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Yo quiero mucho a este partido… Rubalcaba declarándose al PSOE.
Nuevas revelaciones. Lo importante en el querer no es el objeto sino la intensidad. Nadie podrá decir ya que un partido es menos digno de sentimiento (tan dulce) que un hijo, la cónyuge o la mismísima música de Mahler.
Debemos entender que la inteligencia es poner los medios oportunos para lograr los fines que pretendemos. Tal afirmación parece estar lejos de discusión alguna. La construcción de instituciones democráticas hemos de verlas con la perspectiva de que han sido pensadas para que la sociedad pueda darse aquellas leyes que quiera darse y elegir y deponer a quienes se ofrezcan para hacerlo. La construcción de instituciones oligárquicas hemos de observarlas desde la misma perspectiva, es decir como artefactos de pensamiento político ideados para que el beneficio y los privilegios sociales, políticos y económicos vayan a parar a aquellos que astutamente consigan integrarse en el sistema ocupando las mejores posiciones.
En un sistema oligárquico, por naturaleza, la astucia ha de ser la cualidad más importante. En cambio, la democracia necesita de la inteligencia y la lucidez para lograr alcanzar los fines que la ambición afirma.
Es por esta razón que las instituciones de la democracia son más inteligentes que las de la oligarquía. Las oligárquicas han de estar siempre con el miedo a ser descubiertas porque su sustento se basa en el engaño; el valor no residirá en el logro que a todas luces se verá sino en el sigiloso comportarse hasta llegar a los callejones del poder. Una persona con estima del propio valor encuentra en la democracia su estímulo, aquella otra que sabe de sí su destreza para ocultarse bajo un disfraz cualquiera comprende que la institución oligárquica le ofrece una buena tapadera.
Desde aquí , desde este promontorio de aire fresco democrático, la peregrina declaración de amor de Rubalcaba resulta coherente con su máscara.
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Intervención de Don Saturnino Aguado en Libertad Constituyente a 8 de febrero de 2012
Me gustaría aportar algo al debate sobre la sostenibilidad del Estado de bienestar desde un punto de vista macroeconómico. Recomiendo un libro de un economista keynesiano, Jeffrey Sachs -profesor mío, por cierto, en la Universidad de Harvard- que se llama “El precio de la civilización”. En este libro, el último que ha publicado, Sachs habla sobre de todo de Estados Unidos -aunque también se refiere a Europa- y plantea que tenemos que pagar un precio.
La sostenibilidad del Estado del bienestar es, al fin y al cabo, un problema de déficit. De diferencia entre gasto (en este caso social) e ingresos. La tesis de Jeffrey Satchs es que todavía queda muchísimo para pagar el precio de una sociedad civilizada, moderna, avanzada, desarrollada, donde hay un gasto social que hay que financiar y, en primera instancia, sólo puede hacerse mediante presión fiscal. Es decir, impuestos.
Nunca me ha quedado muy claro a quién nos referimos cuando hablamos de “los países de nuestro entorno”; si a Marruecos, a Portugal o a nuestro queridísimo vecino del Norte, Francia. Si nos vamos a los datos de la OCDE, en presión fiscal respecto al PIB, Francia nos saca ocho puntos porcentuales de diferencia: España tiene una presión del 37 por ciento y Francia del 45. Lo importante es la diferencia: que un país de nuestro entorno y al que nos queremos parecer nos saca ocho puntos porcentuales de presión fiscal. ¿Qué les permite hacer a los franceses esta presión? Recurrimos de nuevo a los datos de la OCDE, esta vez sobre el gasto social, y comprobamos que nos sacan diez puntos: ellos tienen un 37 por ciento y nosotros un 27.
Tenemos una de las presiones fiscales más bajas de Europa -si bien con la subida de impuestos nos vamos a ir aproximando a los países de nuestro entorno, tipo Francia. Somos un país con muy baja presión fiscal que da para financiar muy poco gasto público.
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Intervención de Jose Luis Escobar en Libertad Constituyente a 8 de febrero de 2012
De las palabras de la consejera catalana Irene Rigau se desprende que hay un interés por inculcar en la mente de los jóvenes el principio del interés catalán en perjuicio del interés estatal. Esta moda comenzó en España hace treinta y tantos años con las ikastolas, que han traído como consecuencia varias generaciones convencidas de que son independientes y que hay un Estado opresor. Cataluña pretende perpetuar esta mentalidad.
¿Qué tipo de país se puede proyectar de aquí a cuarenta o cincuenta años si les educamos a los jóvenes en que lo principal es el interés de su Comunidad Autónoma, aunque para ello vayamos en perjuicio del interés general? Llegamos así, de forma perfectamente coherente, al absurdo del famoso “sudoku” de Solbes para cuadrar las cuentas de las subvenciones a las autonomías. Esto no es gratuito: viene porque todo el mundo está convencido de que lo importante es su Comunidad Autónoma aunque vaya en detrimento del país en general. Consecuencia de todo esto: estamos comprobando que la causa principal del hundimiento económico español es la política autonómica.
Por otro lado hay un derecho del niño que no debe quedar desprotegido, que es el derecho a estudiar en su lengua materna. Que las autoridades de una autonomía declaren públicamente, y sin ninguna consecuencia, que van a obligar a los menores a estudiar en el idioma que ellos digan va en contra de los propios derechos del menor.
Yo les recordaría el artículo 155 de la Constitución que viene a decir que, en el supuesto de que una autonomía incumpliera los derechos y obligaciones derivadas de las leyes, el presidente del Gobierno puede obligar a la autonomía a cumplir la Ley.
Fotografía de castellers de Barcelona

