Año II, n° 289, lunes 6 de septiembre de 2010
Aviso a navegantes

Tras la bajada de la calificación de la deuda de Grecia hasta niveles cercanos a los “bonos basura” por parte de la agencia Fitch, debido a la falta de disciplina fiscal (déficit cercano al 13% y deuda viva del 135% del PIB) y a la precariedad de una economía altamente subvencionada, otra agencia, Standard & Poor, se descuelga con una rebaja de su perspectiva sobre la deuda pública española de "estable" a "negativa", anuncio que precede a una rebaja en el “rating” de España (*). Esta agencia justifica su decisión en la velocidad de crecimiento del déficit público y de la deuda en circulación del Estado, de varios de sus Organismos dependientes, de las Comunidades Autónomas y de algunos Municipios (61,5% del PIB en su conjunto, según el Banco de España), junto con el excesivo endeudamiento del sector privado (el 180% del PIB, según González-Páramo, miembro del Banco Central Europeo), que hace sospechar que será difícil generar los recursos necesarios para pagar sus costes (32.000 M€ prevé el Estado para el año 2010, mucho más que toda la financiación prevista en la ley de economía sostenible hasta 2020).

 

Este tipo de noticias no suele suponer una preocupación inmediata para los ciudadanos, pero ha desembocado en un auténtico terremoto en la clase política cuyos miembros han reaccionado descalificando o minusvalorando al mensajero por un lado, o atizando a los gestores responsables del desaguisado por otro. Todo ello pone de manifiesto que el paraguas del euro no salva a nadie de la quiebra si no se ponen en práctica medidas económicas adecuadas y que, por absurdo que parezca, el diferencial de tipos de interés entre miembros de la Unión Monetaria se incrementa (debería ser cero). Y ambos aspectos afectan a nuestro país, dependiente en una gran parte de la financiación exterior, que verá agravados inmediatamente sus costes financieros: emisiones con mayores intereses que los demás, cotización a la baja de la deuda española en circulación y aumento de los seguros ligados a su amortización.

 

Además, circulan comentarios e historias en algunos periódicos influyentes a nivel internacional sobre la situación económica de los “flying pigs” (Portugal, Italy, Greece, Spain) y los excesos de sus economías subvencionadas, sobre el alto desempleo español y la gran influencia que tienen en el Gobierno los sectores económicos más inmovilistas. En fin, una vez más ocurre lo que George A. Akerlof y Robert Shiller, siguiendo la estela de John M. Keynes, han puesto de manifiesto en el brillante ensayo “Animals Spirits”: la gran importancia que tienen la confianza (credibilidad e informes de agencias especializadas), la equidad (el ingente desempleo), las historias (los artículos de la prensa sobre España), la corrupción y la mala fe (la forma de conseguir las subvenciones) de los agentes económicos.

Lorenzo Alonso
  
 
Monsieur Flaubert

En una película de Claude Chabrol, uno de los personajes atribuye a Flaubert la siguiente frase: “Toda la mañana para poner una coma, y toda la tarde para quitarla”. Es de sobra conocida la angustiosa reverencia con la que el novelista se acercaba al folio en blanco y la incansable pugna que mantenía con la escritura para extraer de ésta los frutos y acentos más adecuados. Pero aparte de ese obsesivo afán de precisión que le hacía recaer en la neurosis, Flaubert (sobre todo cuando abandona el lirismo que impregna obras como La tentación de San Antonio) llega a ser uno de los mejores exploradores de esos dominios de la experiencia humana a los que no presta atención la filosofía ni la historia, y que tampoco son interpretados por la sociología o la psicología; esos territorios de la realidad que sólo pueden transitarse a través de la novela.

 

Flaubert reconocía que Madame Bovary había tenido mucha mejor acogida entre los lectores que La educación sentimental debido a que el público reclama a una novela que le dé la ilusión de la realidad, y no, que le haga caer en la cuenta de que la realidad es una ilusión. En efecto, Emma Bovary sueña con la vida mientras Fredéric sueña su vida. Pero donde Flaubert aplica de forma radical la desdramatización de la intriga que llevó a cabo en La educación sentimental (y que tanta influencia tendría en la narrativa del siglo XX) es en la inacabada Bouvard y Pécuchet.

 

Bouvard y Pécuchet abordan distintas disciplinas y recorren diversos conocimientos con insaciable voracidad y una continua voluntad de verificar su exactitud en la práctica. Después de haber fracasado en la agricultura, la jardinería y la fabricación de conservas, los dos amigos comprenden la necesidad de estudiar las ciencias y de emprender, en general, un frenético examen del saber humano. Empiezan por la química y van pasando de las teorías de la evolución a la metafísica, de la geología y fisiología a la religión, etc., experimentando las desilusiones que esperan a los voluntariosos y mediocres aficionados. Del entusiasmo al aburrimiento y de la esperanza a la tristeza, del ensueño de potencia creadora a la realidad del desorden y ruina que los envuelve, los dos hombres acaban confesándose el deseo de volver a ser copistas.

 

Esta novela sobre la degradación del conocimiento y la inanidad del esfuerzo humano muestra cómo tras la sacralización de una ciencia y una tecnología (respecto al infinito número de disciplinas que no entran en su área, los especialistas que pululan en nuestros tiempos no difieren de los idiotas-legos Bouvard y Pecúchet) que no cesan de intentar mejorar nuestras vidas, abre sus fauces la devastación. Así pues, la novela que Flaubert no alcanzó a terminar concluye con   el   alivio  y   la   satisfacción  de  los  dos

Rafael Serrano
  
 
Nueva aristocracia

En virtud de la Ley de Memoria Histórica, el Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ha propuesto al Rey Juan Carlos no renovar los títulos nobiliarios concedidos por al anterior Jefe de Estado, Francisco Franco. En opinión de la Asociación para la recuperación de la memoria histórica (ARMH) es “incomprensible que una democracia siga renovando un reconocimiento creado en honor de quienes destruyeron y secuestraron la democracia en este país durante cuarenta años y cuyos méritos fueron su despiadado e inhumano ejercicio de la represión militar contra civiles”.

 

La caja de Pandora se abrió a principios del pasado año, a raíz de que el anterior ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, firmara una Orden Ministerial concediendo Real Carta de sucesión en el título Duque de Mola, que al ser ducado pertenece a los Grandes de España. La ARMH solicitó al Gobierno la retirada del los títulos nobiliarios concedidos a la familia Mola y a la titular de otro ducado, el del general Dávila, así como una serie de ellos otorgados por el dictador a generales, empresarios, políticos incondicionales, altos cargos de la dictadura y amigos con los que había formado el General su propia corte aristocrática. Incluso, sintiéndose verdadero Monarca, concedió a su sucesor el título de Rey. Todos ellos con sus correspondientes beneficios. La ARMH no ha solicitado la retirada de este último título ni los otorgados a partir de 1975, como los concedidos a la viuda e hija del dictador, también Grandes de España.

 

La nobleza o aristocracia fue abolida en la Constitución de la II República Española por ser algo caduco, proveniente del medievo o Antiguo Régimen. El general Franco la restauró al finalizar la guerra Civil en beneficio propio. La ARMH, baluarte del partido en el Poder que sustenta a la Monarquía, colabora con estos hechos para continuar confundiendo y mintiendo a los españoles haciéndoles creer que antes vivíamos en una dictadura y ahora vivimos en democracia, aunque lo cierto es que esta continúa secuestrada. Su participación es importante y está dirigida a la desmemoria, tergiversación, desaparición y ocultación de la verdadera Memoria Histórica. Hoy la Monarquía de Partidos ya no necesita parte de la corte creada por el franquismo. Desde la ascensión al trono, por gracia de Franco, del Rey Juan Carlos I comenzó a crear su propia aristocracia siguiendo los mismos criterios que el dictador.

 

El último título concedido, el del Marquesado de O´Shea a la esposa de D. Emilio Botín, convierte al banquero en marqués consorte. De este tipo de personas está compuesta la nueva corte de nobles del representativo Rey y, como consecuencia, de la Monarquía de partidos. La ARMH contribuirá a borrar de la memoria   de   los   españoles   la  aristocracia

Consuelo Galán
  
 

Star wars (foto: Wyckthöor)

 

El fundador de la psicología analítica y forjador del concepto de inconsciente colectivo, consideraba que el hombre ha vivido siempre en el mito, es decir, en relación permanente con lo que nos ha precedido: el linaje espiritual y biológico de la especie. El apartamiento de los mitos, -desde la tabula rasa del presente-, por parte de aquellos que los ven como cosas sobrepasadas o inútiles, conduce, según el dictamen de Jung, al desequilibrio anímico que origina la mayor parte de los trastornos. Así, siendo necesaria la conexión con la tradición, cortar con ella, nos mutila y deforma; las hecatombes y los sacrificios absurdos llevados a cabo por los hombres en el curso de su historia tendrían, como causa primera, esta ignorancia del pasado.

 

Si Freud señalaba la existencia de un subconsciente personal donde se encierran los traumas y represiones individuales, Jung nos hace reparar en una especie de memoria común de las experiencias repetidas de un conjunto de seres humanos, donde determinadas imágenes primordiales se activan inconscientemente (con la fuerza de una imaginación instintiva) en situaciones clave.

 

Un seguidor de Jung, Joseph Campbell, interesado en los arquetipos de los que se nutre la mitología, escribe “El héroe de las mili caras”: esencial fuente de inspiración para George Lucas. Este libro desentraña los viajes de iniciación que emprenden héroes de variopinta condición (Cenicienta, Parsifal), formulando sus distintas etapas, desde la inicial que consiste en una llamada sorprendente que los saca de su mundo habitual hasta la última fase del viaje, en la que vuelven (cambiados tras superar duras pruebas) a su punto de partida, para desempeñar el papel de bienhechor, pasando por aquella en la que deben luchar con el dragón y matarlo, como Sigfrido. Luke Skywalker, atendiendo a la llamada de socorro de la princesa Leia y conducido por el viejo maestro Obi-Wan Kenobi, comprenderá que su enfrentamiento con el Imperio conlleva vencer a Lord Vader, es decir, matar al padre que, en su obsesión de mantener la paz y el orden –y en última instancia, asegurar la felicidad o la ausencia de dolor- a través del terror, ha olvidado que “las cosas que principian con el mal, sólo se afianzan con el mal” (“Macbeth”).

Jung también afirmaba que poco importa lo que la gente piense acerca de la experiencia religiosa puesto que los creyentes sienten que poseen el inmenso tesoro de algo que los ha dotado de una fuente de vida, de significación y de belleza, y que hace resplandecer al mundo. El misticismo de los caballeros jedi, con sus ropajes medievales y sus espadas lumínicas, semeja el de una orden de monjes-guerreros, y las constantes alusiones a una fuerza con un lado oscuro o “reverso tenebroso”, tienen relación con los elementos esotéricos de la tradición hermética: la fuerza (o el éter) es neutra, es decir, magia blanca si se usa con altruismo, y negra, cuando se conjura con fines mezquinos.

 

Han Solo constituye el arquetipo de aventurero y rebelde individualista: para ser revolucionario hay que creer aún en algo donde parece que ya no hay nada en lo que creer. Sólo hay una libertad para el personaje que encarna Harrison Ford, “mi poder”, y una verdad, “el espléndido egoísmo de las estrellas”, o como decía el apóstol del “yo único” (Stirner), el bien es aquello que puedo utilizar. En principio, este simpático granuja sólo acepta ayudar a los enemigos del Imperio a cambio de una fabulosa recompensa, pero finalmente se redimirá combatiendo incansablemente por la libertad de todos los demás, y en ello tendrá mucho que ver la ilusión de amor que ha despertado en su indomable corazón la princesa Leia. Cesare Pavese, al igual que Stendhal, veía en el amor una ficción de la que no podemos prescindir (o un error necesario), ya que en la selva de egoísmo donde se desarrollan nuestras vidas, aunque el ego aislado no deja de sufrir, el goce amoroso tampoco deja de ser un anestésico. “Es posible no pensar en las mujeres, exactamente igual que es posible no pensar en la muerte”, concluía Pavese.

 

Si los extraterrestres y sus platillos no fuesen más que la proyección psicológica de nuestras inquietudes actuales y de nuestro deseo de hallar una solución fuera de nosotros, la idea del bien y el mal seguiría estando ligada a ellos, como a toda manifestación de lo humano. A años luz de nuestro minúsculo planeta, pero con arquetipos universales, la mítica Star Wars posee una inmensa fuerza de atracción.

Rafael Serrano
  
 
Desconsuelo ciudadano

Ningún régimen político puede mantenerse mediante la fuerza bruta o sus formas jurídicas de expresión. Aunque todo Estado, por definición, es de Derecho, la ley, esa opinión coercitiva del grupo social preponderante, no garantiza la servidumbre voluntaria sin el concurso de la creencia colectiva en la “superioridad”, o al menos, en la utilidad de los poderosos establecidos. El Gobierno, como instrumento de canalización de la fuerza estatal, fija la dominación social. Y la hegemonía cultural, organizando las creencias de la sociedad civil, ordena la obediencia generalizada.

 

Las elecciones definen una hegemonía política que, por la naturaleza de las cosas oligárquicas, se separa de la autonomía de la sociedad civil y se incrusta en la pura fuerza del Estado. Si la creencia colectiva en la superioridad intelectual y moral no acompaña a la hegemonía electoral del partido estatal vencedor, éste tendrá poder para dominar a la sociedad, pero no la capacidad de dirigirla. Un gobierno, entonces, con potestad pero sin autoridad, tiene que recurrir a medios represivos de la inteligencia y de la verdad (propaganda y manipulación mediáticas a mansalva) que le den, con el temor, la aquiescencia que la amable confianza en la hegemonía cultural no le puede otorgar.

 

La situación política del momento español está marcada por una profunda crisis de confianza moral e intelectual de la sociedad civil en el grupo de profesionales del poder que ha ganado las últimas elecciones. Esta crisis de la hegemonía cultural limita las tareas del gobierno a la inercia burocrática y a las faenas represivas del Estado, y a empeñarse en demostrar que los que ambicionan el Ejecutivo, desde la otra orilla estatal, no merecen la confianza que se le niega al partido gubernamental.

 

Entrevistado por sus periodistas de cámara, el presidente ha confirmado que no es ningún consuelo que nadie viese venir la crisis, aunque él siguió sin verla cuando ya la teníamos encima. Zapatero, pues, aspira a durar (hasta que pueda cederle el poder en las mejores condiciones posibles a uno de sus compadres) no ya porque se crea el mejor sino porque está convencido de su habilidad para retener la hegemonía negativa, extendiendo la creencia de que en todas partes y partidos reinan la imprevisión y la incompetencia. El mal de muchos no ofrece el menor consuelo a unos ciudadanos a los que se toma por tontos, pero puede convertirse en un premio redoblado para los gobernantes listos.

 
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