Año II, n° 289, lunes 6 de septiembre de 2010
Intelectualidad lanar

Insignes representantes de la zafiedad cinematográfica y literaria (Pedro Almodóvar, Almudena Grandes) que domina el panorama cultural español han tomado la heroica decisión de encerrarse indefinidamente en una Facultad de la Complutense para forzar la exculpación de Garzón. Aunque la fama sea humo, sus vapores son incienso para la mente de estos personajes.

 

Unos de los rasgos más llamativos de las últimas décadas es la ausencia de personas e instituciones creadoras de opinión pública autónoma. El consenso ha ejercido una verdadera dictadura de opinión de la clase gobernante sobre la acomodaticia clase dirigente y los sumisos gobernados. La disidencia intelectual no ha tenido acceso a los cauces sociales de expresión. Todo lo que va más allá del asesoramiento al poder, constituye terrorismo intelectual, amargura personal o, en el mejor de los tratamientos, piadosa utopía.

 

Este sombrío panorama, producto del oportunismo pequeño-burgués de la reforma intransitiva y de la deserción, impide, en este momento de crisis política y económica, la manifestación pública de una opinión autorizada de sensatez y de veracidad que oriente las conciencias individuales y frene la hipócrita mendacidad de la opinión oficial.

 

La clase intelectual, integrada en la clase gobernante o dirigente, tiene en España mucho más poder, pero menos prestigio, que en los demás países europeos. No constituye una verdadera élite. Sus conocimientos, más vastos, o más precisos, no están al servicio de un espíritu inventivo, o de una visión crítica, pero sí al de sentimientos primitivos de seguridad y de miedo que facilitan y promueven la identificación de las masas con la clase gobernante que las engaña.

 

Hoy en día, la tierra de la Libertad política es como la de la verdad, apenas una isla “rodeada por un océano borrascoso, verdadero reino de la ilusión, donde algunas nieblas y algunos hielos que se deshacen prontamente producen la apariencia de nuevas tierras y engañan una y otra vez con vanas esperanzas al navegante ansioso de descubrimientos, llevándolo a aventuras que nunca es capaz de abandonar, pero que tampoco puede concluir jamás” (Kant). Y aunque el paisaje mediático está poblado de bufones cuyos cascabeles no dejan de tintinear, no hay ninguno como el que aparece en “El Rey Lear”: “me quieren azotar por decir la verdad, tú quieres azotarme si miento, y a veces soy azotado por guardar silencio”.

Rafael Serrano
  
 
Memoria selectiva

Defender el ejercicio imaginativo del Derecho garzonita para hacer memoria olvidando la trayectoria personal y profesional inmediata del personaje, supone una paradoja hipócrita tan sólo comparable con la ausencia de enjuiciamiento por el Magistrado estrella de los protagonistas de la transición como cooperadores necesarios en la causa contra el franquismo que abrió en su Juzgado.

 

Todo se habla como si fuera nuevo. Parece que los males de Garzón y su acumulación de procesamientos fueran consecuencia de una valiente actitud contra las injusticias de un pasado cuyas cuentas pretende saldar, víctima así de la confabulación del fascio redivivo. Como si el retrato de Garzón como el anti-juez se forjara sólo tras incoar el sumario que acarrea la primera de sus tres imputaciones.

 

Incomprensiblemente nadie recuerda que antes de la actualidad procesal de Garzón como imputado, hace ya muchos años, D. Baltasar fue un Juez que se hizo político, y que tras negársele el Ministerio de Justicia que reclamaba para controlarla, volvió al Juzgado para ejecutar su venganza usando datos que previamente le constaban que incriminaban en gravísimos delitos a la cúpula del partido en el cuya lista se integró, y que guardó deliberadamente en el cajón de su negociado a expensas del resultado de satisfacción de sus ambiciones personales.

 

Por aquellos años, D. Baltasar fue coartada e instrumento en el Tribunal Supremo del empresario más poderoso de España para acusar al abogado D. Antonio García-Trevijano, a los fiscales D. Ignacio Gordillo y Dña. María Dolores Márquez de Prado, y a sus compañeros de estrado y puñetas D. Joaquín Navarro y D. Javier Gómez de Liaño de conspirar para meter a Polanco en la cárcel. La broma le costó a éste último la expulsión de la carrera judicial por el mismo delito que ahora triplemente se imputa a Garzón, sin que nadie moviera una ceja. De nada le sirvió a D. Javier que en el año 2.008 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reconociera la parcialidad de su enjuiciamiento y la injusticia de su condena.

 

El pollo ha engordado tanto que la rama que le aguantaba se ha roto. Una arrogancia judicial sin límite que jugó con el fuego de la política creando corrientes de interés en las que nadó según la coyuntura, pero que también sembró rencores imborrables con muy buena “memoria histórica”, aún reciente.

Pedro M. González
  
 
La atmósfera del régimen

A lo largo de las últimas décadas, numerosos servidores del Estado de partidos han desfilado por la pasarela de la corrupción. La propaganda del Régimen siempre ha destacado que tales casos son fenómenos individuales que obedecen a la naturaleza irremediablemente imperfecta del ser humano, pero que bajo ningún concepto mancillan la inmaculada sacralidad de las instituciones vigentes, como si éstas no hicieran posible (ausencia de controles y vigilancias) y hasta deseable (garantía de la impunidad) revolcarse en el albañal de la corrupción.

 

Mientras las recalcitrantes líneas editoriales de El País y El Mundo han considerado que las corruptelas que no paran de manar son extrínsecas a unas instituciones en cuya estructura y funcionamiento siguen sin advertir vicios (no ocultos sino bien visibles), sus brigadas de investigación han puesto de relieve -conforme a los intereses de cada uno de esos medios de confusión masiva- la financiación ilegal de los partidos y el enjambre de autoridades (desde la de mayor rango estatal a la concejalía más modesta del reino, en una sociedad política tan amplia y nutrida merced a la artificiosa multiplicación de instancias públicas) que han libado en el florido campo de la corrupción. Últimamente, los contenedores mediáticos más alejados (La Gaceta y Público) vierten sospechas de enriquecimiento ilícito sobre el presidente del Congreso de los diputados cebrados.

 

Pero, por fin, la esperanza española del liberalismo estatal ha dado involuntariamente con la fórmula exacta del régimen que ambiciona presidir: “La corrupción es algo consustancial a las instituciones”, es decir, la señora Aguirre pone a sus seguidores en la tesitura de comprender la naturaleza institucional, y por tanto, irreversible, de la corrupción. Esta castiza Dama de Hierro dice que “lo importante no es que se produzca, sino lo que se hace para evitarla”: pues como no se hace nada efectivo, resulta inevitable.

 

La mentira pública (ahormada en las grandes cocinas mediáticas) de una oligarquía de partidos que se presenta con la máscara de la democracia, se ha convertido en el modo de ser normal en el que han crecido las nuevas generaciones, escépticas y desesperanzadas. El encanallamiento y la desmoralización de la vida española que han extendido los partidos estatales, junto a una crisis económica cuyos efectos han sido agudizados por la incompetencia, la demagogia y la imprevisión de unos gobernantes ajenos a los intereses de los gobernados, han creado una atmósfera mefítica, que empieza a ser insoportable para un número creciente de españoles cuyo espíritu de veracidad reclama la Libertad política.

Rafael Serrano
  
 
Orgía monetaria

En una larga noche los dirigentes de la Unión Europea (UE) han aprobado un paquete financiero que ronda los 750.000 millones de euros (M€) para combatir a la “manada de lobos” (según el ministro de Finanzas de Suecia) que estaban atacando al euro. Inmediatamente unos cuantos bancos centrales de la UE comenzaron a comprar bonos de Portugal, Irlanda, Grecia y España (los PIGS) -como primer contraataque-, a los que se ha unido el mismo Banco Central Europeo (BCE), cuyo presidente había dicho públicamente pocos días antes que eso no lo haría, porque no estaba facultado para ello: ahora parece que sí. Para rematar la fiesta la misma Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) también se van a unir a esta orgía monetaria. Han tardado más de dos años en llevar a cabo la misma operación que realizaron la Reserva Federal (FED) y el Tesoro de Estados Unidos. Europa siempre va a remolque de la realidad, y sus dirigentes, cargados de información, que no de conocimiento, como los idiotas de Homero, se “instruyen con el acontecimiento”.

 

No nos engañemos, los números aprobados cantan, solamente hace falta sumar las necesidades financieras de los PIGS a corto y medio plazo. El Estado español preveía emitir más de 200.000 M€ en títulos de Deuda Pública, Grecia necesita 330.000 M€, para Portugal se estiman otros 140.000 M€, etc. etc. Y España ¿Dónde pensaba colocar sus papeletas? ¿En las instituciones financieras interiores, llenas de papelitos inmobiliarios, papeletas soberanas y papelones derivados? ¿En el exterior, donde los “animals spirits” intuyen los comportamientos?

 

La semana pasada nos atosigaron con declaraciones oficiales llenas de insultos hacia los especuladores, incluso algún “Fiscal general” (o muy particular) llegó a proponer como delito económico dicho comportamiento; y nos aseguraron que no reducirían los gastos para no hipotecar la recuperación económica. Ayer por un lado la Bolsa subió un 14,43%, más que toda la bajada de la semana anterior (la mayor subida de la historia en solo día); y por el otro los representantes españoles aceptaron sin rechistar reducir el déficit cuanto les pedían. Ahora callan ante estos especuladores, no los demonizan, quizás estos lobos son de los suyos; y aceptan las indicaciones de los consejeros europeos porque en definitiva son sus acreedores, que tarde o temprano exigirán su dinero.

 

Esta ingente transfusión monetaria solo servirá para que el enfermo pueda respirar durante un tiempo, ya que el cáncer toca todos sus órganos vitales, que hemos ido mostrando en partes sucesivos. Y en las próximas semanas nos harán una visita los cirujanos del FMI, bajo la atenta mirada de Alemania y Francia.

Lorenzo Alonso
  
 
El judío internacional

El judío internacional (un problema del mundo)” fue publicado por el empresario norteamericano Henry Ford en 1.920. Se trata de un extenso libro de cuatro volúmenes, traducido a seis idiomas, que tuvo gran repercusión y fue ampliamente distribuido entre los nazis, causando las delicias del propio Adolf Hitler, quien lo utilizó como una de sus fuentes de inspiración para escribir “Mi lucha”. Ford y Hitler se admiraron mutuamente y se coaligaron financiera, operativa e ideológicamente al punto de ser aquél el único americano citado en la obra del genocida alemán.

 

Esta obra, junto con “Los protocolos de los sabios de Sión”, argumenta la supuesta trama judía internacional para controlar finanzas y política mundiales, en conspiración invisible permanente, con el fin último de hacerse con el mundo. De ahí la justificación de su eliminación. Nariz aguileña, cara arrugada coronada por la “kipá”, mirada lasciva y manos huesudas abalanzándose sobre un globo terráqueo, eran su retrato aterrador, que ocultaba sacrificios humanos y rituales arcanos.

 

Hoy la caricatura es otra. Nariz porcina bajo sombrero de copa y panza embutida en chaqué con pantalones a rayas. La sinarquía financiera, tan abstracta como peligrosa en conjura internacional para acabar con nosotros y quitar el pan a los niños de la boca. El propio Fiscal General del Estado D. Cándido Conde-Pumpido nos advierte al denunciar la conjura de “formas de criminalidad económica internacional” consistentes en coordinados “ataques especulativos” extranjeros contra el euro y las finanzas europeas. Mientras, la legislación patria de la que es valedor público, privilegia el depósito bancario con coeficientes de caja que serían constitutivos de delito de estafa de realizarse entre particulares, y permite el préstamo especulativo sin referencia a valor estable alguno, multiplicando la inflación monetaria de papel hueco, que recae luego en los estratos sociales más humildes.

 

Es la imagen de la hipocresía y la cómoda crítica facilona y abstracta a “la banca”, como ente colectivo casi espiritual. Mientras, se patrocina muy concretamente el privilegio de los banqueros por razón de su negocio, llegando a la subvención y al escandaloso aseguramiento estatal “antiquiebra”, regalando el dinero del contribuyente al poderoso cuando el negocio va mal fruto del latrocinio o de la incapacidad, en una especie de Robin Hood invertido.

Pedro M. González
  
 
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