Año II, n° 202, miércoles 10 de marzo de 2010
deslealtad institucional
Rodrigo Carbajo
  
A la boloñesa

Manifestación estudiantil (foto: Alberto Rey)

Las recientes manifestaciones estudiantiles contra el Plan Bolonia nos traen, a los que vamos teniendo unos años, recuerdos de otras épocas algo más conflictivas. En los más duros y reivindicativos años 80 los estudiantes se ponían en huelga debido a las reformas educativas que el ministro Maravall impulsaba. Era la época del Cojo Manteca et al. Analizando ahora, con la ventaja de los años pasados, lo que las reformas iban a traer a la educación media y superior de España (informes PISA, universidades mediocres, masificación estudiantil, formación profesional infrautilizada, y un largo etcétera...), quizás nos tendríamos que haber opuesto con más fuerza.

 

Las manifestaciones de hoy en día son, afortunadamente, más pacíficas pero los que las habitan parecen los mismos de siempre: las mismas banderas estrelladas, las bufandas palestinas, las camisetas del Ché... los nuevos revolucionarios de Zara y rebeldes de playstation dan la misma impresión que hace veinte años: juventud manipulada por unos pocos que gustan de hacer ruido. Algunos de aquellos jóvenes líderes estudiantiles acabaron siendo con el tiempo altos cargos socialistas, con su coche oficial y su tarjeta de crédito a cargo del ministerio. Veremos donde acaban los de ahora.

 

La reforma Bolonia puede no ser perfecta, pero es una modernización muy necesaria de la Universidad, especialmente necesaria en España, en donde la institución mantiene prácticas que recuerdan al medievo, donde el "derecho de pernada" académica, la endogamia flagrante e incluso el nepotismo son prácticas que de tan habituales se aceptan como normales. En España sobran universidades, y posiblemente universitarios, una hipoteca que hay que atribuir a las caciquiles parcelas de poder que las comunidades autónomas han fomentado. Debemos ser de los pocos países del mundo que permitimos que un estudiante se pase 10 o más años utilizando fondos públicos para su supuesta formación. Todo el mundo ha de tener derecho a recibir una educación superior, pero eso no significa que todo el mundo deba tenerla. Es necesaria una mayor exigencia, y la introducción de la competitividad en la Universidad española. Lo contrario es seguir dejando las cosas como están, es decir, mal.

Comentarios (3)
marzo 09, 2009     
Agradezco este artículo en el diario sobre un tema tan serio como el Proceso de Bolonia.Desde hace unos días me estoy aproximando a este tema y aunque llevo poco tiempo en ello, la percepción provisional que voy teniendo no es tan optimista:

1. Quizás sea necesario o inevitable una adaptación del modelo español y europeo en general al modelo americano universitario si se quiere que las universidades españolas o europeas tengan algo que decir frente a las universidades americanas, o las pujantes chinas o indias. Pero causa preocupación la posición del modelo español ante esta adaptación. Por lo visto, paises como Inglaterra o Alemania, están en mejores condiciones para afrontar ese proceso, pues la dureza y exigencia de sus bachilleres es capaz de aportar el fondo cultural necesario a unos alumnos universitarios que afrontarán carreras de menor duración y carga lectiva (grado), y una posterior especialización (master).

2. En España, con unos bachilleres cortos y flojos, el futuro estudiante universiatrio se enfrentará en ciertos casos a carreras más cortas en duración (cuatro años, frente a los cinco actuales) y en carga lectiva. Posteriormente deberá costearse una especialización absurda a doble precio que en la actualidad. Es el caso de muchos estudiantes universitarios de Filosofía, Matemáticas, Físicas,... que dejarán de estudiar una carrera de fondo de cinco años para estudiar un grado de cuatro años y un master de un año en psicopedagogías, pedagogías, didácticas específicas, ... si quieren ser profesores de Secundaria. Si este universitario quisiera completar verdaderamente sus conocimientos con filosofía, matemáticas o físicas, debería costearse a precio de otro master dicha especialización (improbable, ¿verdad?). ¿Qué sentido tiene esta especialización que rompe la completitud de los estudios de fondo que inició? ¿No es esta una devaluación del saber?

3. Creo que en un futuro, además de tener pocos universitarios de Filosofía, Matemáticas, Filología,... (la demanda de dichas estas carreras es decreciente) su formación estará devaluada por ser menos general y fundamental y serán menos flexibles ante el mercado laboral. En consecuencia, los futuros y escasos profesores que queden sabrán menos Filosofía, Matemáticas o Filología, además de tener que compartir la docencia de sus materias con profesorado totalmente ajeno a ellas.

4. Me cuesta creer que el movimiento anti-Bolonia sea poco serio, otra cosa es que equivoquen sus planteamientos, o no se esté de acuerdo en ellos. El movimiento Anti-Bolonia, por lo que tengo entendido, supo reaccionar desde un principio a este Proceso de Bolonia con sus propios y escasos recursos, haciendo traducciones y analizando los documentos europeos, difundiendo con conferencias y publicaciones sus críticas. En cambio, los políticos han contado con todo el poder de propaganda de todos los mass-media. Poquísimos artículos críticos se han colado en los medios de comunicación en este sentido y cuando lo han conseguido han sido replicados desproporcionadamente.

Saludos.
Querido Pedro, aunque no le he estudiado a fondo, tengo muchos amigos catedráticos en humanidades, que tambien estan contra el Plan Bolonia. Les he pedido que escriban en el Diario. Uno de ellos, Albiac, ha prometido que lo hará. Tambien se lo pediré a Dalmacio Negro.
Querido Rodrigo

La de unificar la docencia universitaria en toda Europa será excelenete si se hicera hacia arriba, tomado como modelo las universidades británicas. Pera esa no es la informacion que me transmiten los amigos catedráticos que conocen el Plan Bolonia. Para ellos esta concebido con criterios de productividad bajo el prisma de la eficiencia tecnica en la homologacion de titulos-certificados con criterios empresariales. Lo tedré que estudiar, pues me ha sorprendido tu respetable juicio.

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