Año II, n° 289, lunes 6 de septiembre de 2010
crónica del como si
Basilio Aguilar
  
Menos cine, por favor

En una secreta reunión con artífices del cine español, el ministro de Cultura ha abordado con éstos los problemas del sector, que directores como Álex de la Iglesia, Fernando Trueba o José Luis Cuerda, y productores como Andrés Vicente Gómez, Enrique Cerezo o Jaume Roures, cifran en: el excesivo número de películas españolas (un total de 173 en 2008), el desarrollo de una Ley de Cine en el apartado de las desgravaciones fiscales, el perjuicio que les ocasiona la piratería, y la necesidad de cambiar la imagen que tiene el público del cine autóctono.

 

Más tarde, en un acto celebrado en la Moncloa, Zapatero ha destacado la valiosa aportación cultural del cine español y su carácter de “industria de primera importancia en el país”, a la que hay, por tanto, que proteger en un “período complicado pero muy esperanzador”.

 

Según las últimas cifras oficiales sobre la industria cinematográfica cerca de un millón y medio de espectadores se han arriesgado, renunciando a pasar por taquilla, a perder sus referencias o “nuestra identidad, nuestra memoria y nuestra voz” como dice el jefe del Gobierno, el cual ha evocado los tiempos de una posguerra llena de privaciones, en la que los cómicos hacían tres funciones diarias y viajaban por carreteras de tercera, para resaltar cómo, hoy en día, los herederos del cine nacional (Penélope Cruz y Javier Bardem) han subido a recoger nada menos que dos “Oscars de Hollywood”.

 

Al Fondo de Protección de la Cinematografía hay que sumarle los créditos ICO al sector, y añadir las subvenciones del ministerio de Cultura junto a las de los gobiernos autonómicos a películas rodadas en catalán, euskera y gallego. Aparte de estos cientos de millones de euros, la ley obliga a las televisiones a invertir un 5% de su facturación en “producción audiovisual”, por último, una entidad privada, la SGAE, gestiona el impuesto del canón digital.

 

Ante la deserción de espectadores, Pedro Almodóvar ha declinado “la responsabilidad de levantar el cine español”. No obstante, “si los actores son el espejo de un país”, como declama “el de la ceja”, el brazo tonto de la ley, después de su misión en Marbella, puede volver a las pantallas: Torrente, el protector (junto a Zapatero), del cine español.

 

hechos significativos

Berlusconi aumenta la polución ambiental de Italia con sus chistes radioactivos sobre Obama: “él es más pálido porque no toma el sol”.

Miles de autónomos protestan a las puertas del Congreso.

Comentarios (8)
Estimado Basilio:

Excelente artículo. Más al contrario, el cine, como todo el arte no es flor de invernadero que crezca mejor abonada por la subvención, sino fruto salvaje que crece más bonita espontáneamente.
Un abrazo
marzo 28, 2009     
El cine, en cuanto industria, no me parece merecer subvención, pues entonces habría que subvencionar a todo quisqui, ¿o no? Solo se puede subvencionar el arte, lo que tiene que ve con el mundo del espíritu, y de esto, el cine español, salvo rarísimas excepciones, nada de nada: es politicamente servil, esteticamente...mediocre, socialmente...irrelevante, y economicamente...una carga para los contribuyentes. Menos subención y más creación, y que dejen de manejar el cotarro los progres.
marzo 28, 2009     
Suele decirse que el español es parecido al italiano, pero quién lo diría si comparamos el cine que se ha hecho dentro de nuestras fronteras con el del país transalpino. Tres décadas después de la muerte de Franco, y aun siendo cierto que coincide esta etapa con el pleno asentamiento de la moral y gustos posmodernos (que en parte, junto a las nuevas tecnologías, han acabado con el cine), uno se pregunta, forzosamente, cómo es posible tanta chabacanería, vulgaridad, horterez y, lo que es peor, distancimiento absoluto respecto a la realidad del país, en la mayor parte de las películas que aquí se han rodado.

Respecto a las subvenciones ya se sabe... voy yo a pedir una para escribir un libro sobre cómo cocinar el bogavante... ¿me la darán? ¿O tengo que arrimarme al árbol del poder político, para que me cobije la sombra de la pleitesía? No obstante, el problema es mucho más profundo: el tipo de cultura implantado por los valores franquistas (la propia progresía española es consecuencia de la dictadura, como si se tratara de una monja que sale de un convento y se vuelve ninfómana) ha derivado en una auténtica eugenesia que ha cambiado al pueblo español. Sólo así se explica (con independencia de la peste posmoderna) el vacío de ideas, la falta de inspiración y la frivolidad del arte español en décadas, siendo acaso el cine el ejemplo paradigmático de este desierto cultural, en el que se nos aparece como un arrugado cactus.

En consecuencia, y con raras excepciones (alguna película de Camus, algo de Aranoa, a lo Loach) la cinematografía española, cuyas señas de identidad son el chiste grosero y el más burdo folleque, no representa en absoluto la realidad del país. Al menos, eso quiero pensar. Quiero pensar que no somos todos unos descerebrados almodovorianos o unos cursicasposos garcianos, que no somos unos frívolos truebanos o unos hediondos santiagoseguranos. Que aquí hay gente que podría inspirar una 'Ginger y Fred' (Fellini), una 'La familia' (Scola), una 'Cinema paradiso' (Tornatore)... películas todas ellas, por cierto, relativamente recientes, es decir, rodadas ya en plena posmodernidad, y para las que no hizo falta un gran desembolso de dinero.
Hay sobradas razones objetivas y datos comparativos para defender lsa tesis de que el arte, en todos sus generos, no debe ser subvencionado ni premiado economicamente en su propio país.
marzo 28, 2009     
El ejemplo de Buñuel en Méjico rodando con muy poco presupuesto y consiguiendo películas como Los Olvidados, Él, La vida criminal de Archibaldo Cruz, y otras muchas. Lo mismo en el caso de Berlanga que en tiempos del franquismo rodó una de las mejores películas de nuestra historia, El Verdugo. En fin existen muchos más ejemplos que demuestran que no es necesaria la subvención si existe verdaderos creadores.
marzo 28, 2009     
Yo defiendo que el cine español, a pesar de ser infecto, no es tan infecto como la mayoría de la gente piensa, puesto que hay un buen puñado de directores muy valiosos en España (y algunos jóvenes, como Mercedes Álvarez, Isaki Lacuesta o el especialista en terror Paco Plaza).
Aún así, estoy completamente de acuerdo con vosotros en que el arte no debería ser subvencionado nunca. Y al leer esta crónica de Basilio, me he acordado de varias entrevistas que dio Álex de la Iglesia hace semanas, cuando salieron las recaudaciones en 2008 a escala mundial. Os enlazo una que no tiene desperdicio:

http://www.cadenaser.com/cultura/audios/alex-iglesia-estoy-poco-huevos/sernotcul/20090312csrcsrcul_1/Aes/

El mensaje del director vasco es, básicamente, el siguiente:
"Españoles: ¿queréis un cine mejor? Pues dadnos la pasta que le dan a Spielberg en USA, y ya veremos..."
A veces, los señoritos del cine español me recuerdan a los nacionalistas: todo el santo día reclamando dinero del contribuyente para sus disparates.
marzo 29, 2009     
El problema de las subvenciones en el cine, es que al ser este medio hoy en día el mejor vehículo posible para controlar a la ciudadanía, implantando la ideología oportuna, tiene que resultar imposible rodar obras con mordiente cuando dependes del Estado. ¿Alguien se imagina que pueda llevarse a cabo una película como 'Underworld USA', de Sam Fuller (donde viene a decirse que todo está podrido) cuando la oligarquía te vigila? Es cierto que en la URSS se hicieron grandes películas subvencionadas, pero todas se encuadran en el llamado realismo socialista, que idealizó a una clase y demonizó a otra. Cuando alguien (el ejemplo es Kalatozov con su arrolladoramente romántica 'Cuando vuelan las cgüeñas') pretendía (aun sin abandonar una visión vamos a decir de "izquierdas" del mundo) desarrollar cierta autocrítica en su discurso, su carrera podía darse por finiquitada (así Tarkovsky acabó yéndose a Suecia). Pues entonces, imaginemos hoy a un director que recibiera el dinero para su proyecto del Estado y cuya película, para sorpresa de las autoridades, tratara sobre la vida de un hombre independiente, amargado en tanto que sus expectativas (ya no políticas, sino sociales) hubieran sido destruidas por la oligarquía: ese hombre podría ser, por ejemplo, un arquitecto, es decir, un profesional liberal. Imaginemos que la cinta tuviera un hilo argumental (como en el noir) y no fuera una mera sucesión de escenas poéticas, y que ese argumento se centrara en la corrupción social, política, moral, etc., de nuestro tiempo. Imaginemos que, a lo Peckinpah, disparara todo su odio contra el sistema. ¿Podría, tras el estreno, tras dinamitar los mitos de la sociedad de consumo y el mundo feliz de la posmodernidad, seguir haciendo cine?
Completamente de acuerdo con Lobo Estepario. No puede existir verdadera independencia cuando se es subvencionado por un estado tremendamente politizado. Estamos viendo el mismo ejemploen muchos canales de televisión favorecidos en su momento por Zapatero. Están pagando los favores desde que comenzaron a emitir y sus informativos - así como los guiones de muchas teleseries y programas de humor - son absolutamente sectarios.

P.S.: Felicitaciones por el sitio. cada vez de gusta más. Saludos.

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