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Año II, n° 289, lunes 6 de septiembre de 2010

Nacimiento en Las Catedrales (foto: Óscar)
Estaba de pie, mirando por la ventana. No quería nacer. Se encontraba cómodo enterrado junto a su familia, un compañero de cervezas, una amante y el perro que lo esperaba siempre contento en el jardín. Estaba bien sabiendo que los carteles que tanto le gustaron seguían ahí: Mona Lisa y Clark Gable, Betty Boop, Ana Arendt, el Gran Dictador. No le importaba seguir acompañando por toda la eternidad al soldado desconocido y no le producía insomnio haber desperdiciado su brillantez original en las respuestas de Trivial, la taxonomía Ikea, el camino hacia el funcionalato y en el cuidado meticuloso del radio de acción que podía abarcar, su jardín ético.
El arcángel podría volver cien veces más a comunicarle que el bautismo de la libertad está cerca, pero no se movería de allí mismo, no levantaría los codos del alféizar. Nadie debía salvarlo de lo que él mismo había escogido, nadie tiene derecho a hacer algo así. Su resurrección civil no provenía de la obsoleta, decimonónica rebeldía política, sino de la blogosfera, donde no hay Estados, ni sólidos, ni líquidos, ni gaseosos. Y sabía de lo que hablaba, esa sencilla ocurrencia había supuesto el reconocimiento unánime de su talento en Internet y millones de visitas a su página personal.
El mensajero de Dios habíale dicho que cuanto más alto subiera en el escalafón intelectual de la sociedad corrompida por los pecadores, menos permeable sería a la verdad y a la belleza, y más consideraría una necesidad para la propia afirmación el desprecio previo, pero él no había permitido revelar a su rostro el menor atisbo de turbación: soy ateo, llegó a espetarle al plumífero. El maldito ángel de la libertad había invadido su intimidad para anunciar una llegada, diciendo que estaba lleno de gracia. Impertinente, impertinente, impertinente.
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Óscar
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Horario laboral
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El Parlamento europeo ha suspendido la directiva del Consejo de Europa que acordó la libertad de empresarios y trabajadores para aumentar el tope de tiempo laboral, hasta sesenta y cinco horas semanales, mediante contratos individuales. Si en el plazo de ochenta días, a contar desde el 20 de enero próximo, el Consejo no envía al Parlamento una enmienda conciliadora, la directiva devendrá nula. El asunto es de envergadura. Pues, contra lo que aparece en la superficie de la dialéctica, no se trata sólo de una disputa de liberales contra socialdemócratas, o de conservadores de lo social frente a innovadores de la práctica laboral, como tampoco es una confrontación de intereses inmediatos entre Gran Bretaña, apoyada por los países del Este incorporados la UE, y el resto de los pueblos europeos.
Lo que late en el fondo de la disputa es una diferencia sustancial de criterio político sobre el modo más eficiente y económico de resolver el problema de la competitividad europea, en el contexto de la Ronda de Doha, con una libertad mundial de comercio sin aranceles ni subvenciones, y en el oscuro texto de una crisis depresiva de la demanda cuyo final no se adivina.
De un lado están los partidos y sindicatos estatales que no quieren progreso económico pagado con lo que consideran regreso social. No proponen plan alguno para evitar la deslocalización de las grandes industrias europeas en busca de paraísos de mano de obra barata, ni ofrecen ideas para mejorar de modo relevante la productividad europea. De otro lado se sitúan todos los empresarios que temen ser desplazados del mercado por los precios de los productos procedentes de los países emergentes, y todos los trabajadores que, en tiempos de penuria o de necesidad personal, prefieren trabajar más horas, en su propio provecho y en el de su empleador, antes que arriesgarse a perder el empleo, por quiebra de unas empresas devenidas incapaces de competir con la importación de mercancías más baratas que las suyas.
Aumentar las horas de trabajo de modo voluntario es ciertamente un modo desesperado de aumentar la productividad. Pero no más desesperado que el de aferrarse a los derechos laborales para caer, muy abrazados a ellos, en el hondo precipicio al que se avecinará inexorablemente todo el sistema de seguridad social, pensiones y asistencia estatal, si la actual crisis depresiva de la economía se prolonga varios años, y la productividad europea no se aumenta con medios tecnológicos y fuentes de energía de mayor eficiencia.
florilegio
"Las conquistas sociales del pasado suelen ser rémoras de las conquistas futuras."
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Antonio GarcÃa-Trevijano
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Empleo y crédito
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El jefe del Ejecutivo ha indicado en el pleno del Congreso de los Diputados que los frutos de las medidas anticrisis promovidas por el Gobierno empezarán a cosecharse en la primavera de 2009. En ese momento, merced a la inversión pública de 33.000 millones de euros -la mayor cifra de los últimos treinta años-, “se generará un volumen muy estimable de empleo”. Pese a la destrucción de empleos en las ramas vinculadas a la construcción, Zapatero sostiene que las cosas no van tan mal, ya que se están creando trabajos en los sectores más productivos e innovadores.
En España, el 60% de lo que han prestado los bancos se ha destinado al conjunto del sector ligado a la construcción, que debe 1’12 billones de euros. En todo caso, el apoyo a las entidades financieras y las reducciones de los tipos de interés tendrían que redundar en una mejora significativa de las condiciones de crédito, señala Zapatero, que asegura estar velando por la efectiva llegada a las familias y a las empresas de los nuevos flujos de liquidez, tal como han acordado todos los gobiernos de la UE en la reciente Cumbre.
Los últimos datos del Banco de España confirman la brusca disminución del flujo efectivo, es decir, lo que llega realmente a los agentes económicos para nuevas operaciones: un 50% en octubre, respecto al año anterior. El que se concede a las familias, aumenta a un ritmo del 5’8%, cuando en enero de este año lo hacía al 12’9%: esa tasa es la menor de las series históricas que publica el banco central (en 1995, que es el precedente más cercano de una recesión, rozaba el 10%). En el caso de la financiación a empresas la falta de dinero está bloqueando la actividad productiva: se han retirado de la circulación más de 72.000 millones de euros con respecto a 2007.
No obstante -según una información recogida en “El Mundo”-, Rodríguez Zapatero está dispuesto a seguir estimulando la confianza financiera, y para ello, rebajará en exclusiva y con efectos retroactivos (desde enero de 2008), la fiscalidad de los grandes accionistas de los bancos y sus altos ejecutivos, cuya tributación pasará del 43% al 18% por las rentas de capital recibidas de sus propias entidades.
hechos significativos
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El presidente de la SGAE, Teddy Bautista, pide al Gobierno que devuelva “el orden a internet”.
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China advierte a EE.UU. que no comprará indefinidamente su deuda pública.
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El Pentágono ya está preparando la clausura de Guantánamo.
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Basilio Aguilar
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Dr. Jekyll y Mr. Hyde (foto: lerble)
El señor Hyde es un mal lanzador de zapatos. Lo cierto es que no es diestro en casi nada, siempre actúa con excesivo ímpetu, muy atropelladamente. La acción libre tiene sus desventajas y esta es una, se encuentra demasiado cerca de los sentimientos primarios. Aunque suyo es el privilegio de trazar nuevas rutas en el mundo, no está en su poder organizarse espontánea coherente y pacíficamente.
La libertad de acción, a diferencia de la acción libre, es metódica y suele actuar con la habilidad que produce la dedicación serena. La sociedad civil, que es el lugar natural de la acción libre, sólo puede darse a sí misma una libertad de acción general a través del Estado. En el todo social lo oculto y salvaje es la sociedad civil; el Estado es la voz coherente y clara del doctor Jekyll y no cabe duda de que si el zapato volador hubiera sido suyo, de ninguna manera habría errado el blanco.
Precisamente porque la vida de Mr. Hyde es convulsa y en muchas ocasiones se encuentra dominada por el temor, la duda y la locura, los individuos que componen su personalidad, cada uno de nosotros, ha desarrollado una aguda pasión de Estado, que los más superficiales –ignorando su componente administrativo- reducen positivamente a firmeza en la acción del poder ejecutivo y los más ilusos negativamente a un ente represivo y susceptible de mengua planificada o de aniquilación, como si su existencia –ajena a la voluntad particular de los individuos- no fuese condición previa de la propia política.
Sin embargo, que la única voz coherente o que la acción más eficaz de la sociedad civil sea precisamente la que tiene como intermediario al Estado, no debe hacernos olvidar la monstruosidad que ha supuesto intentar estatalizarla y, sobre todo, la vileza que cometen quienes, diciéndose parte de ella, se estatalizan para dominarla. No hay contradicción en reconocer a un mismo tiempo el poder civilizador del Estado y la necesidad política de civilizarlo.
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Óscar
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A peor
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Todos los expertos en economía, tras profundas reflexiones, creen haber descubierto la causa última de que la crisis depresiva de la actividad crediticia en la banca, y de la contracción de la demanda, sea impermeable a las grandes medidas estatales de estímulo. Satisfechos de haber diagnosticado la naturaleza de la enfermedad, una crisis de confianza, no son conscientes de que la desconfianza social está producida por algo distinto de la falta de confianza, y que ese algo no se cura con dotaciones de dinero, a no ser que la desconfianza general provenga de la particular falta de confianza en sí mismo del capital financiero, asustado de asumir las consecuencias de sus propias acciones. Susto compartido por los gobiernos, en contraste con su frialdad ante la extensión de la crisis al capital industrial. ¿Había duda sobre la hegemonía política de las finanzas?
Los expertos confunden la causa particular de la crisis con la de sus efectos universales. Si el origen está en la burbuja financiera fabricada por la banca, dando créditos hipotecarios superiores al valor de lo hipotecado, y en la especulación delictiva, con valores bursátiles de los fondos de inversión, lo coherente sería que se dejara caer al sector inmobiliario y al especulativo, y que los gobiernos atajaran con rapidez la extensión de la situación crítica a los sectores de producción y consumo no implicados en las acciones fraudulentas que la han provocado. Los bancos han paralizado el interbancario porque sospechan que todos están repletos de activos dañados. Y no prestan a sus clientes habituales por miedo a quedarse sin recursos ante una morosidad extraordinaria que los arrastraría a la bancarrota. Así, es lógico que la crisis empeore y se prolongue.
El director gerente del FMI, Strauss-Khan, dijo ayer en Madrid que los gobiernos del G-20 “parecen ahora más reacios a aplicar políticas con las que estaban de acuerdo cuando estaban juntos en Washington”, y que las medidas adoptadas están “mal inspiradas en cuanto a su diseño y dudosas en cuanto a su implantación”, por lo que la recuperación en 2010 dependerá de que “los Gobiernos actúen con más contundencia”. Este hombre inteligente sabe más de lo que dice. Pues si pide “pisar el acelerador del gasto fiscal”, sin que se corrija la inspiración del diseño, la crisis continuará agravándose, sin que ningún experto pueda divisar el horizonte donde comience a declinar, a no ser que la interrumpa una gran crisis política.
florilegio
"Si los gobernados no son dueños de los gobiernos, es iluso que éstos se revuelvan contra sus sostenedores. Desconfiad de la esperanza misma."
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Antonio GarcÃa-Trevijano
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