f Por costumbre

 

Año IV, n° 557, martes 3 de enero de 2012
servidumbre voluntaria
Antonio Muñoz Ballesta
  
Por costumbre


Cayuco / Miguel Aguilar

Entre las causas de la servidumbre voluntaria de los súbditos del Estado de partidos está el hábito. El joven De La Boétie lo expresó en el siglo XVI: "No cabe duda de que la Naturaleza nos dirige allá donde quiere, favorable o desfavorablemente, pero debe admitirse que tiene menos poder sobre nosotros que la costumbre".

 

Mariano Rajoy propone que los inmigrantes se comprometan, mediante un contrato de integración, a "cumplir las leyes, aprender la lengua y respetar las costumbres de los españoles”. Pero el contrato, por definición neg-ocio jurídico bi-lateral, tiene también una referencia “consuetudinaria” en la que nadie ha reparado: el Estado español se comprometerá “a respetar sus creencias y costumbres (de los inmigrantes), siempre que éstas últimas no sean contrarias a la leyes españolas.

 

Es evidente que un Estado civilizado se rige por leyes generales -incluida la Fundamental- que afectan a todos y que toda persona que viva en él debe (legalmente) respetarlas. Pero no puede haber ley legítima que obligue a observar una costumbre, salvo que dicha costumbre sea “elevada” a rango de ley. ¡Piensan convertir en ley todas las costumbres españolas?

 

Las dos cláusulas del mencionado contrato manifiestan la pérdida del sentido de la Ley en nuestra nación, lo que sí ha llegado a ser una costumbre. Si el inmigrante es una persona libre, y lo es, deberá respetar la Ley del Estado en el que se encuentre. No se le puede imponer más obligacion “jurídica” porque el inmigrante es parte de la sociedad civil.

 

¡Ah!, ¿pero es que hay sociedad civil en España? Escasa y débil, pero la hay. Ninguna sociedad verdaderamente democrática puede imponer obligaciones morales, ni costumbre local o nacional  alguna,  a un miembro de la sociedad civil.

 

El subconsciente traiciona a los políticos: ¿quería decir realmente el señor Rajoy que el inmigrante debe respetar la costumbre de votar sin elegir a su representante político, aceptar la falta de división de poderes y la imposibilidad, ya tradicional, de no poder intervenir en la "sucesión" del Jefe del Estado "con el que contrata su integración"?