universal ético) y quien fuere de nosotros personalmente para encarnarlas, pudiéramos competir democráticamente (mediante la norma de la mayoría) para alcanzarlo. ¡Esto es imposible en la Monarquía de Partidos y con la actual Constitución! ¡Lograrlo democráticamente entre todos cambiándolo, nuestra aspiración!

Un saludo
Estimado José A.

Seguiré los distintos artículos de esta publicación que no conocía hasta ahora. Seguro que me resultan muy interesantes.

De todas maneras, sigo sin comprender como el cambio de una institución: la Monarquía, va a arreglar los problemas de este país. Si no es eso y acaso hay más cambios: ¿por qué el de la monarquía es el determinante?¿Cuales son esos cambios intitucionales?¿Qué harían esas instituciones que no pueden hacer las actuales? Personalmente no creo que haya que cambiar instituciones sino dignificar las que ya hay.

A mí me preocupa el poder, no la forma del poder. Su administración, sus errores, sus irregularidades, sus injusticias. El poder hoy está fundamentalmente en manos de 2 partidos políticos. Entre los dos son el poder absoluto de este país. Si se ponen de acuerdo en enjugarse las manos el uno al otro, en tomar una dirección que atenta contra el buen gobierno: la progresista; que sólo conduce a la corrupción moral, a la proletarización de la sociedad, a la disensión pública, a lña devaluación del ser humano: bueno, ahí es donde yo me sublevo. Volvemos a que no son las instituciones el problema, sino los corruptores de esas instituciones.

Creo que he vuelto a lanzar un speech. Disculpa. De todas formas me gustará saber más de tus ideas.

Un saludo
Fernando






enero 27, 2009     
Estimado Fernando: no entiendo tu distinción. Afirmas que no te preocupa la forma del poder sino el poder. Como no lo entiendo bien, te pregunto: ¿quieres decir que no te importa la naturaleza y características de las instituciones sino la identidad de quienes las ocupan en cada momento?. Si es así incurrimos en un grave peligro, que es obviamente el de transigir con una dictadura o un poder político incontrolable, solo porque lo asumen los "nuestros". Puedo estar distorsionando el sentido de tus palabras, pero te agradeceré que nos lo aclares. Y creo que la aclaración te servirá también a ti mismo para darte cuenta de que el poder es, en si, algo inevitable y común a toda sociedad organizada. Sentado este hecho incontestable, lo verdaderamente preocupante es, por tanto, y al revés de lo que dices, la forma que asume ese poder. Que puede ser democrático, oligárquico, dictatorial, feudal, etcétera. Solo hay una forma de poder en la que este es controlable: aquella en la que los poderes del Estado están dividos, separados y contrapesados entre si. Por eso la forma de poder es extremadamente importante. Los problemas que enunciasm que son muy ciertos, se deben, en buena medida, precisamente, a la forma del poder: un régimen supuestamente parlamentario -no presidencialista, por tanto- donde no hay separación entre legislativo y ejecutivo y el primero queda subsumido en el segundo; un sistema de listas con reparto proporcional de escaños, pero con carencia de distritos electorales en los que sea posible identificar a un representante ante el que exigir cuentas. Cuando afirmas que no son las instituciones sino los corruptores de las instituciones el problema, creo que obvias algo importantísimo: el diseño institucional, si aspira a facilitar el control del poder, debe partir del hecho incontestable de que la tendencia natural del poder es la expansión, ergo el descontrol. A las instituciones les corresponde establecer frenos. Que, bien es cierto, pueden no ser utilizados por una clase política corrupta; pero en ese caso no será necesaria una reforma institucional sino solo un recambio de gobernantes, y las propias instituciones lo harán posible. Por ejemplo, el sistema institucional de EEUU tiene una capacidad de reacción frente a una clase política corrupta notablemente superior al español: aquí, la naturaleza parlamentaria del sistema aboca a la absoluta preponderancia del ejecutivo sobre el legislativo -de hecho, no se concibe un legislativo no sujeto al ejecutivo- y por lo tanto ya las instituciones, mucho antes que este o aquel político, son el origen de la corrupción

Un saludo

Juan Sánchez
Estimado Juan,

Todo importa, pero la cuestión son las proporciones. Obviamente el diseño institucional importa, pero lo verdaderamnete importante es que esas instituciones ejerzan sus funciones con la vista puesta en el bien público y el buen gobierno. Si fallan por su diseño, es lógico que se cambien para ser mejorados. Si fallan por que no cumplen con el interes general, es por que atienden a interes particulares, y ahi es donde hay que señalar a las personas, porque son las personas las que corrompen las instituciones.

Respecto a si el poder debe ser sólo democrático. No sé quien dijo que prefería un rey a tres mil tiranos. Estoy de acuerdo en eso. El pueblo se corrompe si se exitan sus bajas pasiones. El pueblo puede ser la ídea más noble, y la chusma más despreciable. Que sea una cosa o la otra depende de factores como la lealtad a la nación, el conocimiento de la propia Historia, la educación básica igual de todos los ciudadanos y, por supuesto, el anhelo de Justicia.

Mi pregunta es ¿Que hay ahora de esos presupuestos en España? Poco y cada vez menos.¿Cuanto en EEUU? Mucho. Creo que eso es lo que marca las diferecnias entre las instituciones de ambos paises. No el cómo están diseñadas.

Saludos
Fernando


enero 27, 2009     
Fernando

Con un sistema institucional como el español hubiera sido imposible en EEUU la exigencia de cuentas a Nixon ante un escándalo como el Watergate, la razón es obvia: la mayoría parlamentaria hubiera salido en su defensa, el asunto se hubiera encubierto en la medida de lo posible y se terminaría pasando página sin apenas resultados en la investigación. ¿Conocemos algún caso en España, desde la instauración de este "sistema democrático", de un político forzado a dimitir como resultado del informe emitido por una Comisión de Investigación parlamentaria? Imposible porque la propia comisión está dominada por la misma mayoría parlamentaria que sostiene al gobierno. Por supuesto que es un problema institucional. Los españoles, de por si, no son ni más ni menos nobles que los americanos. Sin embargo, las instituciones de estos son superiores. Y las instituciones tienen una capacidad de maleducar a la clase política enorme; y de rebote, acostumbrar a los ciudadanos a esta mala educación.

Saludos
enero 27, 2009     
Fernando, con respecto a lo anterior, otro item: un sistema institucional como el americano no hubiera permitido que el gobierno de Felipe González salvase los muebles en la legislatura 93-96 ante la acumulación de casos deplorables: GAL, Filesa, Banco de España, Comisiones del AVE. ¿Cómo pudo llegar a las elecciones del 96 y volver a presentarse? La respuesta es evidente: el apoyo parlamentario de CiU (para los que consideren que la mayoría absoluta es mala por definición, hay que decir que entonces el partido de González no la tenía, pero estaba respaldado por CiU, que actuó como "factor de estabilidad", es decir, como promotora del descontrol del poder. ¿Existía un distrito electoral ante el que los diputados debieran explicación alguna? No) Con un sistema como el norteamericano sería inviable que ante la masiva oposición popular a la guerra de Irak el presidente Aznar persistiese en su apoyo a Bush. ¿Por qué? Porque tenía a su grupo parlamentario sujeto a su obediencia sin un contrapoder electoral organizado en distritos por parte de la sociedad civil. La no separación de poderes unida a la sujeción absoluta de los diputados a su partido vuelve imposible el control del poder. Y este es un problema institucional de primer orden que nada tiene que ver con que los españoles sean, moralmente, más o menos íntegros que los norteamericanos. Si de personas se trata, el tópico de que "en todas partes hay de todo" es muy cierto. Pero con una precisa salvedad: hay pueblos más acostumbrados que otros a transigir con las arbitrariedades del poder. Y eso siempre se debe a su historia institucional. España tiene la suya, EE UU también. Y son muy diferentes.
enero 27, 2009     
Amigo Fernando:

Por supuesto que las instituciones son fundamentales en la cuestión del poder y su control. La responsabilidad está en las personas y tú mismo has hablado de libertad individual. Si te preguntas quién (personalmente, con nombre y apellidos) te representa en el Congreso de los Diputados, esto es quién vota por ti (así podrías saber lo que vota y confrontarlo con tu interés): no podrás responderte, porque personalmente no lo hace nadie. Si fueras un diputado, tampoco sabrías a qué grupo de ciudadanos de la provincia representas (en teoría), compartiendo la tarea (lo cual resulta absurdo) con otros (incluso de otras formaciones políticas), nadie te ha votado a ti y tú estás como miembro de una lista, por lo que has de someterte a las recomendaciones del partido, que si no te excluirá de las listas para la próxima votación. Así no son más que meros comisarios del jefe de su partido, que únicamente le aportan votos propios en el Congreso (son como votos con patas que además cobran un sueldazo que pagamos todos).
En el sistema parlamentario impuesto por la Constitución del 78 funciona la ecuación: Mayoría del Congreso=Gobierno. Toda vez que las jefaturas de los partidos y su burocracia seleccionan la composición de las listas, ejecutivo y legislativo quedan en manos de unas pocas personas (lo que se llama oligarquía), sean de un mismo gran partido (si tiene mayoría absoluta en el Congreso) o de una coalición con los nacionalistas (que multiplican exponencialmente su influencia). No hay posible control del poder, ya que la mayoría del Parlamento está ya sometida al jefe del gobierno (y esto mismo se repite en las CCAA y ayuntamientos). Así nadie es personalmente responsable de nada y todo se diluye en los partidos políticos que obligatoriamente hemos de pagar todos. Además, por definición es imposible que haya democracia si no se elige mediante la norma de la mayoría (nunca te has preguntado por qué no se usa el sistema proporcional –si tan excelente es- en las votaciones del Congreso: pues porque no decide nada). Es fácil ver que los males que tanto se denuncian son la estricta consecuencia de tan nefastas instituciones políticas.

Un saludo
En EEUU las instituciones están puestas a prueba muy amenudo y no siempre funcionan. Nixon es el paradigma de cuando lo hacen (y bien pudo haber sido al contrario), pero hay veces que fallan, como en el caso Iran-contra donde Reagan estaba hasta el cuello y se salvó mediante un títere que cargó con las culpas. Que las instituciones se vean enfrentadas a sus fallos por personas que desean usar el poder en su favor es lo normal.

El problema es cuando la ciudadanía no es capaz de diferenciar cuando el poder actua a favor del bien común, y cuando está sirviendo a los intereses particulares y egoistas de las élites cercanas al poder, a los colectivos privilegiados y a la aristocracia del momento. Ningún pueblo, ni ninguna institución, están a salvo de esta indiferecnia y ceguera colectiva. Además, no se lo van a poner fácil al pueblo cuando la disociación es evidente. Eso sí, los puntos que he comentado antes: educación, principios, partiotismo y sed de justicia, hacen que sea más dificil llegar a estos extremos.
amigo Fernando

La reflexion de una persona, por muy inteligente que sea, está derrotada de antemano por las reflexiones de los grandes filosofos y los hechos historicos que la precedieron. Es triste el esfuerzo de pensar por sí mismo lo que la historia del pensamiento ya ha resuelto. Eso sucede a los que piensan que son las personas las que corroppen las instituciones y no a la inversa, como desde Montesquieu ha venido confirmando sin una sola excepción la historia de las formas de gobierno. Sin libertad politica, garantizada institucionalemnte por la democracia representiva, la corrupcion de los gobernantes y la indignidad de los gobernados es insoslayable.
José A.

Es indudable que el sistema americano y el español son distintos. Pero, por fuerza, en otras muchas cosas son muy parecidos. He visto hace poco "La guerra de Charlie Wilson" y hay una escena donde el disipado Charlie antes de entrar en una sesión del congreso le pregunta a su secretaria qué es lo que le toca votar. La disciplina de voto es algo connatural a los partidos, y los partidos son connaturales a la democracia. Sinceramente, no creo que la democracia asamblearia sea democracia, ni creo que el sistema suizo sea más democrático sólo porque los suizos esten todo el día dandole a la tecla del voto.

El problema es cuando la disciplia de partido antepone intereses particulares al interés general y eso no le supone un problema ni al partido ni a los representantes populares.

Un saludo



enero 28, 2009     
Estimado Antonio,

Si me hubiera presentado diciendo que todo lo que digo obedece a la 5ª Ley de la termodinamica, que es una que me he descubierto yo en mis ratos de ocio; entonces entendería el "rapapolvo". No me puedo creer que en cuestiones de filosofía política no haya posibilidad de tomar partido, y tampoco me creo que ningún pensador desde Montesquieu haya tomado partido, por una postura cercana a pensar que las personas corrompen las instituciones: y que conste que no lo sé, ya me gustaría poder dedicar mi tiempo a leer mucho sobre estos temas.

De todas maneras, por lo que he leído y visto en el pasado, y por la sintesis que buenamente he hecho de ello; sigo en mis trece que son las personas las que corrompen las instituciones, desviandolas sus fines generales hacia intereses particulares de una persona o un colectivo de particulares. Y, ojo, que no estamos hablando de instituciones como la Satrapía o la Santa Inquisición, sino de las comunes en nuestros días.

Saludos
enero 28, 2009     
Amigo Fernando:

No pretendo cambiar tu convicción acerca de que son las personas las que corrompen las instituciones. ¿Eso significa que el actual orden político-institucional de España se diseñó desde la firme intención de la defensa del bien común, y que por ello se consensuó que los partidos políticos fueran financiados por el Estado, y que solamente las jefaturas de estas organizaciones pudieran nombrar a los diputados (dejando a los españoles el papel residual de que les repartamos ciegamente su número al votar) recreando una suerte de presidencialismo parlamentario, como mejor forma de conseguirlo? Allá tú si lo crees así. El drama es que, según tú mismo desvelas en tus comentarios, no ha funcionado bien y va a peor aun; mas como bien insistes que las instituciones políticas en nada tienen que ver con ello y no son el problema, nada hay que hacer al respecto. Pues nada, no desesperes, sin duda llegará una genial generación de españoles cuya integridad moral volteará tan aciago panorama (pues igual que las personas corrompen las instituciones supongo que las podrán purificar), pues con tan fantásticas mimbres cuentan. ¡Ojalá lo veamos! Espero comprenderás que yo no tengo tu fe y pretenda la República Constitucional.

Un saludo
enero 29, 2009     
Estimado José A.
Te deseo suerte en la búsqueda de un cambio para mejor de este país. Pero sinceramente, sigo creyendo que el problema son las personas. Estoy convencido que personajes tan despreciables como nuestro presidente, y organizaciones tan siniestras como el PSOE, corromperían cualquier institución de cualquier pais, por bien construida que esté. El problema (inmediato) no es cambiar las generaciones de españoles, como tu dices, sino cambiar la clase política y cambiarla por arriba. El pescado se pudre por la cabeza. Cambiando a diez o doce personas claves, el cambio para mejor en la calidad del pueblo, y junto a ella, la prosperidad de los españoles, llegaría por aspersión.
Un saludo.


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